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Mientras Congo lucha contra el ébola, voluntarios cocinan para pacientes y sanitarios

AFR-MED CONGO-ÉBOLA
AFR-MED CONGO-ÉBOLA (AP)

Arlette Basekawike, voluntaria de la agencia alimentaria de Naciones Unidas en Bunia, el epicentro del brote de ébola en República Democrática del Congo, pasa la mayor parte de su tiempo en un pequeño cobertizo en el exterior de un centro de salud preparando comidas para pacientes y trabajadores sanitarios.

Con el cabello cubierto por un gorro rosa, prepara gachas, tortillas y pan para el desayuno de los pacientes del Centro Médico Evangélico. Los menús del almuerzo y la cena pueden incluir pescado fresco con fufu, un alimento básico rico en almidón hecho a base de plátanos machacados, y se rematan con fruta.

“Aunque los pacientes tienen esta enfermedad, se sienten mejor cuando comen, y los médicos tienen energía para atender a los enfermos y darles medicamentos", dijo Basekawike a The Associated Press el lunes, mientras preparaba verduras y papas con carne de cabra en una gran olla. "Estoy aquí para ellos como una madre, preparando comida para que se sientan cómodos”.

Su contribución puede parecer, a simple vista, una tarea sencilla, pero se ha convertido en uno de los apoyos críticos para la región, que enfrenta la rápida propagación del raro virus de Bundibugyo, una especie de ébola confirmada en el este de Congo en mayo.

La Organización Mundial de la Salud reportó que, hasta el martes, se confirmaron 321 casos de la enfermedad del ébola y 48 muertes en tres provincias orientales del país centroafricano: Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur. Según la agencia, en la vecina Uganda se confirmaron nueve casos y una muerte, lo que llevó a las autoridades a cerrar la frontera con República Democrática del Congo.

Antes del brote, la asediada región ya enfrentaba una de las crisis alimentarias más graves del mundo debido a un conflicto en curso que ha desplazado a millones de personas, mientras las fuerzas gubernamentales combaten a los rebeldes. La propagación del virus ha añadido otra capa de complejidad que, según la ONU, podría complicar los esfuerzos para controlar la propagación del virus entre una población ya recelosa.

“Estamos en una región donde ya tenemos grandes segmentos de la población que sufren inseguridad alimentaria aguda vinculada ya sea a la guerra o al desplazamiento·, explicó Olivier Nkakudulu, responsable del Programa Mundial de Alimentos en la provincia de Ituri. "Así que ya hay necesidades y el ébola es una crisis más que se suma a otra crisis”.

El PMA, una agencia con recursos limitados, enfrenta una decisión crítica, ya que los recortes de ayuda de Estados Unidos y otros donantes importantes han interrumpido las operaciones en la región vulnerable. Los esfuerzos para contener la enfermedad —que la OMS ha calificado de emergencia sanitaria mundial— se han visto obstaculizados por la falta de fondos debido a la retirada o reducción de las aportaciones de los socios internacionales.

Además, los ataques de residentes desconfiados a trabajadores sanitarios y el lento reparto de la ayuda debido al conflicto en curso han dificultado frenar la propagación del virus.

Pese a los desafíos, la agencia y los trabajadores sanitarios afirman que, hasta ahora, han garantizado que se cubran las necesidades nutricionales de los pacientes.

“Hoy tenemos que aumentar la cantidad porque el número de pacientes ha subido”, indicó Esther Bao, enfermera y una de las voluntarias. También hay pacientes que, por su estado de salud, “no toman cualquier comida”, añadió.

Para el virus de Bundibugyo no hay vacuna ni tratamiento aprobados. Sin embargo, el tratamiento se ha centrado en los síntomas y cinco personas se han recuperado.

El brote continúa propagándose: de las tres zonas sanitarias afectadas inicialmente ha pasado a 22 hasta este fin de semana, de acuerdo con el Ministerio de Salud congoleño.

Nkakudulu indicó que el domingo se sirvieron 120 comidas en cuatro centros de salud, lo que elevó el total a 404 desde que comenzó la asistencia alimentaria el 28 de mayo. Pero apuntó que la situación financiera no ha sido fácil.

“Sin más financiamiento, quizá no podamos priorizar cada caso sospechoso", agregó. "Puede que tengamos que centrarnos en algunos y no tengamos comida para darles a otros”.

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Adetayo informó desde Lagos, Nigeria.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

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