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Científicos buscan a personas que pudiesen haber estado expuestas al hantavirus en un crucero

Los hantavirus no se propagan fácilmente entre la gente, lo que da a los funcionarios de salud la confianza de que el brote reciente ocurrido en un crucero —y que ha cobrado la vida de tres personas— no se convertirá en una epidemia.

No obstante, deben asegurarse de ello. Por ello, funcionarios de salud de varios países llevan a cabo un rastreo de contactos: intentan identificar y dar seguimiento a personas que quizás entraron en contacto con los pasajeros que enfermaron o fallecieron.

Los hantavirus suelen transmitirse cuando las personas inhalan residuos contaminados provenientes de excrementos de roedores. Si bien los casos en humanos son poco frecuentes, se han documentado pequeños brotes en diversas partes del mundo. Pero el virus de los Andes implicado en el brote del crucero podría transmitirse entre personas en casos excepcionales. Y los virus pueden mutar.

Los científicos intentan aprender más sobre el virus lo más rápido posible, y eso incluye determinar si ha mutado y cómo se propaga exactamente.

¿Qué es el rastreo de contactos?

El objetivo del rastreo de contactos es alertar a las personas que podrían haber estado expuestas, mantenerlas bajo observación en caso de que desarrollen síntomas y evitar que transmitan la enfermedad a otros.

El proceso no es sencillo, dado que los seres humanos somos criaturas sociales y con movilidad, pasamos tiempo con otros, visitamos lugares concurridos y viajamos.

En el brote del crucero se estima que menos de una docena de personas han manifestado algún síntoma, y sólo se han confirmado cinco casos. No obstante, es posible que muchas más hayan estado expuestas.

Decenas de pasajeros potencialmente expuestos ya abandonaron el barco

Unas 140 personas permanecen a bordo del crucero, el cual se dirige hacia las islas Canarias, donde desembarcarán. Hasta el momento no se ha reportado que ninguna se encuentre enferma.

No obstante, las autoridades intentan localizar a las decenas de personas que abandonaron el barco unas dos semanas después de que un pasajero falleciera, pero antes de que las autoridades supieran que un hantavirus era el causante. Estas personas provenían de al menos 12 países diferentes, incluidos varios estados de Estados Unidos —entre ellos Arizona, California, Georgia y Texas—, informaron expertos en enfermedades infecciosas y funcionarios estatales de salud pública.

Distintos países adoptan enfoques diferentes

Las autoridades de Santa Elena —el remoto territorio británico de origen volcánico situado en el Atlántico sur, donde desembarcaron los pasajeros— indicaron que estaban atentas a un pequeño grupo de personas consideradas “contactos de mayor riesgo”. Se les indicó que deben aislarse durante 45 días, informó el gobierno de Santa Elena.

Funcionarios sanitarios británicos refirieron que dos personas —que habían sido pasajeros del barco, pero regresaron a casa en avión a mitad del trayecto— se encuentran en aislamiento autoimpuesto, aunque no presentan síntomas.

La Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido indicó que “un pequeño número” de contactos de esas dos personas también se han aislado por voluntad propia, pero tampoco presentan síntomas.

Las autoridades sanitarias de Singapur reportaron que vigilan a dos hombres que desembarcaron en Santa Elena, viajaron en avión a Sudáfrica y después volvieron a su casa. Los dos —que llegaron a Singapur en momentos distintos— están sometidos a pruebas de detección del hantavirus y permanecen aislados en el Centro Nacional de Enfermedades Infecciosas, informaron las autoridades.

El gobierno de Estados Unidos ha divulgado pocos detalles acerca de las labores de rastreo de contactos que lleva a cabo.

Funcionarios de Texas declararon el jueves que el personal de salud pública de la región logró contactar a las dos personas que abandonaron el buque el 24 de abril, las cuales dicen no experimentar síntomas ni haber tenido contacto con ninguna persona enferma mientras permanecieron a bordo. Ambos prometieron realizarse controles diarios de temperatura y notificar a las autoridades sanitarias ante cualquier indicio de una posible enfermedad.

Las autoridades de Arizona informaron que también dan seguimiento a una persona que desembarcó el 24 de abril. Dicen que no saben con exactitud cuándo llegó dicha persona al estado. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) le notificaron a la agencia de salud estatal el 5 de mayo, según indicaron funcionarios estatales. Fue entonces cuando inició el seguimiento, el cual se extenderá durante 42 días.

Dos ciudadanos canadienses que desembarcaron y se encuentran en Ontario han recibido la recomendación de aislarse desde su regreso a casa, informó el ministro de Salud de esa provincia.

Los científicos intentan comprender mejor el virus de los Andes

Además de rastrear a las personas, los científicos también intentan comprender al patógeno. El virus de los Andes —un miembro de la familia de los hantavirus que se encuentra en Sudamérica— podría ser uno de los raros hantavirus que son capaces de propagarse entre seres humanos. Autoridades de Argentina creen que los primeros casos podrían haber sido contraídos durante un viaje para observar aves en la ciudad sureña de Ushuaia.

El Ministerio de Salud de Argentina aún no ha enviado al equipo, pero científicos del Instituto Malbrán —financiado por el Estado— tenían previsto viajar a Ushuaia “en los próximos días”, según comunicó el ministerio a The Associated Press.

Los científicos analizan la genética del virus para determinar si ha mutado de una manera que lo haga más transmisible.

Además intentan averiguar exactamente cómo se propaga, dijo la doctora Jeanne Marrazzo, directora general de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos. Creen que las personas son contagiosas principalmente cuando presentan síntomas, y que, si el virus se propaga, podría transmitirse a través de pequeñas partículas líquidas expulsadas por una persona infectada al hablar, toser o estornudar.

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Los periodistas de la AP Isabel Debre en Buenos Aires; Gerald Imray en Ciudad del Cabo, Sudáfrica; Rob Gillies en Toronto; Jill Lawless en Londres; Suman Naishadham en Madrid; Susan Montoya Bryan, en Albuquerque, Nuevo México, y Jamie Stengle en Dallas contribuyeron.

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El Departamento de Salud y Ciencia de The Associated Press recibe apoyo del Departamento de Educación Científica del Instituto Médico Howard Hughes y de la Fundación Robert Wood Johnson. La AP es la única responsable de todo el contenido.

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