"Subienda", la migración de peces que pescadores artesanales convirtieron en tradición en Colombia
El colombiano Víctor Segura Guerra lanzó su red al caudaloso río Magdalena esperando obtener tanto pescado como le fuera posible para pagar sus deudas y terminar de construir su casa.
Su expectativa, como la de cientos de pescadores, era obtener un mejor sustento anual durante “la subienda”, como es conocida en Colombia la migración de peces de agua dulce para reproducirse que los lleva a nadar contra la corriente del Magdalena, un río de aproximadamente 1.540 kilómetros de longitud.
En Honda, un pueblo de tradición pesquera ubicado en el centro del país, el fenómeno natural que ocurre cada año —típicamente entre enero y febrero— se ha convertido a través de las décadas en una tradición que marca su dinámica cultural y económica.
“Aprovechamos el momento en esta época pues ganamos buena platica (dinero): ahorramos, pagamos nuestras deudas... y pues tengo un proyecto por ahí de una casita para terminarla y salir de pagar arriendo”, dijo a The Associated Press Segura, de 33 años, quien ha dedicado más de la mitad de su vida a la pesca.
Cuando pasa “la subienda” la pesca no le es suficiente a Segura para cubrir sus gastos, por lo que también recurre a otros trabajos como la construcción.
Los pescadores dicen que en un “buen día” de la temporada pueden juntar hasta 77 dólares, por lo que en una semana de trabajo ganarían hasta 550 dólares, lo mismo que puede ganar en un mes un trabajador de sueldo básico.
“La base fundamental de este municipio es ‘la subienda’. Si no hay ‘subienda’, no hay economía”, aseguró a la AP Luis Humberto Salinas, representante de la Asociación de Pescadores Unidos de Honda.
“La subienda” es tan importante para la zona que a fines de febrero se celebra el carnaval y reinado de la Subienda, un evento que festeja la llegada masiva de peces con música y representaciones culturales.
Peces en riesgo
Sin embargo, los pescadores han notado que con el pasar de los años la dinámica del río y, por tanto, de la migración de los peces ha cambiado.
“Sabemos que es el cambio climático porque hay mucho verano (sequía) y cuando hay verano las ciénegas (depósito natural de agua) no se llenan de agua, entonces se baja mucho el nivel de agua, se calienta el agua y se demora el pescado para reproducirse”, indicó Eduardo López, representante de los pescadores del pueblo.
Preocupado por el río al que llama una “fuente de vida”, López recordó que “hay muchas especies nativas que se están acabando por esos fenómenos”.
Se refiere, por ejemplo, al bagre rayado (Pseudoplatystoma magdaleniatum), que está catalogado en peligro, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), una organización internacional que sigue de cerca la salud de las especies.
“En los últimos años la comercialización del pescado ya no se encuentra como antiguamente, como en el 75, 85, 95; las ‘subiendas’ han bajado”, aseguró López, de 55 años.
Una publicación del Instituto Humboldt, la Universidad de Antioquia y Empresas Públicas de Medellín de 2022 advirtió que las especies que habitan el río Magdalena, como el bagre rayado, están amenazadas por la deforestación, la transformación y degradación de los ecosistemas y la sobrepesca.
En Honda, los pescadores defienden que su pesca es artesanal, pero algunos se quejan de que en poblaciones vecinas utilizan técnicas no permitidas como las redes de arrastre, que capturan todo a su paso sin distinción.






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