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Cómo las series españolas de Netflix ya no parecen ser de España

Netflix se ha convertido en un laboratorio donde las series españolas experimentan cambios narrativos y estéticos que buscan funcionar tanto dentro como fuera de España

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Sería generalista, arriesgado y posiblemente impreciso afirmar que las series españolas de Netflix no parecen españolas. No obstante, tampoco es una afirmación del todo desmesurada.

Las series nacionales que hemos disfrutado durante décadas en la televisión lineal siempre se han caracterizado por el costumbrismo, la presencia del folclore español, el humor local, las referencias propias de su tiempo y de ciertas subtramas basadas en conflictos familiares o sociales muy enraizados en la historia reciente del país.

Farmacia de guardia, Médico de familia, Cuéntame cómo pasó, Los Serrano, Los hombres de Paco, Aquí no hay quién viva y su spin-off La que se avecina tienen un sello nacional que, nos guste o no, es altamente incuestionable y beben de un imaginario made in Spain que las hace únicas e irrepetibles. Estas producciones hablan directamente al espectador español, con referencias compartidas, ritmos pausados, temporadas largas, personajes entrañables y, de una forma u otra, se adhieren al sustrato cultural nacional.

La mayoría de las producciones españolas surgidas de Netflix mantienen una esencia nacional que subyace tanto en el subtexto como en la construcción de algunos personajes.
La mayoría de las producciones españolas surgidas de Netflix mantienen una esencia nacional que subyace tanto en el subtexto como en la construcción de algunos personajes. (Julio Vergne/NETFLIX)

Netflix: ¿una ventana para lo español?

Las producciones cinematográficas, como ha sucedido en prácticamente todos los ámbitos de la industria cultural y de entretenimiento, se han hecho más transnacionales y homogéneas, especialmente desde 2015, con la llegada a España de plataformas de vídeo bajo demanda como Netflix, Amazon Prime Video, Max, Apple TV o Disney+, entre otras. Estas permiten que los productos nacionales se exhiban más allá de nuestras fronteras, y puedan, en el mejor de los casos, conquistar audiencias internacionales.

En Netflix este cambio se empezó a hacer visible con series como La casa de papel, Élite, Las chicas del cable, Berlín y Respira. Más recientemente, series como Salvador, La chica de la nieve o El cuco de cristal, confirman cómo esta tendencia sigue consolidándose.

Así ha cambiado la ficción seriada nacional

Netflix se ha convertido en un laboratorio donde las series españolas experimentan cambios narrativos y estéticos que buscan funcionar tanto dentro como fuera de España, lo cual resulta razonable si tenemos en cuenta su alto coste de producción.

Como consecuencia, se observa una cierta estandarización emocional de las series españolas producidas bajo el paraguas de la plataforma. Los conflictos son cada vez más universales: trauma, identidad, deseo, culpa o ambición. Lo local aparece menos como tema y más como decoración, como parte del sello autoral o como guiño al espectador nacional. Esta semilla narrativa puede funcionar, con ligeros cambios, en otros países, lo que permite a Netflix capitalizar más la producción. Es un fenómeno lógico, pero invita a reflexionar sobre cómo estos cambios afectan a la identidad de nuestras historias.

La música es uno de los elementos más visibles de la transformación de la ficción española en Netflix. Ya no se limita a melodías o canciones que apelan a la nostalgia nacional, sino que recurre con frecuencia a hits globales que puedan resonar con audiencias internacionales. Ejemplo de ello son la utilización de “Felicità” de Al Bano & Romina Power, un clásico italiano de los 80, en Berlín, o “Bella Ciao”, un himno partisano que popularizó la resistencia italiana durante la Segunda Guerra Mundial, en La casa de papel.

La dirección de arte y el diseño global de producción de las series españolas en Netflix son más cercanos al cine hollywoodiense. El uso de cliffhangers –momentos de tensión intensa– continuados entre capítulos o ritmos más altos y más escenas con acción y dramatismo también son signos de esta internacionalización narrativa por el influjo de la plataforma.

Conviene subrayar que estos cambios no son exclusivos del caso español, sino que se extienden a otros contextos nacionales donde las plataformas también están redefiniendo los códigos de producción de las series.

Acerca de los autores

Maria Fitó-Carreras es profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias de la Comunicación en la Universitat Internacional de Catalunya. Alfonso Freire-Sánchez es investigador del área de cultura y narrativa audiovisual y creatividad en la Universitat Abat Oliba CEU. Montserrat Vidal-Mestre es Doctora en Comunicación audiovisual en la Universitat Autònoma de Barcelona.

Este artículo se publicó por primera vez en The Conversation y se publica bajo licencia Creative Commons. Puedes leer el artículo original aquí.

Cuando lo español habla al mundo en Netflix

En cierta manera, la mayoría de las producciones españolas surgidas de Netflix mantienen una esencia nacional que subyace tanto en el subtexto como en la construcción de algunos personajes. Por tanto, es más apropiado hablar de glocalización –lo global adaptado a lo local– que de canibalismo cinematográfico global.

Se produce, por tanto, una hibridación cultural muy interesante al replicar temáticas contemporáneas abordadas sin complejo y desde un contexto reconocible. Es decir, se mezclan lo global y lo local: los temas son universales (deseo, trauma, ambición…), pero siempre están tratados desde un contexto español, casi en un segundo plano, que los hace reconocibles para el público local.

Dicho de otro modo: la narrativa de las series españolas funciona tanto dentro como fuera de nuestras fronteras porque lo específico se minimiza. Esta dinámica podría cuestionar si la exportación no está poniendo en riesgo la identidad cultural de las producciones españolas, que parece orientarse cada vez más hacia la maximización de beneficios.

Todo lo anterior nos lleva a pensar que hemos pasado de una España que hablaba de sí misma en las series a una España hablándole al mundo con producciones más ambiciosas y menos costumbristas y estereotipadas, pero con un ADN muy propio de la cultura plural nacional.

Por tanto, quizá esta sea la verdadera transformación: antes contábamos historias para mirarnos y ahora las contamos sabiendo que nos están mirando. La cuestión no es si Netflix ha cambiado el cine y las series españolas, es si sabremos seguir siendo nosotros mismos mientras aprendemos a hablar en este nuevo altavoz glocal.

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