Escala crisis entre Argentina y Brasil; el comercio por ahora al margen

Argentina lamentó el miércoles la decisión “unilateral” de su vecino Brasil de reducir la relación diplomática tras los recientes ataques del presidente argentino Javier Milei contra su par brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva que han llevado la histórica alianza entre los socios comerciales a un punto crítico.
“Lamentamos, porque nosotros entendemos que hay otro camino para preservar las relaciones entre países”, manifestó el canciller argentino Pablo Quirno en una rueda de prensa.
Brasil dispuso el retiro de su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y que la representación diplomática quede bajo un encargado de negocios, en un hecho sin precedentes en la historia reciente. La decisión dada a conocer la víspera fue en respuesta a los agravios dirigidos por el liberal Milei al progresista mandatario brasileño, a quien tildó de “ladrón”, “presidiario” y “basura socialista”.
Quirno confirmó el miércoles que Brasil también solicitó el retiro del embajador argentino Daniel Raimondi de suelo brasileño.
En términos formales, reducir el vínculo a encargados de negocios es llevar la representación diplomática al mínimo antes de romper relaciones.
Punto de no retorno
Aún antes de llegar al poder en 2023, Milei había lanzado duras críticas contra Lula, a quien considera uno de los exponentes del populismo de izquierda que a su entender llevaron a la decadencia de Latinoamérica.
En las últimas décadas se había vuelto una tradición que los presidentes electos de ambas naciones visitaran primero al vecino país, en un gesto para reforzar la estratégica alianza comercial entre los dos gigantes de Sudamérica. Ni Milei ni Lula cumplieron con la costumbre.
La actual tensión diplomática se desató el 25 de julio cuando Milei concurrió a la convención partidaria del senador Flávio Bolsonaro —hijo del expresidente Jair Bolsonaro—, quien será el rival de Lula en las elecciones de octubre.
En aquella ocasión, Milei no solo agravió a Lula, sino que también acusó al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes de ser una “basura”. De Moraes había rechazado una solicitud del presidente argentino para visitar al expresidente Bolsonaro (2019-2023), quien cumple bajo arresto domiciliario una condena de 27 años por un intento de golpe de Estado.
Lejos de bajar el tono, Milei redobló sus críticas hacia el presidente de Brasil en sucesivas entrevistas que brindó la última semana. Y resaltó que Lula no tuvo impedimento de visitar a la expresidenta argentina Cristina Fernández (2007-2015) el año pasado en su domicilio, donde cumple una condena a seis años de prisión por corrupción.
“No tenemos que perder de vista que las reacciones argentinas nunca fueron a nivel diplomático”, acotó Quirno sobre ese hecho.
No obstante, el canciller afirmó que “tenemos diferencias ideológicas profundas; la región está cambiando de dirección también ideológica. Nosotros lo celebramos y esperamos que eso también suceda en Brasil”.
El comercio por ahora al margen
Brasil es el principal socio comercial de la Argentina desde principios de la década de 1990. El intercambio comercial tuvo su punto récord en 2011, cuando rozó los 40.000 millones de dólares.
Vehículos, autopartes, insumos agrícolas, petróleo y derivados lideran el comercio entre ambos países, que en junio fue deficitario para Argentina en 241 millones de dólares.
“No creo que esto (la crisis diplomática) impacte demasiado en las relaciones comerciales entre los dos países”, opinó Marcelo Elizondo, director del comité de Economía Internacional del Consejo Argentino para las relaciones Internacionales (CARI).
“Están amparadas por instituciones muy sólidas, tratado Mercosur —bloque comercial que tiene como fundadores a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y a Bolivia como miembro pleno desde hace dos años—, acuerdo bilateral para industria automotriz… esos acuerdos tienen garantías de vigencia. Incluso tienen previsto mecanismos de interrupción, pero ninguno incluye mala relación entre presidentes”, sostuvo.
El experto, no obstante, advirtió que el clima de tensión podría demorar potenciales inversiones, al menos hasta las elecciones presidenciales de octubre en Brasil.





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