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‘Carrie’: la vibrante y sangrienta adaptación de Stephen King se siente más pertinente que nunca

Mike Flanagan traslada a la actualidad la primera novela de Stephen King, publicada en 1974, con una adaptación elegante y de pulso firme

Tráiler de ‘Carrie’
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¿Cuándo una historia se convierte en mito? Quizá cuando, después de tantas versiones y reinterpretaciones, deja de pertenecer solo a su autor y pasa a formar parte del imaginario colectivo. Puede que Stephen King todavía considere Carrie una obra profundamente suya, pero después de la aclamada adaptación de los años setenta protagonizada por Sissy Spacek, las versiones cinematográficas de 2002 y 2013 y ahora una serie de ocho episodios de Amazon Prime Video, la historia de una adolescente acosada que se venga de sus agresores de forma sangrienta parece estar cada vez más cerca de convertirse en un mito moderno.

Cuando los trabajadores sociales llegan a la casa de un obrero de la construcción fallecido, descubren con sorpresa que allí viven una adolescente y su madre. La joven es Carrie White (Summer H. Howell), quien pasó toda su vida aislada del mundo junto a su padre, obsesionado con la supervivencia, y su autoritaria madre, Margaret (Samantha Sloyan). Su repentina incorporación a la escuela secundaria Ewen, donde ingresa al segundo año, la obliga a enfrentarse tanto a las dificultades del álgebra como a las complejas reglas de la convivencia adolescente. Allí conoce a Sue Snell (Siena Agudong), una compañera distante pero de buenas intenciones, y a Christine Hargensen (Alison Thornton), la cruel chica popular cuya vida comienza a desmoronarse. Mientras intenta adaptarse a este nuevo entorno, Carrie también descubre que a su alrededor ocurren cosas extrañas. “Creo que nunca me había dado cuenta de lo pequeña que era mi vida”, confiesa ante un universo de posibilidades que incluye chicos, computadoras y poderes telequinéticos.

Parte del atractivo perdurable de Carrie reside en que transforma una historia de iniciación en un relato de ira y violencia. No se trata solo de una joven ingenua que descubre las oportunidades y dificultades de la vida adulta, sino de alguien que sufre el rechazo y el maltrato por ser diferente y que, en lugar de encontrar un espacio donde encajar o adaptarse a las expectativas sociales, responde con una venganza devastadora. Es como Chicas pesadas, pero con todos los personajes atropellados por el autobús escolar.

Por eso, Carrie parece conectar especialmente bien con los momentos más oscuros de la sociedad estadounidense. La versión de Brian De Palma se estrenó en 1976, poco después de la guerra de Vietnam; la adaptación de 2002 llegó cuando Estados Unidos iniciaba su guerra contra el terrorismo, mientras que esta nueva serie aparece en medio de otra crisis de identidad nacional. En todas sus versiones, el mundo de Carrie refleja una realidad que sigue vigente: una sociedad injusta, cruel e implacable.

Summer H. Howell lo da todo en ‘Carrie’
Summer H. Howell lo da todo en ‘Carrie’ (Prime)

Mike Flanagan, creador de la serie, es en cierto modo la antítesis de Ryan Murphy, el productor detrás de las franquicias Monstruo y American Horror Story. Mientras Murphy apuesta por el sensacionalismo de los crímenes reales llevado a extremos grotescos y por una violencia gráfica desbordante, Flanagan prefiere adaptar clásicos literarios con una estética sombría y gótica. Después de llevar a la pantalla obras de Henry James, Edgar Allan Poe y Shirley Jackson para Netflix, ahora traslada a la actualidad la primera novela de King, publicada en 1974.

En esta versión, el acoso que sufre Carrie ocurre sobre todo en internet, a través de una cuenta anónima de Instagram llamada “Carrie Red”. La serie ofrece una de las representaciones más acertadas de los últimos años sobre la violencia en redes sociales, desde los ataques colectivos hasta los perfiles falsos. Me sorprende, de hecho, que Meta haya permitido mostrar la interfaz de Instagram de esta manera. “¡No podemos controlar internet!”, se lamenta el director de la escuela (Matthew Lillard), en una frase que refleja una preocupación muy real entre padres y docentes. Aunque las relaciones sociales entre adolescentes cambiaron mucho en los últimos 50 años, el acoso escolar y esa crueldad gratuita que lleva a excluir a otros siguen siendo temas dolorosamente actuales.

Howell, de 22 años, resulta muy convincente como Carrie, una joven ingenua que parece más pequeña y menor que sus compañeros, con una mirada llena de asombro que poco a poco pierde su inocencia. El resto del elenco también se entrega por completo, aunque destaca Amber Midthunder en el papel de la señorita Desjardin, la profesora favorita de Carrie, que aquí adquiere una historia personal más desarrollada y una mayor complejidad emocional. “Hace unos años, yo habría sido una de las que atormentaban a Carrie White en ese vestuario”, reconoce con pesar.

Sin embargo, hay una curiosa paradoja: sobre esta nueva versión de Carrie planea la sombra de una serie que, a su vez, recibió una fuerte influencia de la obra original. Todo indica que Amazon aspira a convertirla en la sucesora de Stranger Things, con una historia sobrenatural adolescente capaz de atraer a un público masivo. Para lograrlo, Flanagan amplía el universo narrativo con una compleja mitología de personajes con poderes telequinéticos que persiguen a Carrie e introduce a Emaline (Thalia Dudek), una nueva figura que actúa como una presencia diabólica a su alrededor.

Estas incorporaciones, sin embargo, parecen desviar la atención de la historia central y responder más bien al deseo de extender la serie más allá de las páginas de la breve novela de King. De hecho, Flanagan ya expresó su intención de desarrollar tres temporadas. Aunque el desenlace se siente más como la preparación de un universo narrativo que como un verdadero acto final, el director consigue recuperar la esencia del mito de Carrie y adaptarlo a nuestro tiempo. El resultado es una versión sólida, elegante y de buen ritmo, con toda la intensidad y la sutileza de un balde de sangre.

Traducción de Leticia Zampedri

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