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Trabajadores que combaten el ébola en Congo hacen huelga por salarios mientras las muertes rozan 600

ÉBOLA-TRABAJADORES DE SALUD
ÉBOLA-TRABAJADORES DE SALUD (AP)

Trabajadores de la salud en el epicentro del brote de ébola en República Democrática del Congo están abandonando sus puestos para protestar por los retrasos en sus pagos, lo que amenaza los esfuerzos por frenar el brote, que, según las autoridades, sigue propagándose más rápido que la respuesta.

En la provincia de Ituri, la más golpeada de las tres provincias del este de Congo afectadas por el brote, algunos profesionales de la salud y otros trabajadores de primera línea dijeron a The Associated Press que no han recibido sus salarios y bonificaciones desde que se declaró el brote el 15 de mayo. También alegaron que estaban trabajando con equipo limitado y que estaban siendo tratados de manera injusta por las autoridades, así como por los equipos de respuesta.

“Desde que se declaró el brote de la enfermedad por el virus del ébola, hemos estado exigiendo el pago por nuestro trabajo”, dijo a The Associated Press el doctor Biensi Kano, miembro del comité de vigilancia epidemiológica en Bunia, capital de Ituri.

Los datos más recientes del gobierno muestran 1.708 casos registrados, incluidos 580 fallecimientos, y que el primer mes de este brote de ébola ya fue el peor del que se tenga registro, indicaron las autoridades sanitarias. La protesta laboral coincidía con el inicio de las inscripciones para ensayos clínicos del tratamiento del virus de Bundibugyo, responsable de este brote.

Centros de tratamiento casi al límite

La representante de la Organización Mundial de la Salud en Congo, la doctora Anne Ancia, señaló el martes que el virus sigue propagándose, impulsado por los movimientos de población y la inseguridad, mientras algunos centros de tratamiento están casi a plena capacidad.

El impago de prestaciones “nos expone a nosotros y a nuestras familias a importantes dificultades socioeconómicas y socava gravemente nuestras condiciones de vida”, manifestó Kano.

En un aviso oficial dirigido a autoridades nacionales y provinciales durante el fin de semana, trabajadores de primera línea en Ituri amenazaron con ir a huelga si los salarios no se pagaban en 24 horas. Para el martes, algunos ya habían dejado de trabajar, aunque no se ha declarado ninguna huelga oficial.

Entre los trabajadores de primera línea inconformes también hay equipos de seguridad y protección, quienes a menudo realizan labores de contacto con las comunidades locales, así como los encargados de enterrar a pacientes que murieron por ébola.

El gobierno congoleño no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios sobre la situación. Sin embargo, funcionarios en Ituri afirmaron que se han reunido con los trabajadores y que sus preocupaciones están siendo atendidas.

“El hecho de que el aeropuerto de Bunia esté cerrado está obstaculizando la propia implementación de la respuesta, en particular ciertos aspectos del flujo de fondos. Esta es una de las razones que puede explicar el retraso en el pago”, explicó a The Associated Press Akilimali Pierre, gestor del incidente en el Instituto Nacional de Salud Pública de Congo.

Algunos trabajadores organizaron una protesta el lunes ante el centro de tratamiento de ébola de Rwampara. Prendieron fuego a neumáticos, lo que provocó un breve momento depánico en los alrededores antes de que la policía interviniera para restablecer el orden.

Los trabajadores de la salud también enfrentan otros desafíos, incluidos ataques de residentes enojados y escepticismo sobre el virus.

"Corremos el riesgo de morir por nada"

El doctor Ben Bakule, investigador comunitario, contó que estuvo a punto de morir a finales de mayo cuando un grupo de jóvenes enfurecidos les atacaron a él y a sus colegas mientras rastreaban contactos de un caso confirmado de ébola en la aldea de Tutu, en el territorio de Djugu.

“Gastamos dinero en transporte para ir a trabajar. Pensamos que seríamos recompensados. En este momento, nada está saliendo bien porque no nos están pagando. No merecemos este tipo de trato”, comentó a The Associated Press.

“Puede que tengamos que renunciar a nuestros trabajos. Estos son riesgos que estamos asumiendo. Corremos el riesgo de morir por nada. Este gobierno quiere que esta epidemia continúe”, añadió Bakule, con la voz teñida de frustración.

Cuando visitó el mes pasado la ciudad minera de Mongbwalu —considerada el punto crítico de la enfermedad—, el ministro de Salud de Congo, Roger Kamba, aseguró a los equipos de respuesta que el gobierno estaba priorizando sus condiciones de trabajo.

“Todos los médicos, todas las enfermeras y todo el personal que trabaja en la respuesta contará con apoyo total. Tenemos el dinero para eso”, afirmó Kamba en ese momento.

Pero los trabajadores de primera línea dicen que la realidad es distinta.

“Estamos haciendo todo lo que podemos para que el público entienda lo peligrosa que es esta enfermedad. Vine aquí para salvar vidas, pero así es como me lo agradecen. Estamos trabajando día y noche sin que nos paguen”, expresó el doctor Ghislain Maneba, epidemiólogo e investigador comunitario en la zona de salud de Rwampara.

Mientras tanto, la paralización de algunos trabajadores ha generado preocupación entre los residentes de Ituri, donde las medidas para frenar el brote han provocado dificultades económicas.

La residente de Bunia Anifa Kito dijo que teme que los esfuerzos de respuesta flaqueen, complicando aún más la vida diaria. “Le pediría a las autoridades que resuelvan esta situación antes de que las cosas empeoren”, señaló, de pie frente a su puesto de tomates.

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El periodista de AP Constant Same Bagalwa en Bunia contribuyó a este despacho.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

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