Cómo Barcelona facilitó las actividades de Jeffrey Epstein y se convirtió en el “Miami del Mediterráneo”
Londres no es la única ciudad europea mencionada en los archivos de Epstein: un popular destino español también figura. Vecinos señalan que no sorprende, por un submundo donde el dinero y las conexiones lo abren todo, escribe Anna Hart

Entre las revelaciones contenidas en los archivos de Jeffrey Epstein figuran sus presuntos vínculos no solo con Londres, sino también con la ciudad de Barcelona, que habría funcionado como un punto relevante en sus actividades. Así lo sugiere la mención de Daniel Siad, señalado como un colaborador cercano que enviaba a Epstein fotografías, perfiles y detalles de viaje de mujeres jóvenes, lo que habría facilitado contactos bajo la apariencia de “castings de modelos”.
Tanto Jeffrey Epstein como Daniel Siad habrían estado activos en el centro de Barcelona a partir de 2017. Según los documentos, Siad sostuvo que la ciudad ofrecía una base favorable para el reclutamiento, al considerarla “mucho más segura que París”, debido a la despenalización del trabajo sexual, la alta afluencia de turistas y el relativo anonimato. El propio Siad negó haber cometido irregularidades y aseguró que su relación con Epstein se limitó a actividades legítimas dentro del ámbito del modelaje. Epstein, por su parte, visitó la ciudad en múltiples ocasiones después de 2009. Durante esas estancias, se habría alojado en el W Barcelona, frecuentado el Soho House Barcelona y cenado en la terraza del Ohla Barcelona. En 2011, escribió a un amigo: “Estoy en Dubái y todavía puedo oír los suspiros de Barcelona”.
Para algunos residentes y los millones de turistas que llegan a Barcelona atraídos por la arquitectura de Antoni Gaudí, su costa mediterránea y su oferta gastronómica y nocturna, las revelaciones sobre el posible papel de la ciudad en la red de abusos y delitos de Jeffrey Epstein resultaron impactantes. En cambio, entre quienes trabajan con comunidades marginadas, la noticia no generó sorpresa. El caso reactivó un intenso debate sobre el mercado sexual, la trata de personas y el impacto del turismo masivo en la reputación de la ciudad, a la que algunos describen como el “Miami del Mediterráneo”, donde todo puede conseguirse con dinero y contactos.
Como ciudad portuaria, Barcelona ocupa una posición estratégica en el cruce europeo, lo que se refleja en su carácter internacional y diverso. Puerta de entrada al Mediterráneo y a la península ibérica, durante el siglo XX recibió a trabajadores migrantes de Andalucía que llegaron en busca de empleo en el puerto y en la industria. Más tarde, la llegada de personas desde América Latina y otros países del sur global contribuyó a la constante transformación del tejido social de la ciudad.
Hoy, cerca del 25 % de la población de Barcelona nació en el extranjero. Sin embargo, aunque la ciudad, al igual que Londres, mantiene una reputación internacional como un lugar abierto y lleno de oportunidades, existe un aspecto menos documentado: la intersección entre el turismo, la migración y un mercado sexual en expansión. Ese cruce quedó expuesto en los archivos de Jeffrey Epstein, que incluyen cientos de mensajes y correos entre el financiero y mujeres jóvenes —incluidas menores de edad— que estudiaban o buscaban abrirse camino en la industria del modelaje.

Mujeres jóvenes de distintas partes del mundo son trasladadas a la capital catalana, especialmente desde países de Europa del Este como Letonia, Rusia, Bielorrusia, Chequia y Ucrania. Para muchas, Barcelona representaba una oportunidad, con promesas de glamour y una posible carrera en la industria de la moda. Sin embargo, si la ciudad pudo convertirse en un entorno permisivo para sus explotadores, no lo fue —ni lo es— para las víctimas.
España es hoy uno de los mayores mercados de prostitución a nivel global. En 2014, el Instituto Nacional de Estadística (INE) intentó estimar el impacto del comercio sexual y las drogas ilegales en el producto interno bruto (PIB), situándolo en torno a los 11.000 millones de euros. Dos años después, un informe de Naciones Unidas calculó el valor del mercado sexual en unos 3.700 millones de euros.
Las cifras fiables son escasas, pero existe consenso en que, tras la transformación urbana posterior a los Juegos Olímpicos de 1992, el auge del turismo masivo y una regulación municipal ambigua contribuyeron a crear un contexto propicio para la explotación de mujeres.
En términos legales, España despenalizó el trabajo sexual en 1995. En un primer momento, la medida fue considerada progresista y recibió el respaldo de organizaciones humanitarias, académicos y sindicatos del sector. Sin embargo, a medida que Barcelona consolidó su imagen como destino turístico internacional, asociada al ocio, la playa y la vida nocturna, ese contexto también influyó en el desarrollo del turismo sexual.
Al mismo tiempo, los intentos por “ordenar” el centro urbano para los visitantes empujaron a muchas trabajadoras sexuales hacia zonas menos seguras. A ello se sumaron normativas locales más punitivas, inspiradas en enfoques abolicionistas, que situaron el trabajo sexual consensuado en una zona legal ambigua. Como resultado, muchas personas quedaron más expuestas a la explotación y a la marginación.
Las leyes sobre prostitución en España configuran un marco ambiguo, en el que la gestión de burdeles no está plenamente regulada ni prohibida de forma expresa. En la práctica, se penaliza lucrar directamente de la prostitución ajena, una restricción que algunos propietarios eluden al operar bajo licencias de hostelería. En este contexto, Irene Adán, secretaria general del sindicato OTRAS, explicó: “Las políticas municipales suelen justificarse como medidas de ‘convivencia’ o ‘seguridad’, pero en ciudades como Madrid y Barcelona el trasfondo es proteger la imagen urbana en zonas con alta afluencia turística. La prostitución se tolera solo mientras no sea visible”.

Esto provocó un desplazamiento hacia espacios cerrados controlados por terceros, como clubes y apartamentos que operan bajo licencias de hostelería. Al quedar fuera de la vista, estas actividades incrementaron la inseguridad para las trabajadoras sexuales y favorecieron dinámicas más opacas y potencialmente peligrosas. “Cuando el trabajo se desplaza hacia polígonos industriales mal iluminados, carreteras periféricas o queda en manos de intermediarios, el riesgo aumenta”, señaló Adán.
Angeli Martínez* es trabajadora sexual y vive en Barcelona desde hace ocho años, tras emigrar desde Medellín, Colombia. “En términos legales, mi trabajo está permitido, pero la actitud de la policía y de las autoridades locales fortalece a los hombres que vienen aquí en busca de sexo y deja en desventaja a trabajadoras como yo”, afirmó.
“Hay algunas mujeres que ganan mucho dinero con clientes que las contratan por internet o a través de agencias de modelos para servicios en yates u hoteles. Pero la mayoría estamos viendo una caída en lo que los clientes están dispuestos a pagar. Barcelona tiene fama de ser un lugar donde se puede conseguir todo más barato que en sus países de origen, incluido el sexo”.
Esa demanda habría tenido un impacto directo en el aumento de la trata de personas en la ciudad, impulsada por redes criminales organizadas, un fenómeno que ha cobrado mayor visibilidad en los últimos años. En 2023, la Policía Nacional y la Guardia Civil liberaron a 1.466 víctimas de redes de trata y explotación sexual o laboral, entre ellas 18 menores. Según el informe, 294 personas fueron rescatadas de organizaciones dedicadas específicamente a la explotación sexual, tres de ellas menores de edad.
Sin embargo, es importante distinguir entre las víctimas de trata con fines de explotación sexual —personas trasladadas de manera ilegal o mediante coerción y forzadas a ejercer la prostitución— y las trabajadoras sexuales migrantes. Angeli explicó: “Todas las personas que conozco en el sector trabajan en esto porque es la mejor opción que tienen en este momento y planean hacerlo solo por un tiempo, unos pocos años. Pero también escucho casos de mujeres que fueron captadas y obligadas a prostituirse; en su mayoría provienen de Rumanía o Bulgaria y son trasladadas por redes criminales”.
Hoy acuden muchos más hombres jóvenes a los burdeles y actúan como si pudieran comprar servicios sexuales por unos 54 dólares. Esto representa un problema para las trabajadoras sexuales
Otro aspecto poco visibilizado —que los recientes archivos de Jeffrey Epstein pusieron en evidencia— es la cantidad de personas que viajan a Barcelona específicamente en busca de servicios sexuales. Desde que España despenalizó el trabajo sexual en la década de 1990, muchos clientes llegan desde Francia, donde la legislación es más restrictiva.
Uno de los mayores burdeles de Europa, Club Paradise, se encuentra al norte de Barcelona, a pocos kilómetros de la frontera francesa, en La Jonquera. Su antiguo propietario, José Moreno, fue un crítico abierto de la legislación vigente. Tras varios arrestos y un atentado con coche bomba frente al local, falleció hace dos años a los 74, tras una breve enfermedad.
En el otro extremo se encuentran locales de perfil más exclusivo, como Felina, así como servicios que operan en terrazas de hoteles. Muchos trabajadores sexuales en Barcelona anuncian ahora sus servicios en línea, a través de agencias fácilmente localizables, con tarifas que van desde unos 160 dólares por media hora hasta cerca de 5.900 dólares por una noche completa.

“Los peores clientes —cualquiera te lo dirá— son hombres jóvenes de otras partes de España, de Países Bajos, Austria y Alemania. Hoy acuden muchos más hombres muy jóvenes a los burdeles y actúan como si pudieran comprar servicios sexuales por unos 54 dólares. Es un problema para las trabajadoras sexuales, pero también resulta desalentador como reflejo de hacia dónde se dirige la sociedad”.
Javier Moreno*, exgerente de hotel ya retirado, trabajó durante los últimos 20 años en varios establecimientos de cuatro estrellas en Barcelona. “Se habla mucho de la cantidad de turistas, pero no lo suficiente del tipo de turismo que atrae la ciudad”, señaló. “Barcelona se promocionó como destino de playa y fiesta. A eso se suman grandes eventos deportivos como la America’s Cup, la Fórmula 1 y el fútbol en el Camp Nou. Además, hay más congresos que nunca; la ciudad fue clasificada recientemente como la cuarta mejor para eventos corporativos, detrás de Viena, Lisboa y Singapur”.
Moreno añadió: “Cuando empecé a trabajar en hoteles, Barcelona se percibía como un destino cultural para escapadas cortas; hoy tiene fama de ser un patio de recreo para hombres de todas las edades”.
Con los archivos de Jeffrey Epstein reavivando el debate sobre cómo las ciudades europeas abordan la trata de personas, el turismo sexual y el trabajo sexual, queda claro que Barcelona aún enfrenta desafíos para garantizar la seguridad de las mujeres que viven y trabajan allí, así como para evitar convertirse en un entorno propicio para depredadores.
*Los nombres han sido modificados para proteger la identidad de las fuentes.
Traducción de Leticia Zampedri






Bookmark popover
Removed from bookmarks