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Opinión

La absurda precuela de ‘Legalmente rubia’ desperdicia su oportunidad con una visión simplista de la generación Z

Reese Witherspoon produjo una nueva serie inspirada en la clásica comedia de 2001, pero, según Adam White, la producción carece del encanto y la frescura de la película original y sustituye el humor por un drama adolescente cargado de clichés. El público joven merece algo mejor

Tráiler de ‘Elle’
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El año pasado, en una entrevista con The New York Times, Reese Witherspoon dijo que desempeña dos trabajos muy distintos. "Soy creadora y entiendo la economía de la creación", afirmó, recurriendo a un lenguaje más propio de una ejecutiva tecnológica de Silicon Valley que de una actriz.

La ganadora del Oscar, cuya productora Hello Sunshine fue valorada en unos 900 millones de dólares cuando se vendió en 2021, explicó que su filosofía combina el arte con los negocios. "Hay que ir donde está el público", sostuvo. Según Witherspoon, la generación Z ya no va al cine —una afirmación que luego se demostró incorrecta— y la mayoría de los adultos mayores solo ven una película al año junto a sus hijos. "No puedes lamentarte porque ya no vayan al cine ni caer en lo que yo llamo 'anticuación'. La capacidad de atención está cambiando. Es así".

Esa idea de "ir donde está el público" parece explicar proyectos como Elle, la serie de Prime Video que funciona como precuela de Legalmente rubia, la exitosa comedia de 2001 que no solo convirtió a Witherspoon en una de las mayores estrellas de Hollywood, sino que también terminó definiendo un tipo de feminismo que aún domina buena parte de las redes sociales. Elle Woods era amable, inclusiva y orgullosamente femenina, pero también inteligente, ambiciosa y decidida. Su recorrido —de estudiante de una fraternidad universitaria californiana subestimada por todos a alumna de la Facultad de Derecho de Harvard, donde termina descubriendo su verdadera vocación— convirtió a Legalmente rubia en una referencia cultural para la estética girlboss, la cultura de las "girl dinners" y el fenómeno Barbie, todo ello envuelto en un discurso de empoderamiento femenino.

Witherspoon presentó Elle como una forma de acercar el mensaje de Legalmente rubia a una nueva generación. Sin embargo, desde una perspectiva más cínica, la serie también representa la explotación de una franquicia extremadamente rentable. La película ya dio origen a un exitoso musical, a una secuela cinematográfica de 2003 que pocos recuerdan con cariño y a un intento fallido de adaptación televisiva que nunca superó el episodio piloto.

La actriz nunca ocultó su interés por seguir ampliando ese universo, aunque Legalmente rubia 3 permanece atrapada en el llamado "infierno del desarrollo" desde 2018, tras pasar por varios guionistas —entre ellos Mindy Kaling— y sucesivos aplazamientos de su estreno.

En ese contexto, Elle funciona como una solución rápida y, probablemente, mucho más económica. Mantiene viva una propiedad intelectual valiosa, alimenta las recomendaciones automáticas de Prime Video y sigue generando ingresos para todos los involucrados, aunque su humor apenas provoque sonrisas y su premisa resulte difícil de sostener. De hecho, Amazon ya renovó la serie para una segunda temporada, por lo que será difícil escapar de ella.

Lexi Minetree interpreta a la versión adolescente de Elle Woods en ‘Elle’, la precuela de ‘Legalmente rubia’
Lexi Minetree interpreta a la versión adolescente de Elle Woods en ‘Elle’, la precuela de ‘Legalmente rubia’

Como la historia de Elle en Legalmente rubia ya se sentía completa, Elle se ve obligada a reinventar al personaje para hacerla atravesar, apenas unos años antes, un proceso de crecimiento muy parecido.

Ambientada en 1995, la serie está protagonizada por la debutante Lexi Minetree como una versión más joven de Elle Woods. Tras una fallida rinoplastia practicada por su padre —un cirujano plástico interpretado por Tom Everett Scott— a una misteriosa celebridad, la familia abandona Beverly Hills y se muda a los suburbios de Seattle.

La serie vuelve a colocar a Elle en un escenario de "pez fuera del agua", obligándola a adaptarse a un entorno completamente distinto del ambiente privilegiado y glamuroso en el que creció. Sin embargo, esa decisión plantea un problema: si ya vive una experiencia transformadora en Seattle, resulta difícil explicar por qué, pocos años después, llega a Harvard tan desconectada de la realidad como aparece en Legalmente rubia. Tal vez la segunda temporada encuentre la manera de justificarlo, porque estos primeros ocho episodios no lo hacen.

Minetree convence como una joven Elle, aunque da la impresión de estar demasiado condicionada por la tarea de imitar a Reese Witherspoon: camina como ella, habla como ella e incluso reproduce ese característico grito agudo que lanzaba el personaje cada vez que recibía una mala noticia. Aunque demuestra tener un buen sentido de la comedia, el guion rara vez le permite aprovecharlo.

De hecho, Elle apenas funciona como comedia. A medida que desarrolla su premisa, termina convirtiéndose en un drama adolescente sorprendentemente lento, lleno de triángulos amorosos, rivalidades escolares y pequeños escándalos que involucran a estudiantes y profesores de la nueva escuela de la protagonista.

Reese Witherspoon interpretó a Elle Woods en la película original ‘Legalmente rubia’ (2001)
Reese Witherspoon interpretó a Elle Woods en la película original ‘Legalmente rubia’ (2001) (Getty)

Lo que más se extraña es la agudeza de Legalmente rubia. La película original regaló a su extraordinario elenco secundario —Jennifer Coolidge, Linda Cardellini, Holland Taylor e incluso Raquel Welch— diálogos ingeniosos y escenas memorables, mientras que Elle apenas intenta hacer lo mismo.

En solo 90 minutos, la cinta construyó un universo lleno de personajes inolvidables: desde Margot y Serena, las superficiales pero entrañables mejores amigas de Elle (ausentes en la serie), hasta los extravagantes estudiantes de Harvard con los que se cruzaba, como el torpe David Kidney, interpretado por el hoy director de Longlegs, Osgood Perkins, o aquella activista feminista de cabello rizado que decía haber marchado con las lesbianas contra la conducción bajo los efectos del alcohol.

En cambio, Elle reduce ese mundo a dos intereses románticos sin mayor personalidad, un compañero británico y el típico atleta popular, y a una rival inexplicablemente cruel que idolatra a bandas riot grrrl como Bikini Kill, pero que, de manera contradictoria, maltrata a las demás mujeres.

La serie encarna a la perfección una tendencia muy propia de esta década: tomar una obra querida de hace 25 años, llenarla de guiños, referencias y explicaciones innecesarias sobre el origen de sus personajes —¿alguna vez te preguntaste cómo consiguió Elle a su chihuahua Bruiser? Aquí tienes la respuesta— y presentarla como un acontecimiento imprescindible solo porque la protagonista de la película original figura como productora ejecutiva.

Quizá simplemente ya no pertenezco al público al que apunta esta serie. Pero cuesta creer que las nuevas generaciones no aspiren a algo mejor que remakes descafeinados, incapaces de recuperar el ingenio, el encanto y el brillo de las obras que intentan revivir. Eso no es entender a la audiencia; es ofrecerle comida chatarra y esperar que dé las gracias.

Elle se estrena en Prime Video el 1 de julio.

Traducción de Leticia Zampedri

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