Novak Djokovic, llegó tu momento: por qué el US Open representa su mejor oportunidad para volver a hacer historia
Sin Jannik Sinner y ante un Carlos Alcaraz que todavía busca su mejor versión en Nueva York, Djokovic, de 39 años, podría estar ante su mejor oportunidad para conquistar el ansiado 25.º título de Grand Slam. Por Kieran Jackson

Con los ojos cerrados y el sol saliendo a sus espaldas, un meditativo Novak Djokovic se golpea con firmeza el pecho, los brazos y las piernas. Luego, durante una de las entrevistas del documental, el serbio confiesa: “No puedo decir que esté satisfecho con lo que tengo ni con quien soy. Siempre busco más: ser mejor, más rápido, más fuerte”.
No es, quizá, la forma más convencional de comenzar un documental de 92 minutos sobre una de las figuras más exitosas del deporte mundial, pero Djokovic, ganador de 24 títulos de Grand Slam, nunca se ha caracterizado por seguir las convenciones. Es un atleta tan extraordinario como enigmático, conocido tanto por su grandeza dentro de la cancha como por sus excentricidades fuera de ella. Basta recordar sus abrazos a los árboles en Melbourne, sus misteriosas pociones o su negativa a vacunarse contra la covid-19.
En El lobo en invierno, el documental sobre Djokovic estrenado la semana pasada, los créditos iniciales de “Prime Video Sports Presents” y “A Film By Jason Hehir” se intercalan con imágenes del serbio aullando a la distancia, en clara sintonía con el título. Al igual que la serie de Netflix sobre Rafael Nadal estrenada a comienzos de este año, la producción ofrece una mirada reveladora y cautivadora a una de las grandes figuras de la historia del tenis.
Su estreno, además, llega en un momento ideal: justo antes del US Open, el último gran torneo de la temporada, que comienza este domingo en Nueva York. Allí se cumplen tres años del último título de Grand Slam de Djokovic, conquistado en un extraordinario 2023 en el que ganó tres de los cuatro majors y estuvo a un paso de completar el Grand Slam de calendario, hasta que Carlos Alcaraz lo frenó en el quinto set de la final de Wimbledon.
En aquel momento, alcanzar los 25 títulos individuales de Grand Slam, una cifra que lo situaría por encima de Margaret Court y en solitario en la cima de la clasificación histórica, tanto masculina como femenina, parecía casi inevitable. Sin embargo, Djokovic afronta ahora su 12.º Grand Slam consecutivo intentando conquistar ese esquivo título número 25. Y esta podría ser su mejor oportunidad.
¿La razón? Es sencilla: Sinner no estará y Alcaraz llega lejos de su mejor versión.
El panorama se abrió para Djokovic con la baja de Sinner, quien no juega desde que ganó Wimbledon a comienzos de julio y se retiró del US Open por un problema en la rodilla. Alcaraz, por su parte, regresa después de cuatro meses fuera de competencia por una lesión en la muñeca. Sin torneos de preparación ni partidos oficiales previos, el vigente campeón deberá afrontar dos semanas de encuentros al mejor de cinco sets bajo el intenso calor y la humedad de Flushing Meadows.
Claro que sería un error descartar al resto de los aspirantes. Alexander Zverev, con quien Djokovic entrenó el miércoles en la pista Arthur Ashe, parte como primer cabeza de serie y podría finalmente dar el salto tras dejar atrás la presión de Roland Garros. El alemán, además, quedó en un sector del cuadro que parece más favorable junto al tercer preclasificado, Felix Auger-Aliassime, mientras que Djokovic podría volver a cruzarse con Alcaraz en semifinales.
Arthur Fils, por su parte, intentará prolongar una curiosa racha: en los últimos tres años, el campeón del Masters de Cincinnati terminó coronándose también en Nueva York. Los estadounidenses Taylor Fritz y Ben Shelton, ambos respaldados por sus potentes servicios, también llegan con aspiraciones de avanzar hasta las últimas rondas.
Pero la gran barrera para Djokovic en los últimos años ha tenido dos nombres. De sus siete derrotas en los últimos 11 torneos de Grand Slam, todas llegaron ante los dos grandes referentes de la nueva generación. Aun así, y como prueba de su extraordinaria longevidad deportiva, el serbio alcanzó las semifinales en nueve de esos 11 majors. Su victoria de más de cinco horas ante Auger-Aliassime, 13 años menor que él, en Wimbledon el mes pasado volvió a demostrar el enorme trabajo que sigue realizando fuera de la cancha para mantenerse entre la élite.
La edad, sin embargo, es un adversario imposible de ignorar. Ningún hombre ha conquistado un título individual de Grand Slam a los 39 años, ni siquiera a los 38. El récord de mayor edad sigue en manos de Ken Rosewall, quien ganó el Abierto de Australia de 1972 con 37 años. Djokovic, por tanto, no solo compite contra sus rivales: también libra una batalla constante contra el paso del tiempo.
Su documental ofrece una pista sobre la mentalidad con la que afronta ese desafío. “¿Por qué iba a retirarme si sigo demostrando que puedo ganar?”, pregunta Djokovic durante un segmento dedicado a su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París 2024, la pieza que faltaba en una trayectoria extraordinaria.
Su representante, Carlos Gómez-Herrera, lo resume de forma sencilla: “Novak es Novak cuando la cosa se pone seria”.
La cualidad más indiscutible de Djokovic es su negativa a rendirse, esa capacidad para elevar su nivel cuando la presión alcanza su punto máximo. Y es precisamente eso lo que podría convertir estas dos semanas en un nuevo Everest dentro de una carrera acostumbrada a conquistar las cimas más altas.
Los indicios, sin embargo, no parecen jugar a su favor. Nunca había llegado al último Grand Slam del año con tan pocos torneos disputados: apenas seis en toda la temporada. Su derrota más reciente llegó en su debut en Cincinnati ante Thiago Tirante, número 42 del mundo. Además, durante los entrenamientos previos en Nueva York se lo ha visto falto de ritmo y llegó a detener una sesión después de que Zizou Bergs, número 33 del ranking, le quebrara el servicio dos veces en un set de práctica.
El cuadro tampoco le ofrece demasiado margen. Djokovic, cuarto cabeza de serie, debutará ante el argentino Mariano Navone, ex número 29 del mundo, y en segunda ronda podría encontrarse con Stan Wawrinka —quien lo derrotó en la final del US Open hace una década— o Matteo Berrettini. Su camino podría complicarse, por tanto, incluso antes de que el torneo entre en sus rondas decisivas.
Y aun así, hay algo más profundo que sigue impulsándolo. “Hay una palabra en serbio: inat”, explica Djokovic en El lobo en invierno. “Cuando la gente duda de ti, cuando todos están en tu contra, recurres a ese inat, a esa fuerza, a esa terquedad, para demostrarles que están equivocados”.
“Ese inat está muy arraigado en la mentalidad del pueblo serbio”, añade.
Quizá ningún rasgo defina mejor la mentalidad de Djokovic. Esa obstinación explica por qué, más allá de la edad, los antecedentes y las estadísticas, nunca se lo puede dar por vencido. Y esta vez, con el camino más abierto de lo habitual, su momento podría haber llegado.
Traducción de Leticia Zampedri





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