La guerra con Irán deja a EE. UU. con menos armamento ante una posible crisis con China
Esta vulnerabilidad aparece en un momento en que China se fijó como objetivo desarrollar la capacidad de tomar Taiwán por la fuerza para 2027
Un nuevo análisis advierte que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos enfrentan un período crítico de tres años para reconstruir sus principales reservas de armamento, fuertemente reducidas tras la guerra con Irán, una situación que genera preocupación sobre la capacidad del país para responder a futuros conflictos, especialmente ante un eventual escenario de tensión con China.
Entre los sistemas más afectados aparecen los misiles de crucero Tomahawk, utilizados para ataques de largo alcance sobre territorio enemigo, además de los interceptores Patriot y THAAD, considerados piezas clave para defenderse de misiles y drones.
Según un informe publicado el miércoles por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), Estados Unidos todavía cuenta con municiones suficientes para afrontar cualquier escenario plausible relacionado con la guerra con Irán. Sin embargo, el desgaste de las reservas abrió una “ventana de vulnerabilidad” ante un eventual conflicto en el Pacífico Occidental.
En ese contexto, el centro de estudios advirtió que “el tiempo necesario para reconstruir esos inventarios se convirtió, por lo tanto, en una preocupación importante”.
La advertencia surge en un momento en que China se fijó como objetivo desarrollar la capacidad de tomar Taiwán por la fuerza para 2027, aunque muchos expertos consideran esa fecha más una meta ambiciosa que un plazo definitivo.
Aun así, el presidente chino Xi Jinping advirtió recientemente que una mala gestión de las relaciones con la isla autónoma podría derivar en un enfrentamiento o incluso en un conflicto abierto entre Estados Unidos y China.
Pese a la histórica propuesta presupuestaria de defensa impulsada por el Gobierno de Trump —que contempla 1,5 billones de dólares para 2027 y un fuerte aumento del gasto en municiones de alta tecnología—, el informe del CSIS advierte que la producción militar no puede acelerarse de inmediato. Este incremento del gasto comenzó durante el Gobierno de Biden y todavía mantiene apoyo bipartidista en el Congreso. Sin embargo, el documento es categórico: “El problema hoy no es el dinero, sino el tiempo”.
“Expandir la capacidad de producción y fabricar estos sistemas complejos requiere años”, señala el informe, que además anticipa que este período de vulnerabilidad podría prolongarse durante varios años, incluso después de que los inventarios recuperen sus niveles previos.
Aunque los niveles exactos de municiones siguen clasificados, el CSIS sostiene que los documentos presupuestarios del Pentágono ofrecen suficiente información para estimar los tiempos de producción.
Por su parte, el presidente Donald Trump y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, reiteraron que Estados Unidos conserva la capacidad de afrontar cualquier conflicto y, además, presionaron a la industria militar para acelerar la fabricación de armamento. El mes pasado, Hegseth aseguró ante legisladores que el gasto impulsado por el Gobierno de Trump permitirá que los fabricantes dupliquen o incluso tripliquen su capacidad de producción.

El principal portavoz del Pentágono, Sean Parnell, respaldó esa postura y aseguró que las Fuerzas Armadas estadounidenses tienen todo lo necesario para actuar “en el momento y lugar” que el presidente determine.
Además, agregó: “Llevamos adelante múltiples operaciones exitosas en todos los comandos de combate, al mismo tiempo que garantizamos que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos mantengan un amplio arsenal de capacidades para proteger a nuestra gente y nuestros intereses”.
Sin embargo, algunos especialistas en defensa observan la situación con mayor cautela.
Virginia Burger, analista sénior de política de defensa en el Proyecto de Supervisión Gubernamental y exoficial de la Infantería de Marina, planteó dudas sobre el estado real de las reservas militares.
“Los funcionarios del Pentágono conocían la realidad de nuestras reservas militares y, con suerte, alguien dijo: ‘Si entramos en esta guerra, incluso bajo las estimaciones más conservadoras, vamos a reducir nuestras existencias hasta niveles críticos’”, afirmó.
La disminución de las reservas de municiones se convirtió en un tema recurrente durante las recientes audiencias del Congreso, donde los demócratas suelen señalar el desgaste de los inventarios como uno de los principales argumentos contra la guerra con Irán, iniciada por Trump sin la aprobación legislativa.
Del otro lado, algunos republicanos atribuyen parte del problema al envío de sistemas de defensa Patriot a Ucrania después de la invasión rusa de 2022, aunque varios aliados de Estados Unidos también operan este tipo de armamento.
Mark Cancian, coronel retirado de la Infantería de Marina, asesor principal del CSIS y coautor del estudio, sitúa el origen del problema en el final de la Guerra Fría. Tras la caída de la Unión Soviética en 1991, explicó, Estados Unidos asumió que los conflictos futuros serían breves, regionales y con menor necesidad de armamento sofisticado.
Esa visión derivó en pedidos limitados y una capacidad de producción reducida dentro de la industria militar. Sin embargo, la guerra entre Rusia y Ucrania mostró que los conflictos modernos pueden extenderse durante años y exigir enormes reservas de armamento avanzado.
“La mentalidad empezó a cambiar, pero acumular inventarios lleva tiempo”, explicó Cancian, quien además destacó la dificultad de reactivar complejas cadenas de suministro y redes de subcontratistas necesarias para fabricar componentes especializados.
Cancian atribuyó al Gobierno de Biden el inicio de las conversaciones con la industria de defensa, las inversiones en la base industrial y el aumento de la producción. “Mucha gente dentro del Gobierno de Trump suele decir que todo era terrible hasta su llegada, y eso no es cierto”, afirmó. Aun así, reconoció que “el Gobierno de Trump sí aumentó considerablemente la financiación”.
Según las estimaciones del CSIS, reemplazar por completo los más de 1.000 misiles Tomahawk utilizados contra Irán podría tomar hasta finales de 2030. En la actualidad, la producción anual no supera las 200 unidades debido a los bajos pedidos de años anteriores, aunque Raytheon busca elevar esa cifra por encima de los 1.000 misiles por año.
RTX, empresa matriz de Raytheon, evitó comentar directamente las conclusiones del informe, aunque destacó inversiones multimillonarias destinadas a aumentar la producción, incluidas ampliaciones de instalaciones en Alabama y Arizona.
En el caso de los sistemas de defensa aérea, reemplazar los cerca de 290 interceptores THAAD utilizados contra drones y misiles iraníes podría extenderse hasta finales de 2029. Además, el reabastecimiento de más de 1.000 interceptores Patriot concluiría hacia mediados de ese mismo año. Lockheed Martin incrementa la producción de ambos sistemas y, según el CSIS, las entregas de THAAD ya se reorganizaron para priorizar las necesidades estadounidenses por encima de las de aliados y socios.
El informe también advierte que las entregas de misiles Patriot representan un dilema estratégico, ya que Estados Unidos debe equilibrar sus propias necesidades de reabastecimiento con la ayuda a Ucrania y los compromisos asumidos con otros 17 países que utilizan este sistema. Por su parte, Lockheed Martin anunció inversiones por 9.000 millones de dólares hasta 2030, con resultados que ya empiezan a verse a través de una nueva planta en Alabama y más de 20 instalaciones distribuidas por el país.
A pesar de este escenario, el CSIS plantea una mirada menos pesimista y sostiene que un eventual conflicto con China no es del todo “sombrío”.
Además, el informe destaca que las Fuerzas Armadas estadounidenses probaron recientemente sus capacidades en operaciones relacionadas con Irán, Venezuela y Yemen. En ese contexto, sostiene que China enfrenta una desventaja importante: la falta de experiencia reciente en combate. “Su última guerra, contra Vietnam en 1979, terminó con un desempeño deficiente, algo que podría mantener la disuasión activa hasta que los arsenales vuelvan a llenarse”.
Traducción de Leticia Zampedri







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