Extremistas perpetran masacre en Nigeria y matan a 162 personas tras emitir un llamado a la oración
Los atacantes llegaron en motocicletas a las aldeas nigerianas de Woro y Nuku, recorrieron casa por casa, dispararon contra los habitantes y prendieron fuego a las viviendas
Un grupo de militantes perpetró una masacrede unas diez horas en las aldeas nigerianas de Woro y Nuku, semanas después de que los habitantes desoyeran una carta en la que se advertía sobre la llegada de los atacantes para imponer una versión extrema del islam.
Varios hombres armados que se desplazaban en motocicletas recorrieron las comunidades casa por casa, disparando contra los residentes y prendiendo fuego a viviendas y comercios en zonas de mayoría musulmana. Los vecinos contaron a The Associated Press que los atacantes ingresaron a una mezquita, anunciaron el llamado a la oración y abrieron fuego contra quienes acudieron.
En el ataque más letal registrado en Nigeria en meses, los extremistas reunieron a los pobladores, les ataron los brazos, los alinearon y los ejecutaron con disparos en la cabeza. Las autoridades confirmaron al menos 162 muertos, aunque los habitantes sostienen que la cifra es mayor y que muchas personas fueron secuestradas.
La matanza expone una fuerte escalada de la violencia en el estado de Kwara y en otras zonas del país, donde distintos grupos armados desafían la autoridad del Estado y compiten entre sí.
El ataque tomó por sorpresa a los habitantes
Hasta momentos antes, la vida transcurría con normalidad en las tranquilas aldeas vecinas, donde la mayoría de la población se dedica a la agricultura y que se encuentran a unos 500 kilómetros de la capital estatal.
Umar Bio Kabir, maestro de 26 años, estaba jugando al fútbol con amigos cuando vieron llegar a los atacantes. Corrieron para ponerse a salvo, pero no todos los que participaban del juego lograron escapar.
“Dios decidió que yo sobreviviera; de lo contrario, hoy estaría entre los muertos”, relató.

Según varios residentes entrevistados por The Associated Press, la matanza se extendió durante unas diez horas.
Los pobladores aseguraron que no recibieron ayuda en ningún momento y que no hubo presencia de fuerzas de seguridad durante el ataque.
“No vimos a nadie desde que comenzó al anochecer hasta que terminó por la mañana”, contó Iliyaus Ibrahim, agricultor de la aldea, cuyo hermano murió y cuya cuñada embarazada fue secuestrada junto con sus dos hijos.
Contactada por teléfono, la portavoz de la policía del estado de Kwara, Adetoun Ejire-Adeyemi, rechazó esa versión. “Eso no es posible. Los agentes de seguridad estaban en el lugar”, afirmó, sin ofrecer más detalles.
“Mataron a todos”
Para el jueves, apenas una veintena de hombres permanecía en las aldeas, enfrentando la ardua tarea de enterrar a decenas de víctimas. Aunque el balance oficial es de 162 muertos, los pobladores dijeron a The Associated Press que ya han sepultado a cerca de 200 personas y que aún quedan cuerpos por enterrar, incluidos restos completamente calcinados.
Kabir ayudó a dar sepultura a varios de sus amigos más cercanos en Woro. “Incluso mientras hablo con usted, todavía no hemos terminado de recoger los cuerpos. No hay suficiente gente en la aldea. Ayer cargamos cadáveres en dos camionetas Hilux. Hoy estamos haciendo lo mismo”, contó.
Dos días después de la masacre, el jueves todavía quedaba un cuerpo tendido entre la sangre. Los pocos hombres que permanecían en la zona dijeron estar demasiado agotados para volver al lugar.
A los habitantes les costaba respirar mientras el viento harmattan levantaba las cenizas de casas y comercios incendiados, mezcladas con un persistente olor a sangre, y los techos de zinc chocaban suavemente entre sí, el único sonido en una aldea sumida en un silencio absoluto.

Los sobrevivientes cargaban lo poco que les quedaba en motocicletas, taxis y camiones y abandonaban la aldea para intentar empezar de nuevo en otro lugar.
Zakari Munir había llegado a Woro para ayudar a su hermano a empacar y mudarse a Kaiama, donde se encuentra la sede del gobierno local y, señalando una zona de edificios aún en llamas, declaró a The Associated Press: “Aquí mataron a todos”.
La crisis de seguridad en Nigeria se está extendiendo hacia el sur
La masacre en el estado de Kwara, fronterizo con Benín, reavivó la preocupación por la expansión de la crisis de seguridad en Nigeria hacia el sur. Los analistas advierten que los grupos armados, antes concentrados en el norte, han desplazado sus operaciones a nuevas zonas ante la presión militar y la creciente disputa territorial entre facciones.
El país enfrenta hoy la acción de múltiples grupos armados, tanto locales como transfronterizos. Nigeria lleva más de una década combatiendo una insurgencia que incluye a Boko Haram y a su escisión, la Provincia de África Occidental del Estado Islámico, además de otros grupos difusos conocidos como “bandidos”.
En 2024, el Ejército nigeriano informó sobre la presencia del grupo Lakurawa, procedente de Níger, y en 2025 Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin reivindicó su primer ataque en territorio nigeriano, en Kwara. En paralelo, África Occidental y la región del Sahel enfrentan múltiples amenazas de grupos extremistas islámicos.
De acuerdo con datos de Naciones Unidas, varios miles de personas han muerto en el prolongado conflicto en Nigeria, mientras analistas sostienen que el gobierno no hace lo suficiente para proteger a la población civil.

El miércoles, el gobierno de Nigeria anunció una nueva operación militar en el estado de Kwara para frenar la expansión de la crisis en la zona. El año pasado, el presidente nigeriano Bola Tinubu declaró el estado de emergencia con el objetivo de sumar miles de policías a las fuerzas de seguridad.
Una crisis compleja que va más allá de la fe
Nigeria volvió a quedar bajo la atención del gobierno de Estados Unidos después de que el presidente Donald Trump acusara al país de no proteger a los cristianos frente a un supuesto genocidio. Las autoridades nigerianas rechazaron esa acusación y analistas señalaron que simplifica en exceso una crisis compleja, que golpea a la población sin distinción de credo.
En aldeas como Woro y Nuku, por ejemplo, las víctimas eran musulmanas y habrían sido asesinadas por resistirse a las prédicas de los extremistas.
Nigeria mantiene una alianza con Estados Unidos en materia de cooperación militar. En ese marco, Washington lanzó ataques aéreos contra militantes vinculados al Estado Islámico el 25 de diciembre y ha suministrado armamento al país africano
El viernes, en Kaiama, Maryam Muhammed y otros sobrevivientes se reunieron para realizar oraciones islámicas en memoria de su esposo, una de las víctimas del ataque. La mujer, de 57 años, también perdió su casa.
Muhammed fue capturada por los atacantes y liberada luego en medio del caos. Al amanecer, salió en busca de su esposo, quien estaba a cargo del llamado a la oración en la mezquita local. Buscó entre cuerpos que aún humeaban hasta dar con él.
“Cuando al comenzar el día no escuché su voz en la mezquita”, contó, “supe que algo estaba mal”.
Traducción de Leticia Zampedri







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