Plantan 30.000 árboles en Luisiana para restablecer la barrera devastada por el huracán Katrina
A través de las aguas tranquilas detrás de una estación de bombeo cerca del lago Borgne, cientos de arbolillos recién plantados destacan en la neblina, envueltos en cilindros de plástico blanco.
Para llegar allí y a otros sitios como ese, los organizadores han transportado en hidrodeslizadores a decenas de voluntarios semana tras semana. Tienen un remolque equipado con suministros. Botas de goma de todas las tallas. Contenedores llenos de bocadillos para el final de una dura jornada de trabajo.
Algún día, esperan ver 30.000 árboles ya crecidos, como el ciprés calvo y el tupelo de agua, en este y otros lugares para que le devuelvan la barrera natural de los humedales al bosque protector que alguna vez fue. El objetivo es que las raíces de estos árboles nativos mantengan firme la tierra alrededor de Nueva Orleans a medida que se hunde aún más por debajo del nivel del mar, creen hábitat para la fauna y ayuden a proteger a la ciudad de las tormentas.
Gran parte de esa barrera natural se perdió tras el huracán Katrina, que dejó más de 1.000 muertos y causó más de 100.000 millones de dólares en daños en 2005. Pero desde entonces muchos han trabajado para restaurar el terreno y, cerca del final de una larga labor encabezada por grupos ambientalistas locales, los organizadores reflexionan sobre las raíces que han ayudado a establecer: un ecosistema más sólido, tan distinto de la ciénaga degradada con la que empezaron.
“Somos una parte de un movimiento más amplio para resistir este tipo de mentalidad ‘catastrofista’ y mostrar que la recuperación es posible", expresó Christina Lehew, directora ejecutiva de Common Ground Relief, una de las organizaciones que trabajan en la plantación de árboles. "Cuando usamos nuestra imaginación para visualizar el pasado y la enorme cantidad de paisajes de humedales que hemos perdido, sabemos que probablemente nunca volveremos a esa imagen prístina del pasado. Pero podemos recuperar algo”.
Por qué las organizaciones han unido fuerzas para plantar árboles en los humedales
En otros lugares alrededor de Nueva Orleans, cipreses plantados hace años se elevan por encima de matorrales densos, ricos en otras plantas nativas. Cuentan la historia de lo que pudo haber sido, y de lo que quienes restauran intentan traer de vuelta.
Antes de la industria maderera, antes de la industria del petróleo y el gas, antes de que se construyeran diques para contener el río Mississippi, el delta subía y bajaba de forma natural y se inundaba a medida que el río depositaba sedimentos en la costa del Golfo de México. Las plantas que prosperaban en ese ecosistema formaban estuarios protectores.
Pero luego, la Gran Inundación del Mississippi de 1927 reventó diques en decenas de lugares. Cientos de personas murieron y el agua causó daños catastróficos en varios estados. Después de eso, el gobierno inició una nueva era de construcción de diques. Para mediados de la década de 1960, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército también había construido un canal de navegación llamado Canal de Salida del río Mississippi al Golfo de México (MRGO, por sus siglas en inglés), que con el tiempo se convirtió en una vía para que la marejada ciclónica de Katrina entrara en la ciudad de Nueva Orleans.
Esas decisiones de ingeniería agravaron la destrucción causada por Katrina. Permitieron que el agua salada entrara en ecosistemas de agua dulce alrededor de la ciudad, envenenando a muchos de los árboles. Y así, la ciudad quedó expuesta a futuros huracanes, y perdió a los guardianes vivos cuyas raíces mantenían la tierra en su sitio.
En 2009, el MRGO fue cerrado para impedir una mayor intrusión de agua salada, y grupos ambientalistas comenzaron a reforestar. Con el tiempo, hace unos cinco años, varias organizaciones se unieron para formar una agrupación con el fin de solicitar financiación federal y estatal para un proyecto más grande. Al distribuir dos grandes subvenciones entre distintas bases de voluntarios, plantar en diferentes zonas y usar técnicas distintas, se están acercando a esa meta de 30.000 árboles. Uno de los grupos más grandes, la Coalition to Restore Coastal Louisiana (Coalición para Restaurar la Costa de Luisiana), ha plantado aproximadamente 10.000 de su cuota de 15.000 árboles, señaló Andrew Ferris, coordinador principal de su programa de plantas nativas. Concluirán el próximo año, indicó.
“En nuestros sueños más descabellados nunca pensamos que podríamos plantar en algunas de las zonas en las que ahora estamos plantando", comentó Blaise Pezold, quien empezó a plantar árboles aproximadamente en 2009 y ahora es director del programa costero y ambiental de la Meraux Foundation, una de las organizaciones asociadas. "Se creía que era demasiado bajo, demasiado salado, que Katrina lo estropeó demasiado, y que tendríamos que centrarnos en áreas a las que fuera más fácil acceder”.
El cierre del MRGO y la caída de los niveles de salinidad cambiaron todo eso. “En cierto modo, el Central Wetlands Reforestation Collective (Colectivo de Reforestación de los Humedales Centrales) nos ha permitido ser muy aventureros con los sitios que elegimos”, añadió Pezold.
Una forma de procesar el duelo y reconstruir para el futuro
Para muchos de los organizadores en Luisiana que han ayudado en las labores de restauración y recuperación, el proyecto ha sido una manera de sobrellevar la vida tras un desastre natural.
Katrina golpeó al día siguiente del 8vo cumpleaños de Ashe Burke. “Todavía afecta a todos los que lo vivieron, y... nos cambió a todos. Es decir, en un día nos arrancaron la vida de un plumazo", expresó Burke, especialista en restauración de humedales de Common Ground Relief, donde también trabaja Lehew. "Aún duele de algunas maneras, ¿sabes? Pero tenemos que seguir adelante, y el sol sale por la mañana”.
Eso también es algo importante que enseñar a la próxima generación, sostuvo Rollin Black, quien trabaja con el Center for Sustainable Engagement and Development (Centro para la Participación y el Desarrollo Sostenible), una de las organizaciones asociadas en la plantación de árboles. También tiene familia en Nueva Orleans, y explicó que restaurar el medio ambiente ha sido una forma de abordar los problemas que veía. El ver a los niños participar es de ayuda.
“Eso me trae un poquito de alegría al corazón, que de verdad se inspiren con lo que estamos haciendo. Así que quizá podrían volver o tal vez tengan alguna razón para vivir en Nueva Orleans”, agregó Black.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.






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