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A 30 años de su muerte, Gilda encarna la fe perdurable de Argentina en los santos populares

ARGENTINA-GILDA-LEGADO
ARGENTINA-GILDA-LEGADO (AP)

Cuando un autobús de gira que transportaba a una querida cantante de cumbia, conocida por su nombre artístico Gilda, chocó con un camión hace treinta años, Argentina quedó en shock. Miriam Alejandra Bianchi murió a los 34 años, pero pervive en la leyenda como una santa popular que obra milagros.

En una capilla cerca del lugar del accidente, algunos fans se arrodillaron en oración, con la mirada llena de emoción. Otros cantaron y bailaron estruendosamente al ritmo de sus mayores éxitos.

Gilda pasó de estrella de la canción a santa popular

Durante su vida, Gilda fue una muy querida cantante de cumbia, una fusión de pop latino y música bailable que goza de enorme popularidad en Argentina.

Su fama no hizo más que crecer tras su muerte. Un álbum póstumo alcanzó doble platino, mientras sus animadas canciones resonaban más allá de los abarrotados salones de baile donde cautivó a las multitudes desde sus inicios, convirtiéndose en himnos nacionales del desamor y el deseo. Sus seguidores, vestidos con camisetas que la mostraban con un vestido azul brillante y una corona de flores, comenzaron a peregrinar cada año al lugar del choque, compartiendo historias de Gilda según las cuales, la artista se aparecía en sus sueños y respondía a sus plegarias.

Como otros santos populares argentinos, Gilda no está reconocida formalmente por la Iglesia católica. Pero los devotos le piden que lleve sus oraciones a Dios, del mismo modo que los católicos invocan a los santos reconocidos por la Iglesia, en busca de sanación, protección y ayuda para superar dificultades.

El lunes, decenas de devotos de Gilda acudieron a rendirle homenaje junto a los restos oxidados del autobús de la gira, hoy conservados como un monumento a un costado de la carretera nacional que bordea el lodoso río Paranacito, en Argentina. El autobús rebosa de flores, peluches, velas votivas y pedidos de ayuda escritos a mano. Una capilla cercana está abarrotada de vestidos de novia de mujeres cuyo deseo de casarse se cumplió tras una visita, trofeos y camisetas ofrecidos por campeones cuyos sueños deportivos se hicieron realidad, muletas abandonadas por quienes pudieron volver a caminar y uniformes policiales dejados por agentes que obtuvieron ascensos después de rezarle.

“Así que, para mí, por eso, Gilda es fe, poner todo en manos de Dios y la intercesión a través de Gilda”, señaló Julia Domínguez, de 63 años. Ella atribuye a Gilda haberle curado unos crecimientos en las cuerdas vocales hace casi dos décadas, lo que la libró de una riesgosa cirugía y la inspiró a convertirse en cantante. “Para mí fue un milagro esa curación. Hoy puedo cantar gracias a ella”.

Los santos populares de Argentina inspiran generaciones de devoción

El santuario, a unas dos horas en auto hacia las praderas al norte de Buenos Aires, ofrecía una mirada a una tradición centenaria de santos populares profundamente arraigada en Argentina, aun mientras la influencia de la iglesia Católica disminuye.

Ese desgaste es uno de los mayores desafíos que enfrenta el papa León XIV mientras planifica su primera gira como pontífice por Sudamérica, hogar de más de una cuarta parte de los católicos del mundo. Tiene previsto visitar Argentina, Uruguay y Perú en noviembre.

Si se recorren las rutas de Argentina, los santuarios dedicados a un creciente panteón de santos no oficiales aparecen por todas partes: banderas rojas señalan altares al Gauchito Gil, un forajido del siglo XIX venerado como un Robin Hood argentino. Botellas plásticas de agua se amontonan en santuarios de la Difunta Correa, quien, según la leyenda, amamantó milagrosamente a su bebé después de morir de sed en el desierto. Incluso el astro del fútbol argentino, Diego Maradona, se ha convertido en objeto de una devoción cuasirreligiosa.

“Una de las respuestas más comunes que uno encuentra es que te dicen que el santo, la divinidad, acompaña todos los días de la vida”, señaló Cleopatra Barrios, investigadora de la religiosidad popular en el Conicet, el organismo nacional de investigación científica de Argentina. “Los milagros no se entienden como desde el punto de vista de la iglesia Católica, como algo extraordinario. En este caso, son cosas que suceden todos los días”.

Como ocurre con otros santos —populares y de otro tipo—, parte del atractivo de Gilda parece provenir de lo cercana que se mantuvo incluso mientras crecía su fama cuando aún estaba viva, cantando cumbia en cárceles e intercambiando cartas íntimas, escritas a mano, con sus fans.

“Por todo lo que pasó, siempre pido ’acompáñame”, afirmó Paola Martini, de 46 años, quien organiza viajes al santuario de Gilda desde distintos puntos de Argentina, expresó: “Es así, tal cual, tiene mucha magia. La siento”.

La Iglesia se adapta, pero no reconoce a los santos no oficiales

El clero católico no ha desalentado directamente la devoción a los santos populares, pero ha buscado orientar la adoración de los fieles hacia Dios. Dos sacerdotes celebraron misa el lunes en el santuario de Gilda, pero no mencionaron su condición de santa popular e instaron a los devotos a mantener a Dios en el centro de su fe.

Mientras el creciente secularismo y las ramas rivales del cristianismo le restan fieles al catolicismo en toda la región, León ha asumido los esfuerzos de su predecesor argentino, el papa Francisco, por acercar la Iglesia a la gente común, en particular a los pobres.

León, miembro de la orden agustiniana, cuyas enseñanzas enfatizan el servicio y la comunidad, tiene previsto visitar una cárcel de Buenos Aires y un centro para personas con discapacidad durante su viaje de noviembre, dijeron el lunes funcionarios de la Iglesia argentina a medios locales. Hasta el momento, el Vaticano no ha confirmado el itinerario del papa.

Así que bueno, estamos esperando (a León), estamos todos preparándonos para eso”, señaló Domínguez, e insistió en que no veía ninguna contradicción con su fe católica romana al invocar a Gilda para que la protegiera. “Esos son los santos populares. Que no los reconoce la Iglesia, pero sí a veces el pueblo los reconoce primero”.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

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