Termina un Mundial gigante y sofocante que salió mayormente bien

Hay muchas cosas que podrían haber salido mal durante el Mundial de este verano —una compleja operación logística que incluyó tres países anfitriones, 16 estadios, 48 selecciones, 104 partidos e infinitas oportunidades de controversia dentro y fuera del campo de fútbol.
Pero, en retrospectiva, muchas cosas salieron bien.
Estados Unidos, Canadá y México pasaron casi seis semanas albergando el mayor escaparate del fútbol y —al menos en su mayor parte— la acción se mantuvo en el terreno de juego.
Figuras como el argentino Lionel Messi, el francés Kylian Mbappé y el noruego Erling Haaland se convirtieron en nombres conocidos en toda Norteamérica; los índices de audiencia televisiva se mantuvieron altos en Estados Unidos incluso después de que los estadounidenses quedaran eliminados y, pese a los elevados precios de las entradas, la mayoría de los partidos registraron llenos totales.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, elogió efusivamente a los países anfitriones el domingo después de que España ganara la final al vencer 1-0 a Argentina en la prórroga.
La asistencia fue buena, también las audiencias
Fox transmitió los 104 partidos en inglés en Estados Unidos en sus plataformas y la audiencia en Estados Unidos se mantuvo sólida incluso después de que Estados Unidos fuera eliminado por Bélgica en los octavos de final.
Las transmisiones en español por Telemundo también fueron una opción popular en los Estados Unidos —incluso para quienes el español no es su lengua materna.
Fox aún no ha publicado sus cifras de audiencia de la final del domingo, pero los datos preliminares de Telemundo muestran que el duelo España-Argentina tuvo una audiencia total de 22,6 millones, lo que lo encamina a convertirse en la final de un Mundial más vista en la historia de los medios en español en Estados Unidos.
El partido Estados Unidos-Bélgica del 6 de julio fue visto por más de 45 millones, incluidos 33,1 millones en Fox y 12 millones en Telemundo.
Y, pese a algunos tropiezos iniciales, la asistencia a los estadios fue fuerte en todo Estados Unidos, Canadá y México.
“Hemos tenido un número récord de espectadores en los estadios, casi 7 millones”, manifestó Infantino. “Tendremos, quiero decir, las cifras oficiales saldrán pronto, pero probablemente más de 6.000 millones de personas viéndolo desde casa”.
El clima ayudó
Aficionados y jugadores de otros países descubrieron lo que estadounidenses, canadienses y mexicanos saben desde hace mucho tiempo: aquí puede hacer bastante calor en verano. El cambio climático no ayuda.
Pero la Madre Naturaleza podría haber sido mucho más dura de lo que decidió ser.
Aun así, hubo un puñado de partidos con condiciones particularmente calurosas y húmedas. El mejor ejemplo fue un encuentro de eliminación directa entre Paraguay y Francia el 4 de julio en Filadelfia, cuando las temperaturas rondaron los 38 Celsius.
La final del Mundial el domingo también esquivó un posible problema cuando el humo de los incendios forestales en Canadá, que cubrió el noreste con una bruma, se disipó en gran medida del área de Nueva Jersey justo a tiempo gracias a algunas tormentas eléctricas oportunas.
El tamaño no importa
El cuadro de 48 selecciones de este año fue el más grande en la historia del torneo y muchos pensaban que diluiría la competencia.
No fue el caso.
Cabo Verde empató con la eventual campeona España en su partido inaugural, avanzó a la ronda de dieciseisavos y asustó a Argentina antes de perder 3-2 en la prórroga en un clásico del Mundial. Congo también avanzó más allá de la fase de grupos y exigió a Inglaterra antes de caer finalmente, mientras que Curazao aún tenía opciones de meterse en las rondas de eliminación directa al llegar a su último partido de grupo.
Tras esas historias de Cenicienta, los aficionados terminaron disfrutando de semifinales llenas de pesos pesados. Inglaterra, Argentina, España y Francia son los cuatro primeros del ranking mundial.
La política no se puede ignorar
La edición de este año aportó su cuota de tensiones políticas.
La participación de Irán en el torneo en medio de la guerra en Oriente Medio fue un asunto especialmente espinoso y el equipo tuvo que trasladar su campamento base de Arizona a México. La presencia de los iraníes quedó opacada por quejas sobre los viajes y problemas de visados, y Estados Unidos se negó a conceder visados a varios miembros de la delegación de Irán.
La relación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con Infantino quedó bajo la lupa después de que se suspendiera la sanción de un partido al delantero estadounidense Folarin Balogun por una tarjeta roja, antes del encuentro de octavos de final del equipo contra Bélgica.
Las restricciones de viaje para una serie de países impidieron que algunos aficionados viajaran a Estados Unidos, pero no hubo reportes de la aplicación agresiva de las leyes migratorias que algunos grupos de derechos humanos temían que pudiera ocurrir alrededor de los estadios del Mundial.
Infantino restó importancia a la mayoría de las controversias y, en cambio, se centró en lo positivo. Aunque el presidente de la FIFA tiene un interés directo en pintar un panorama optimista del Mundial de este año, hay pocas dudas de que el torneo fue un éxito desde la perspectiva futbolística.
“Creo que tenemos que inventar un nuevo vocabulario, nuevas palabras para definir el éxito de este Mundial”, sostuvo Infantino.
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El redactor de fútbol de AP James Robson y el redactor deportivo de AP Joe Reedy contribuyeron a esta historia.
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