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¿Es posible elegir lo que soñamos cada noche?

No existe actualmente una forma de tener un control absoluto y constante sobre los sueños

¿Cuál Es La Postura Ideal Para Dormir?

Pregunta formulada por Alberto, de 14 años. IES La Madraza, Granada.

La idea de poder soñar exactamente lo que nos apetezca, en el momento que queramos, resulta muy atractiva. Imaginar que podemos “elegir” nuestros sueños como si fueran una película antes de dormir es algo que mucha gente se ha planteado alguna vez.

Sin embargo, y siendo realistas, no existe actualmente una forma de tener un control absoluto y constante sobre los sueños. El cerebro, cuando dormimos por la noche, funciona de manera en gran parte automática y sigue procesos que no dependen completamente de nuestra voluntad consciente.

Aun así, esto no significa que no se pueda influir de algún modo: existen técnicas que, con práctica, pueden aumentar significativamente las probabilidades de dirigir o moldear de alguna manera el contenido de nuestras “aventuras” bajo las sábanas.

Uno de los fenómenos más estudiados en este fascinante ámbito de nuestra mente es el “sueño lúcido”, o sea, cuando alguien es consciente de que está soñando mientras el sueño ocurre
Uno de los fenómenos más estudiados en este fascinante ámbito de nuestra mente es el “sueño lúcido”, o sea, cuando alguien es consciente de que está soñando mientras el sueño ocurre (Alamy/PA)

Trucos para antes o después de dormir

Para empezar, una de las herramientas más útiles es llevar un diario de sueños. Consiste en anotar todo lo que recuerdes justo al despertar, aunque sean fragmentos o sensaciones vagas. Este hábito mejora la memoria onírica (o capacidad de recordar los sueños) y hace que el cerebro preste más atención a esas imágenes o historias. Con el tiempo, también ayuda a identificar patrones o elementos recurrentes (personas, lugares, situaciones extrañas) que pueden servir como señales de que estás soñando.

También puede ayudar la denominada “incubación de sueños”. Consiste en centrarte intensamente en una idea, imagen o situación antes de dormir. Por ejemplo, puedes imaginar con detalle que estás en una playa, que hablas con una persona concreta o que te tomas un helado gigante. Cuanto más vívida y repetida sea esa visualización, más probabilidades hay de que aparezca en el sueño. Aunque no es una garantía de que suceda, claro.

Tú llevas las riendas

Uno de los fenómenos más estudiados en este fascinante ámbito de nuestra mente es el “sueño lúcido”, o sea, cuando alguien es consciente de que está soñando mientras el sueño ocurre. En algunos casos, esa consciencia permite intervenir en el desarrollo del sueño: cambiar escenarios, tomar decisiones voluntarias o incluso alterar las reglas “físicas” del mundo onírico, como volar o atravesar paredes. Aunque no todas las personas experimentan sueños lúcidos de forma natural, muchas pueden aprender a tenerlos con entrenamiento.

Una técnica para conseguirlo son los “chequeos de realidad”. Durante el día, varias veces, te detienes y te preguntas si estás soñando. Quizá te parezca extraño, pero al repetirlo con frecuencia se convierte en un hábito mental que puede trasladarse al sueño. Cuando eso ocurre, puedes darte cuenta de que lo que estás viviendo no es real, lo que desencadena un sueño lúcido. Algunos ejemplos de chequeos incluyen mirar un texto dos veces (en los sueños suele cambiar), observar tus manos o intentar atravesar un objeto con un dedo.

El momento del sueño también es importante. Los sueños más intensos y narrativos (reales o elaborados) ocurren durante una fase denominada sueño REM, que se repite varias veces a lo largo de la noche, y con mayor frecuencia en el último tercio. Aquí se encuentra una de las principales diferencias entre los “terrores nocturnos” y las “pesadillas”. Los primeros aparecen en sueño no REM (concretamente, en las fases de sueño profundo), mientras que las pesadillas ocurren en fase REM.

Acerca del autor

Raúl Quevedo-Blasco es doctor en Psicología en el Laboratorio del Sueño y Promoción de la Salud (Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento-CIMCYC) de la Universidad de Granada.

Este artículo se publicó por primera vez en The Conversation y se publica bajo licencia Creative Commons. Puedes leer el artículo original aquí.

Dormir bien, mantener horarios regulares y evitar interrupciones bruscas ayuda a recordar mejor los sueños y aumenta las posibilidades de tener experiencias más vívidas.

Cuando dormimos, el cerebro es incontrolable

De todos modos, hay que ser realista: es imposible garantizar que cada noche soñarás exactamente lo que quieres, como si eligieras una película en una plataforma, ni mantener un control total de principio a fin. Incluso las personas con mucha experiencia en sueños lúcidos no lo consiguen siempre, y a veces los sueños pueden volverse inestables o cambiar de forma inesperada.

El cerebro sigue generando contenido de manera espontánea, y esa es precisamente una de las características fundamentales de esas experiencias oníricas que tanto nos intrigan.

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