¿Por qué hay tantos terremotos devastadores? La ciencia explica qué está ocurriendo
Colombia, Venezuela, Japón, Indonesia, España y México sufrieron fuertes terremotos este verano, pero los expertos explicaron a Julia Musto que esta actividad sísmica se encuentra dentro de los parámetros habituales
Una serie de fuertes terremotos causó graves daños en distintas partes del mundo durante este verano.
En junio, un sismo de magnitud 7,7 sacudió Filipinas y provocó un tsunami. Ese mismo mes, dos terremotos consecutivos de magnitud superior a 7,0 golpearon Venezuela y dejaron miles de muertos. En julio, la serie de fuertes sismos siguió con un temblor de magnitud 6,8 en Japón y otro de 7,3 frente a la costa sur de México.
A principios de agosto, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió Colombia y se convirtió en uno de los más fuertes registrados en el país en los últimos años. Poco después, otro de 7,7 obligó a unas 40.000 personas a abandonar sus hogares en Indonesia. Esta semana, un sismo de magnitud 4,9 también provocó la evacuación de cientos de personas en España.
Aunque tantos terremotos de gran magnitud en tan poco tiempo pueden parecer fuera de lo común, expertos consultados por The Independent aseguraron que esta actividad se mantiene dentro de los niveles habituales del planeta.
“No veo nada fuera de lo común. Todo está dentro de las variaciones habituales en la frecuencia de terremotos que observamos”, explicó Zachary Ross, profesor de geofísica del Instituto de Tecnología de California (Caltech).


Los terremotos ocurren cuando las placas tectónicas, grandes fragmentos de la Tierra ubicados bajo la superficie, se rozan entre sí y provocan los movimientos que sentimos. Estos sismos también ayudan a liberar calor del interior del planeta.
Los terremotos de magnitud superior a 7,0 se consideran “fuertes” y pueden causar daños graves en áreas extensas. Este año se registraron 11, una cifra que todavía se encuentra por debajo del promedio anual de entre 15 y 18, según Maureen Long, profesora Bruce D. Alexander y directora del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Universidad de Yale.
“Parece que existe un patrón porque, por desgracia, varios de estos terremotos ocurrieron en zonas pobladas y causaron daños importantes, por lo que todos hemos visto muchos titulares al respecto”, explicó Long a The Independent.
Por su parte, el doctor Allen Husker, profesor investigador de geofísica de Caltech, estimó que este año podrían registrarse entre 17 y 18 terremotos de esa magnitud, de acuerdo con la tendencia de un año de alta actividad, en el que la cifra puede llegar a 20.

“Si alcanzamos esa cifra, sería un poco alta, pero no sería algo fuera de lo común”, señaló Husker.
Tampoco hay indicios de que los terremotos registrados este verano estén relacionados. John Emilio Vidale, sismólogo de la Universidad de Washington, afirmó que “casi con toda seguridad se trata de una coincidencia”.
“Todos los grandes terremotos ocurridos recientemente se registraron en distintas zonas de límites de placas y en diferentes entornos tectónicos”, explicó William Barnhart, coordinador adjunto del Programa de Riesgos Sísmicos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
“Aunque parezcan cercanos entre sí en el espacio y el tiempo, desde el punto de vista sismológico no lo están”, añadió.
No obstante, los grandes terremotos pueden desencadenar sismos más pequeños en lugares distantes, además de réplicas, como ocurrió en Venezuela.

“No hay evidencia de que los grandes terremotos provoquen otros sismos de gran magnitud a escala global”, explicó Eric Dunham, profesor de geofísica de la Universidad de Stanford.
Por esa razón, Long y Husker señalaron que un terremoto de gran magnitud en otra parte del mundo no aumenta el riesgo de que ocurra un sismo destructivo en Estados Unidos.
Aun así, la posibilidad de un gran terremoto sigue presente. Una de las zonas bajo estrecha vigilancia es la falla de San Andrés, en el sur de California, junto con la zona de subducción de Cascadia, que se extiende frente a las costas de Oregón y Washington, en el noroeste del Pacífico.
De hecho, investigadores de la Universidad Estatal de Oregón advirtieron en octubre pasado que estas fallas de la costa oeste podrían activarse entre sí y causar un doble desastre.
“Los pronósticos indican que un gran terremoto en la falla de San Andrés está atrasado”, explicó Folarin Kolawole, profesor adjunto del Departamento de Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente de la Universidad de Columbia.
“También hay muchas fallas en Estados Unidos sometidas a una tensión crítica que podrían provocar un terremoto si se produce una alteración importante a su alrededor”, agregó.
Como no es posible predecir los terremotos, lo mejor es estar preparado. Al igual que ante otros desastres de gran magnitud, como huracanes o tormentas de nieve, es recomendable tener un plan de evacuación y un kit de suministros de emergencia.
En el caso de los terremotos, las aplicaciones de alerta temprana ShakeAlert y MyShake pueden emitir avisos con hasta un minuto de anticipación.
Durante un sismo, la Cruz Roja Americana recomienda tirarse al suelo, buscar refugio lejos de las ventanas y sujetarse a una estructura firme. Para quienes se encuentren al aire libre, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) aconseja dirigirse a un espacio abierto, lejos de edificios y líneas eléctricas.
“Los terremotos grandes y poco frecuentes pueden ser devastadores, pero también pueden serlo los sismos más pequeños que ocurren con mayor frecuencia. Estar preparado para actuar es la mejor manera de afrontar un terremoto cuando ocurra”, explicó Barnhart.
Traducción de Leticia Zampedri






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