Marlin Klein dejó Europa para perseguir su sueño y ahora espera su recompensa en el draft NFL

Cuando Marlin Klein dejó Alemania para jugar fútbol americano en Estados Unidos, entró en un mundo completamente nuevo.
El adolescente dejó atrás los deportes que amaba de niño —el fútbol y el baloncesto— y optó por trabajar en las montañas de Georgia con un entrenador de secundaria que le exigía a Klein los mismos estándares que a todos los demás en el equipo. Y como el recién llegado no dominaba el inglés, aprender solo la terminología adecuada también fue un desafío.
Klein logró superar esas dificultades iniciales, consiguió una beca universitaria en Michigan y parece estar a punto de alcanzar su sueño máximo: jugar en la NFL.
“Creo que fue más duro para mi familia que para mí. Yo estaba ilusionado con algo. Me estaba metiendo en algo nuevo y persiguiendo mi sueño de jugar fútbol americano”, comentó Klein durante el combine de cazatalentos de la NFL en Indianapolis. “Pero, obviamente, que tu hijo con 15 años se te acerque y te diga: ‘Quiero irme a Estados Unidos’, fue difícil. Dejé toda mi vida atrás, toda mi familia, mis amigos, para perseguir este sueño”.
Klein probablemente sabrá cuál será su próxima parada el viernes o el sábado, cuando se espera que se convierta en el tercer ala cerrada de los Wolverines seleccionado en el draft en tres años. A.J. Barner fue elegido en la cuarta ronda en 2024 y Colston Loveland salió como el número 10 global el año pasado. Klein sería el menos probable de los tres, dada su travesía hasta aquí y sus números: 12 titularidades en su carrera, 38 recepciones, 364 yardas y apenas un touchdown por recepción en el fútbol universitario.
Aunque el largo y arduo camino de prospecto internacional a jugador profesional hoy parece cada vez más plausible que en años anteriores gracias al éxito de jugadores como el tackle ofensivo australiano Jordan Mailata, a los esfuerzos de reclutamiento en Europa de exjugadores de la NFL como Bjorn Werner y al Programa de Vía para Jugadores Internacionales de la liga, todavía no es fácil.
Que se lo pregunten a Klein.
“Fue mi mejor amigo durante el primer año. Fue toda una relación”, dice Klein al ser consultado sobre apoyarse en Google Translate para superar la barrera del idioma.
La inversión de la NFL en encontrar jugadores internacionales tiene sentido, dada su intención de seguir ampliando su base de aficionados en el extranjero. Los Colts de Indianápolis, que seleccionaron a Werner, han jugado en Alemania dos veces en las últimas tres temporadas y el calendario de la próxima campaña incluye tres partidos en Londres, además de encuentros en Madrid, Melbourne, Ciudad de México, Múnich, París y Río de Janeiro.
Así que contar con jugadores que puedan servir como embajadores de facto y ayudar a vender entradas en esos lugares, sin duda, tiene sentido. No sorprende que la clase del draft de este año, como otras en años recientes, incluya a un grupo de prospectos intrigantes que han cruzado el planeta.
El tackle defensivo Uar Bernard y el cazamariscales Joshua Weru llamaron la atención con sus sólidas actuaciones en el HBCU Showcase de este año. Bernard creció en una aldea nigeriana con la esperanza de incursionar en el sector inmobiliario. Weru es de Kenia. Ambos ahora esperan escuchar sus nombres, probablemente en el Día 3 del draft.
El pateador Kansei Matsuzawa nació en Ichikawa, Japón, y obtuvo jugó dos temporadas en el pequeño Hocking College en Nelsonville, Ohio, y luego llegó a Hawaii para convertirse en finalista del Premio Lou Groza.
Brett Thorson, de Georgia, parece ser el siguiente en la larga lista de pateadores australianos que asistieron a ProKick Australia, donde fue calificado como el mejor prospecto de su posición en el país. Ganó el Premio Ray Guy la temporada pasada y ha sido dos veces All-American del segundo equipo de Associated Press.
Y aunque el exala cerrada de Stanford Sam Roush es estadounidense y tiene profundas raíces deportivas, incluido un vínculo familiar con el miembro del Salón de la Fama del Fútbol Americano Profesional Merlin Olsen, su familia se mudó siete veces durante su infancia.
Roush vivió en ciudades que van desde Kuala Lumpur y Yakarta hasta Atlanta y Nashville, y su historia suena notablemente similar a la de tantos aspirantes internacionales, incluso en su introducción al rugby y en los madrugones para ver partidos de fútbol americano profesional y universitario.
“Me despertaba como a las tres de la mañana para ver los partidos de fútbol americano y baloncesto de Duke”, señaló Roush y añadió que su padre fue safety de los Blue Devils. “Jugué rugby, baloncesto, un poco de fútbol y béisbol. Creo que la fisicalidad del rugby me ayudó a prepararme cuando era más joven para, de alguna manera, asumir ese papel como jugador físico de fútbol americano. Son recuerdos que nunca olvidaré”.
El fin de semana podría brindarle a Roush —y a los demás— un momento que no olvidarán.
Pero para Klein, también demostraría que hizo lo correcto al dejar Europa para perseguir una meta que muchos pensaban que quizá no era posible.
“Lo principal para mí es que, si tienes un sueño, debes perseguirlo de lleno, sin importar lo que te diga cualquiera”, añadió Klein. “Muchísima gente me decía, desde Alemania, cuántos chicos estadounidenses hay ahí fuera; pueden jugar de ala cerrada, pueden correr rápido, atrapar balones. Pero si crees en ti mismo, eso es todo lo que necesitas”.
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Deportes AP: https://apnews.com/hub/deportes






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