Carritos de golf en Roma: el auge turístico que va por delante de la ley

Bajo el esplendor de sus monumentos y ruinas, Roma ha puesto la mira en un carruaje moderno: el carrito de golf.
Cientos de ellos han empezado a transportar turistas por el centro histórico. Aun cuando avanzan a una velocidad moderada, estos carritos de golf hasta ahora han ido por delante de la regulación. Pero la ciudad prepara una ofensiva.
Para los críticos, los carritos se han descontrolado, estacionan ilegalmente, agravan la congestión y abren otro nivel de saturación turística. Algunos medios locales recurren a un lenguaje sensacionalista, lo califican de “invasión” y dicen que Roma está “secuestrada por los carritos de golf”.
Los defensores sostienen que los carritos son silenciosos, ocupan menos espacio que las furgonetas y los autobuses turísticos y no contaminan el aire con gases de escape que, además, manchan los monumentos históricos.
The Associated Press probó un poco de esa animadversión durante un paseo a finales de agosto, cuando una furgoneta negra de ocho plazas se puso a la par.
“¡Estás en medio de la carretera!”, gritó su conductor. “¡Muévete!”
“¡Siempre lo mismo! ¡La carretera no es tuya!”, le gritó de vuelta el conductor del carrito de golf. Ambos gesticulaban con rabia con la mano libre, siguiendo una tradición romana de tráfico consagrada por el tiempo.
Carritos como este se deslizan a toda velocidad por los callejones empedrados de Roma, junto a turistas que comen espaguetis a la carbonara en platos sobre manteles de cuadros y tiendas que venden calendarios de curas sexis y bolsas de tela estampadas con clichés (¡Ciao Bella!). Pero no hay tiempo para comprar nada salvo un capuchino o un helado; estos recorridos son incursiones relámpago por los puntos de interés de Roma, al menos hasta que se enfrentan a las autoridades.
Más vale abrocharse el cinturón.
Todos los caminos conducen a Roma, pero buena suerte si quieres aparcar
Ruth Sanderson, de Manchester, Inglaterra, sorprendió a su marido con el tour por su cumpleaños durante su primer viaje a Roma. Podían ver los principales lugares de interés en tres horas y “simplemente pasear sin prisa” el resto de su corta estancia, contó Sanderson, de 50 años.
Su guía rodeó la basílica donde está enterrado el papa Francisco y luego se dirigió a la Plaza de España, donde aparcó en una zona exclusiva para coches compartidos: el primero de varios lugares ilegales que ocupó.
“No tenemos una parada adecuada para carritos de golf, así que aparcamos donde podemos —lo más legal posible—”, les explicó el conductor, Martin Halili.
Incluso antes del auge de los carritos de golf, aparcar era un suplicio. Coches, furgonetas, Vespas y motocicletas se colocan sobre bordillos, pasos de peatones y separaciones entre carriles. Los camiones se ponen en doble fila mientras descargan.
Cualquier hueco libre se reclama en el centro histórico de Roma porque solo están disponibles 4.300 plazas regulares en la calle, aproximadamente una cuarta parte del número de coches que poseen los residentes de la zona, según el responsable de transporte de la ciudad, que citó un estudio de campo realizado el año pasado. Además, entran a diario una media de 50.000 vehículos. No sorprende que algunos residentes estén descontentos.
“Esto fue la gota que colmó el vaso porque, por desgracia, aquí ya hay tráfico desde hace mucho tiempo, ya que existen demasiadas categorías de vehículos autorizados”, declaró a la AP Luigi la Licata, presidente de la asociación vecinal del barrio de Monti. “El carrito de golf es el más evidente —y el más reciente—, pero hay muchos otros”.
Las reservas de carritos de golf este verano crecieron un 147% respecto a 2024, según TripAdvisor, cuya filial Viator es la mayor fuente de pasajeros. Roma tiene hasta 500 carritos, y una quinta parte pertenece a la asociación Metur de operadores turísticos, creada el pasado diciembre para buscar puntos en común con los vecinos y con la ciudad.
“El turismo excesivo es un problema real, y no lo estamos negando. Y quizá también formemos parte de ello en cierto modo. Pero si formamos parte, entonces al menos seamos parte de ello de una manera inteligente”, señaló Pascal van Duijnhoven, presidente de la asociación. “Creemos, especialmente para Roma, que es una solución. Y de verdad esperamos que la gente empiece a verlo así. Pero necesitamos una mano. Necesitamos algo de ayuda de las autoridades”.
Regular los carritos de golf no es tan fácil
El vicealcalde de Roma para movilidad sostenible y transporte, Eugenio Patanè, se esfuerza por restablecer el orden y reducir el tráfico, y no solo el de los carritos de golf.
En julio, los vehículos eléctricos empezaron a pagar por entrar al centro histórico, como ya lo hacían los coches de gasolina: un giro estratégico que pasó de recortar emisiones a combatir la congestión. El número de vehículos autorizados ha bajado alrededor de una cuarta parte, hasta 350.000, y Patanè pretende reducir a la mitad la cifra de entradas diarias.
Pero no ha sido tan sencillo frenar los carritos de golf. Primero, no todos los carritos son iguales; las especificaciones técnicas hacen que algunos entren en las normas existentes mientras otros pueden circular libremente. Segundo, el transporte de pasajeros y los negocios turísticos se regulan a nivel regional, explicó Patanè.
Por eso, pidió a la región que transfiera esa competencia a Roma, y prevé que eso ocurra este mes. Entonces podrá presentar su normativa, que establecería rutas fijas para los recorridos, limitaría el número de carritos de todos los tipos y crearía un sistema para seleccionar a los operadores.
“Las ciudades donde este fenómeno del carrito de golf se está expandiendo realmente tienen muy pocas armas”, afirmó. “Podremos regular este fenómeno que ahora se ha desbocado y, en algunos casos, incluso es preocupante”.
Se avecina un ajuste de cuentas
Los operadores dicen que esas propuestas perjudicarían a su incipiente industria. Mientras tanto, sus carritos ya están siendo frenados.
Las autoridades detuvieron vehículos de asociados de Metur 14 veces en la segunda mitad de agosto, con revisiones de la documentación de los conductores que duraron hasta una hora, indicó van Duijnhoven, y con sanciones incoherentes y severas. Los carritos que presuntamente operan como vehículos de alquiler privado en el mercado negro pueden ser expulsados de las calles durante más de un mes, o a los conductores se les pueden imponer multas de 4.000 euros (4.600 dólares) por ejercer de guía turístico sin licencia.
A una manzana del Panteón, la AP vio a un agente de la policía financiera de Italia inspeccionando los documentos de un carrito que transportaba a una familia de Florida. Durante la parada de media hora, les tomó los documentos de identidad y copió su información. Tres furgonetas cercanas de alquiler privado —también mal estacionadas— no recibían un escrutinio similar.
Halili, quien guio a la pareja de Manchester, dice que los conductores de alquiler privado y los taxistas están molestos con el recién llegado que les quita parte del negocio.
“Nos han declarado la guerra, presentando denuncias y recurso tras recurso, porque son un lobby poderoso”, sostuvo. “Ese es el problema: la han tomado con los carritos de golf”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.






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