Análisis genético aceleraría la restauración del icónico castaño americano, afirman científicos

Miles de millones de castaños americanos cubrían en otro tiempo el este de Estados Unidos. Se elevaban a gran altura y producían tantas castañas que los vendedores las transportaban en vagones de tren. Cada Navidad, se les recuerda con la letra del villancico “chestnuts roasting on an open fire” (“castañas asadas en una fogata”).
Pero para la década de 1950, este venerable árbol quedó funcionalmente extinto, diezmado por una mortífera plaga fúngica transmitida por el aire y una letal pudrición de raíces. Un nuevo estudio publicado el jueves en la revista Science ofrece esperanza para su revitalización, al concluir que las pruebas genéticas de árboles individuales pueden revelar cuáles tienen más probabilidades de resistir enfermedades y alcanzar una gran altura, acortando así el tiempo que se tarda en plantar la siguiente generación, más robusta.
Una brecha menor entre generaciones significa un camino más rápido hacia una gran cantidad de árboles resistentes a enfermedades que, una vez más, podrán competir por espacio en los bosques del este. Los autores esperan que eso ocurra en las próximas décadas.
“Lo nuevo aquí es el motor que estamos creando para la restauración”, señaló Jared Westbrook, autor principal del estudio y director científico de The American Chestnut Foundation, que busca devolver el árbol a su área nativa, que en su día se extendía de Maine a Mississippi.
El castaño americano, a veces llamado la “secuoya del este”, puede crecer con rapidez y superar los 30 metros (100 pies), producir enormes cantidades de castañas nutritivas y aportar madera apreciada por su veta recta y su durabilidad.
Sin embargo, tenía pocas defensas contra la plaga y la pudrición de raíces introducidas desde el extranjero. No obstante, otro tipo de castaño había evolucionado junto a esas enfermedades. El castaño chino se había introducido por sus valiosas castañas y podía resistir las enfermedades. Pero no es tan alto ni tan competitivo en los bosques de Estados Unidos, ni ha cumplido el mismo papel crucial de apoyo a otras especies.
Por ello, los autores quieren un árbol con las características del castaño americano y la resistencia a enfermedades del castaño chino.
Ese objetivo no es nuevo: los científicos lo persiguen desde hace décadas y han logrado algunos avances.
Pero ha sido difícil porque los rasgos deseables del castaño americano están dispersos en distintos puntos a lo largo de su genoma, la cadena de ADN que le indica al árbol cómo desarrollarse y funcionar.
“Es un rasgo muy complejo, y en ese caso no se puede seleccionar solo una cosa porque se seleccionarán cosas vinculadas que son negativas”, explicó John Lovell, autor principal e investigador del HudsonAlpha Genome Sequencing Center.
Si se cultivan solo por su resistencia a las enfermedades, los árboles se vuelven más bajos y menos competitivos.
Para abordar esto, los autores secuenciaron el genoma de distintos tipos de castaños y hallaron los numerosos puntos que se correlacionaban con los rasgos deseados. Posteriormente, pueden usar esa información para cultivar árboles con más probabilidades de tener rasgos deseables, manteniendo al mismo tiempo altos porcentajes del ADN del castaño americano, aproximadamente entre 70% y 85%.
Y las pruebas genéticas permiten que el proceso avance más rápido, al revelar a los mejores descendientes años antes de que sus rasgos se manifiesten mediante el crecimiento natural y el encuentro con enfermedades. Cuanto más estrecha sea la brecha entre generaciones, más rápido se acumulan las mejoras.
Steven Strauss, profesor de biotecnología forestal de la Universidad Estatal de Oregon, que no participó en el estudio, señaló que en el artículo se identifican algunos genes prometedores. Quiere que los científicos puedan editar los propios genes, una vía posiblemente más rápida y precisa hacia un árbol mejor. En un comentario adjunto en Science, indica que las regulaciones pueden obstaculizar estas ideas durante años.
“La gente simplemente no considerará la biotecnología porque está al otro lado de esta barrera social y legal”, sostuvo Strauss, y añadió que eso es una visión miope.
Para quienes han estudiado de cerca el castaño americano, el trabajo plantea una pregunta casi existencial: ¿cuánto puede cambiar el castaño americano y seguir siendo un castaño americano?
“El castaño americano tiene una historia evolutiva única, tiene un lugar específico en el ecosistema de Norteamérica”, sostuvo Donald Edward Davis, autor de “The American chestnut, an environmental history” (“El castaño americano, una historia ambiental”) “Tener ese árbol y ningún otro sería algo así como el estándar de oro”.
Davis indicó que el árbol era una especie clave, útil para los humanos y vital para poblaciones de ardillas, ardillas listadas y osos negros; los híbridos quizá no sean tan majestuosos ni tan eficaces. Le complació que los autores incluyeran algunos castaños americanos supervivientes en su propuesta, pero se inclinó por un enfoque que dependiera más de ellos.
“No es que el enfoque híbrido sea malo en sí mismo; es solo que, ¿por qué no intentar que los árboles americanos silvestres vuelvan al bosque, vuelvan al ecosistema, y agotar todas las posibilidades de hacerlo antes de pasar a algunos de estos otros métodos?”, planteó.
Lovell dijo que resucitar la especie requiere introducir diversidad genética desde fuera del acervo tradicional de castaños americanos. El objetivo de los autores del estudio son árboles altos y resistentes, y se muestran optimistas.
“Creo que, si solo seleccionamos genes de castaño americano, y punto, habrá un acervo demasiado pequeño y terminaremos con un cuello de botella genético que conducirá a la extinción en el futuro”, afirmó Lovell.
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The Associated Press recibe apoyo de la Walton Family Foundation para la cobertura de políticas de agua y medio ambiente. La AP es la única responsable de todo el contenido.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.






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