Familia ecuatoriana custodia las semillas de especies vegetales en riesgo en la Amazonía
En una de sus últimas incursiones en la selva amazónica ecuatoriana, Ramón Pucha notó cuando iba de regreso que junto a sus pisadas estaban las huellas de un puma. Sin perder la calma, siguió su camino con su carga preciada de semillas de especies amenazadas.
Criado junto a indígenas quichuas, Pucha conoce los peligros de la Amazonía y sabe cómo orientarse, entrar y salir de la espesura sin más equipo que una mochila con algo de comida y ropa, un machete y una maleta especial para guardar las pepitas que recoge y protege desde hace un cuarto de siglo.
Junto a su familia ha recreado su propio pedazo de selva con las especies rescatadas en una finca de 32 hectáreas denominada El Picaflor en la comunidad quichua de Alto Ila, a la que se llega atravesando parches de bosque deforestado.
“Tengo una pasión por la naturaleza, por las plantas, por los animales”, dijo Pucha, de 51 años, a The Associated Press al explicar cómo inició su pasión conservacionista, por la cual “muchos me tildan de loco”.
Cuando camina por su propiedad, donde antes había sólo pastizales, se detiene, observa las plantas y describe la utilidad de cada una.
Sus ojos brillan cuando señala un pequeño árbol en desarrollo, del que dice que casi ya no hay en el sector. Es de madera fina y llegará a su vida adulta a los 100 años. Aunque nunca lo verá en su plenitud, está convencido que “esa es mi herencia para mis hijos y para la humanidad”.
Algunas especies, señala, son comestibles, aportan muchos nutrientes o tienen propiedades medicinales. Otras, explica, son alimento de aves y mamíferos que a su vez ayudan a esparcir las semillas.
“Este bosque para mí significa un pulmón para el mundo. Todas las plantas que están viendo tienen su valor”, comentó. “Esto es una farmacia y un mercado y aparte es una biblioteca en la que está almacenada ciencia”, dijo mientras masticaba unas hojas.
Rescatar especies en peligro
Para salvar las especies en riesgo Pucha se interna, muchas veces en solitario, hasta cinco días en lo profundo de la selva. En más de una ocasión llegó con las manos vacías porque los grandes árboles dejaron de producir semillas anualmente. Debido al cambio climático ahora ya no son regulares, “producen semillas cada dos, tres o hasta cinco años”, acotó.
Cuando las simientes llegan a la casa, su esposa Marlene Chiluisa se encarga de germinarlas para que cuando se conviertan en pequeñas plántulas y lleguen a un tamaño adecuado puedan volver a su propiedad en la selva. Al menos un 20%, de las pequeñas plantas se venden o entregan a vecinos que también buscan regenerar la selva y preservar las especies amenazadas.
“Me siento feliz porque estoy trabajando por el planeta”, dijo Chiluisa, aunque a veces la incertidumbre la invade. “Me pregunto qué va a venir con el tiempo. Muchas enfermedades por el calentamiento global, muchas muertes por el daño a la naturaleza”.
Según el Ministerio de Agricultura y Ganadería, la finca El Picaflor es “una casa de semillas de especies nativas en riesgo. Este es un lugar al que se considera un laboratorio vivo” ubicado en una zona bajo “constante tala desde hace 50 años”.
Ecuador fue el primer país en consagrar los “derechos a la naturaleza” en su Constitución y alberga las Islas Galápagos y partes de la selva amazónica.
Pero algunas medidas del presidente Daniel Noboa —como integrar el Ministerio del Ambiente en el de Energía y Minas— han puesto en riesgo la reputación ecológica del país, según ambientalistas e indígenas.
Heredar la pasión
A sus 21 años Jhoel, hijo de Ramón, se ha convertido en su sucesor. Es un experto botánico e identifica con facilidad cada planta por nombre común, tradicional y científico.
Además, ayuda a que los visitantes crucen a salvo el río Ila, por momentos caudaloso, en una muy precaria embarcación de tablas sobre una boya que llega hasta la orilla de la propiedad de los Pucha.
Jhoel abrazó el conservacionismo en la niñez cuando correteaba en medio de las plántulas del vivero que cuidaba su madre y que habían nacido de las semillas que traía su padre. “Mi compromiso es con el bosque, quiero seguir siendo guardián de las semillas... ese compromiso será de por vida”, dijo.
El joven buscador se interna hasta por 15 días en zonas inexploradas de la selva, siguiendo el ejemplo de su padre, para recoger las muestras que se convertirán en futuras plantas. Algunas semillas están en la parte alta de los árboles y debe trepar para alcanzarlas. Para demostrar su habilidad se abraza a un tronco y sin dificultades sube unos cinco metros, desde donde saluda con una sonrisa.
Jhoel manifestó que repoblar con especies nativas la zona ha tenido un efecto adicional: han llegado muchas especies de aves, mamíferos y reptiles "que antes no había”.






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