Por qué ‘Euphoria’ se ha convertido en una de las series más tóxicas y polémicas de la televisión
Entre los rumores de una supuesta disputa entre Zendaya y el creador Sam Levinson, y las dudas que rodean sus numerosas escenas de desnudo, la exitosa serie juvenil de HBO regresó envuelta en un clima de incertidumbre. Así, lo que comenzó como un fenómeno televisivo terminó rodeado por el drama de su propia producción, escribe Adam White
Si damos crédito a ciertos rumores que circularon en internet, Zendaya llegó el martes por la noche con un elegante retraso al estreno en Los Ángeles de su controvertida serie de HBO, Euphoria. Posó para los fotógrafos, abrazó brevemente al creador de la serie, Sam Levinson, con el afecto forzado de un niño al que le piden que abrace a un primo que huele mal y luego subió a un automóvil que la esperaba rumbo a un destino desconocido.
Pero la realidad fue distinta. Zendaya no salió apresurada de lo que algunos describieron como la escena del crimen (o, como también se la conoce, la tercera temporada del ejercicio más agotador de nihilismo pop en la televisión). Al contrario, conversó con entusiasmo con sus compañeros de reparto y después tomó asiento en el Teatro Chino TCL para ver en pantalla a su personaje ingerir bolsas de fentanilo.
Tal vez, después de todo, la situación detrás de Euphoria no era tan desastrosa como algunos habían imaginado.
Dicho esto, quizá no importe demasiado. Desde su estreno en el verano de 2019, sus 26 episodios abarcan una pandemia, varias guerras internacionales y dos presidencias de Trump, Euphoria se volvió tan conocida por sus historias ficticias de adicción y depravación típicamente estadounidenses como por el drama que rodea su producción, ya sea documentado con precisión o alimentado por rumores y teorías de adolescentes en TikTok.
¿Zendaya y su coprotagonista Sydney Sweeney están enfrentadas? ¿La serie explota de forma sórdida a su joven elenco? ¿Sam Levinson irradia mala vibra o es simplemente un creador incomprendido? La tercera temporada —que en teoría será la última— llegó en medio de una avalancha de preguntas como estas, sin respuestas claras a la vista.
Con tanta angustia y rabia atravesando la serie, no sorprenderá que muchos sientan alivio cuando finalmente llegue a su fin.
Quizá siempre iba a ser así. Euphoria nació con una intensidad extrema y, desde entonces, no ha hecho más que aumentar su volatilidad. Puede imaginarse como una pesadilla al estilo Skins, narrada desde la perspectiva de Rue Bennett, interpretada por Zendaya: una adolescente introspectiva que enfrenta problemas de salud mental y una fuerte adicción a las drogas.
En la primera temporada, a su alrededor gira un amplio grupo de personajes, cada uno atrapado en distintas formas de autodestrucción. Cassie, interpretada por Sydney Sweeney, se expone a diversas formas de explotación sexual; Nate, encarnado por Jacob Elordi, es una figura marcada por la violencia y una profunda confusión sexual; Kat, interpretada por Barbie Ferreira, trabaja como camgirl mientras lidia con serios problemas de imagen corporal.
Puede que Sam Levinson recurriera a una larga lista de temas que recuerdan a los viejos programas de Jerry Springer, es decir, adolescentes fuera de control, adicción a la pornografía, identidades y fetiches sexuales, pero aun así creó algo difícil de ignorar. Euphoria se convirtió en un fenómeno: cuando se estrenó su segunda temporada en 2022, solo Juego de tronos la superaba entre las series más vistas de HBO. Un enorme público joven se volcó a la serie y se dejó atrapar por su magnetismo oscuro. Diseñada para provocar, inquietar y seducir, Euphoria cumplió con su objetivo.
También fue el punto de partida de una nueva forma de fanatismo televisivo parasocial que, desde entonces, ha marcado la reacción del público ante producciones muy distintas, desde la polémica telenovela sobre hockey sobre hielo Heated Rivalry hasta el drama médico The Pitt. Muchos espectadores empezaron a construir en su mente una especie de fanfiction sobre Sam Levinson y las estrellas de la serie, y esas narrativas pronto se desbordaron.
Sydney Sweeney, por ejemplo, expresó en una entrevista con The Independent su admiración por Levinson y destacó lo útiles que habían sido sus conversaciones sobre las numerosas escenas de desnudo de su personaje. Sin embargo, parte del fandom cambió rápidamente el foco del debate y comenzó a cuestionar si Levinson debía haber escrito tantas escenas de ese tipo para ella desde el principio.
Las entrevistas con dos de las estrellas invitadas de la serie, Minka Kelly y Chloe Cherry, también alimentaron la polémica. Ambas comentaron que al principio se sintieron incómodas con algunas escenas de desnudo que les propusieron, aunque señalaron que esas secuencias se suavizaron antes de comenzar el rodaje.
A esto se sumaron los rumores sobre una supuesta ruptura entre Sam Levinson y Barbie Ferreira, quien anunció su salida de la serie tras el final de la segunda temporada, y un artículo publicado por The Daily Beast que describía las extenuantes jornadas de filmación del programa. Todo ello contribuyó a intensificar el debate en torno a la producción de Euphoria.

Siempre pareció un asunto más complejo de lo que internet sugería. Si alguien que trabajó en Euphoria presentó quejas formales contra Levinson, el público nunca lo supo. Por el contrario, Sydney Sweeney y Minka Kelly afirmaron que el creador se mostró dispuesto desde el principio a escuchar sus propuestas para reducir las escenas de desnudo que se les habían planteado.
En el caso de Chloe Cherry, la incomodidad fue señalada por uno de sus compañeros de reparto, lo que abrió preguntas legítimas sobre las dinámicas de poder dentro del set. A diferencia de Sweeney o Kelly, Cherry no era una actriz consagrada cuando obtuvo el papel. Aun así, ese episodio tampoco constituye una prueba concluyente.
Lo que sí parece claro es que Levinson acumuló un enorme control creativo sobre la serie. En la segunda temporada, tan polémica como exitosa, escribió y dirigió todos los episodios. Ese poder se mantuvo pese a las críticas recogidas en un artículo de The Hollywood Reporter publicado en 2024, que señalaba su tendencia a gastar demasiado en cada episodio y cuestionaba su falta de la disciplina comercial que suele caracterizar a showrunners más experimentados.
Entre la segunda y la tercera temporada pasaron cuatro años, y durante ese tiempo Levinson se volvió una figura todavía más enigmática. El regreso de Euphoria se retrasó, según diversos reportes, porque su elenco principal estaba ocupado con otros proyectos, ya que Zendaya, Sweeney y Jacob Elordi se han convertido en estrellas de cine muy solicitadas, pero también por la incertidumbre tras bambalinas.
El mismo artículo de The Hollywood Reporter sugería que Levinson estaba tan concentrado en The Idol, un proyecto personal y costoso para la estrella del pop The Weeknd que fracasó tras su estreno en 2023, que Zendaya llegó a organizar una reunión con ejecutivos de HBO para expresar su frustración. Otras versiones señalaban tensiones creativas entre ambos. Zendaya, quien también es productora de Euphoria, no habría estado satisfecha con las ideas de Levinson para la historia de Rue en la tercera temporada. Según esos rumores, ella proponía que una Rue ya sobria trabajara como madre sustituta; Levinson, en cambio, imaginaba al personaje como una detective privada.

Para alguien tan famoso, Zendaya es una figura notablemente reservada. Rara vez habla de sus ideas políticas, de sus decisiones creativas o de sus relaciones profesionales, y nunca ha comentado de forma directa los rumores sobre un posible desacuerdo con Sam Levinson.
Aun así, incluso con esa discreción en mente, da la impresión de que algo cambió entre ambos. Su colaboración creativa, que durante años resultó muy fructífera y que también incluyó la película de Netflix Malcolm & Marie, rodada durante la pandemia, parece haberse enfriado. Zendaya apenas promocionó la tercera temporada de Euphoria: su primera mención en Instagram apareció solo 13 días antes del estreno. En contraste, ha promocionado con entusiasmo su película de A24, El drama, y dedicó espacio inmediato en sus redes a sus próximos proyectos, Dune: Part Three y Spider-Man: Brand New Day. Cuando habló de la serie en una entrevista con Drew Barrymore a comienzos de abril, lo hizo con frases vagas centradas en su gratitud por el proyecto.
Levinson, por su parte, también ha mantenido un silencio llamativo sobre su protagonista. Cuando The New York Times le preguntó la semana pasada si su relación con Zendaya había cambiado a lo largo de la serie, evitó responder. “No puedo evitar apoyar a todos los miembros del reparto, especialmente cuando trabajas con directores como [Christopher] Nolan, Denis [Villeneuve] y [Guillermo] del Toro”, dijo. “En general, es muy emocionante”. Una respuesta, cuanto menos, evasiva.
El creador de Euphoria también esquivó preguntas sobre otro episodio reciente: la repentina salida del músico británico Labrinth, cuya banda sonora psicodélica y cambiante había definido el tono onírico de la serie. Aunque HBO confirmó en 2025 que regresaría para la tercera temporada, esta vez compartiendo la música con el recién incorporado Hans Zimmer, Labrinth publicó en Instagram en marzo: “AL DIABLO CON COLUMBIA [Records]. AL DIABLO CON EUPHORIA. ME LARGO”. Luego añadió: “Tenemos relaciones significativas con personas afines y las descartamos en cuanto aparece una oportunidad mejor. ¿Quién demonios dijo que eso es normal o aceptable?”.
Cuando Rolling Stone le preguntó a Levinson qué había pasado, su respuesta volvió a ser esquiva: “No lo sé. Es un colaborador increíble y alguien que construyó la base del sonido de Euphoria”. Claro.

¿Es necesaria una tercera temporada de Euphoria? Es discutible. De los ocho episodios que componen la temporada, tres se entregaron a los periodistas, y todos resultan más sombríos que casi cualquier cosa que Sam Levinson haya hecho antes: Rue trafica drogas en México, Cassie se presenta como una “chica sexy” en OnlyFans y la melancólica Jules, interpretada por Hunter Schafer, trabaja como sugar baby para un millonario. En fin. Que Levinson haya afirmado que la tercera temporada funciona como un homenaje a Angus Cloud, miembro del reparto que murió por sobredosis poco después de interpretar durante dos temporadas al sensible traficante Fez, resulta más inquietante que conmovedor. El creador ha prometido que la nueva entrega buscará encontrar luz y esperanza en medio de la oscuridad, pero, a juzgar por estos tres episodios, esa promesa no se cumplirá pronto.
Al menos queda el consuelo de que todo terminará en ocho semanas. Euphoria tuvo algo especial en sus inicios: una atmósfera melancólica que recordaba a una sesión fotográfica de America’s Next Top Model dedicada a la miseria más profunda (“depresión, pero con estilo”). Con el tiempo, sin embargo, ese brillo se desvaneció, absorbido por egos, rumores y discusiones melodramáticas de adolescentes en internet. Ver la serie llegó a ser agotador, y hablar de ella, todavía más.
Tal vez Zendaya no se esté distanciando por un conflicto con Levinson. Tal vez simplemente se esté alejando porque, en realidad, ¿quién en su sano juicio no lo haría?
Euphoria está disponible en streaming en HBO en Estados Unidos y en HBO Max en el Reino Unido.
Traducción de Leticia Zampedri







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