Sobrevivientes de sismos en Venezuela buscan mascotas perdidas en McDonald's

La esperanza llegó de los lugares más extraños: un McDonald’s de Venezuela.
Gabriela Alves pudo abrazar el jueves a su perro Buddy, de 6 años, en el local de comida rápida, tras buscar durante una semana al cachorro blanco, que desapareció cuando dos sismos devastaron la nación sudamericana el 24 de junio.
El restaurante, junto a las ruinas de complejos de viviendas estatales derrumbados, se ha convertido en un hospital de facto para las víctimas de los sismos, así como en un centro para localizar y atender a mascotas extraviadas en la ciudad costera de Caraballeda, que quedó devastada por el desastre natural. Los vecinos lo llaman “Hospital McDonald's”.
“Es un milagro”, afirmó Alves con los brazos rodeando al perro, que tenía una vía intravenosa en una de sus patas, sobre una mesa junto a empleados del restaurante que vendían helado suave. “Perdimos todo lo material, pero estamos vivos”.
El hospital improvisado se formó un día después que los terremotos consecutivos mataran a al menos 2.295 personas e hirieran a 11.000, según cifras de las autoridades venezolanas. Muchas más familias quedaron desesperadas buscando a sus seres queridos desaparecidos, incluidos gatos y perros perdidos entre los escombros.
Ángel Matute y otros 70 veterinarios, estudiantes, médicos y voluntarios civiles viajaron desde la ciudad occidental de Barquisimeto. El grupo buscaba un lugar donde dormir, guardar equipo y resguardarse de la fuerte lluvia tropical cuando encontró una de las pocas instalaciones operativas en medio del caos. Los Arcos Dorados.
Instalaron su base en el restaurante, que aún tenía aire acondicionado funcionando, y comenzaron a distribuir suministros médicos y a atender a pacientes humanos, al tiempo que el lugar se convirtió también en un sitio para tratar a mascotas heridas y buscar a perros y gatos que seguían desaparecidos.
“Para nosotros, una mascota es simplemente otra vida humana", destacó Matute, quien coordina las labores de rescate en el McDonald’s donde también duermen los voluntarios. "Hay animales mas humanos que los mismos seres humanos”.
Matute estaba el jueves entre decenas de voluntarios atareados que atendían a perros y gatos, junto a equipos de búsqueda que pedían hamburguesas y papas fritas. Su grupo, que ha rescatado a 140 animales y atendido a otros 60, planea seguir reuniendo a los dueños con sus mascotas desaparecidas hasta que su ayuda ya no sea necesaria.
Alves recurrió al Hospital McDonald’s cuando buscaba desesperadamente a su querido perro.
Alves estaba en la casa de un familiar cuando los sismos sacudieron el norte de Venezuela. Horas después, se subió a su motocicleta y se dirigió frenéticamente hacia su casa para salvar a Buddy, pero lo único que encontró fueron ruinas.
La venezolana, de 36 años, contó que escuchó que el McDonald's se había convertido en un lugar para buscar mascotas perdidas y empezó a pasar a diario. Se acercaba al restaurante para ver si los voluntarios habían encontrado algún perro blanco antes de regresar a casa a gritar: “Buddy, Buddy”, con la esperanza de oír un ladrido. Durante más de una semana, sólo encontró silencio.
“Estamos viviendo un día a la vez", comentó el jueves. "Y hoy regresé y de verdad te puedo decir que hoy no tenía fe”.
Aun así, persistió y hurgó entre las ruinas, sacando ropa del cuarto de su madre, la única zona de la casa que todavía era accesible. Entonces oyó un ladrido lejano, miró hacia abajo y vio la oreja blanca de Buddy a través de una grieta en el concreto.
Alves gritó pidiendo ayuda y rescatistas cercanos corrieron hacia ella. Abrieron un agujero en el muro y sacaron de los escombros al perro cubierto de polvo. Alves sollozaba sosteniendo a Buddy, envuelto en una manta rosa y lamiéndole el brazo. Horas después, veterinarios del Hospital McDonald’s revisaron a Buddy para detectar lesiones tras ocho días atrapado entre los escombros.
“Y ahorita con esta tragedia del terremoto, bueno, es como algo positivo dentro de todo lo malo", señaló Alves, todavía abrazando a su perro. "Él es mi perrito curita”.
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Janetsky reportó desde Ciudad de México.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.






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