Falleció Raymond Berry, receptor del Salón de la Fama y entrenador de Patriots. Tenía 93 años

Raymond Berry, el receptor miembro del Salón de la Fama que se asoció con el quarterback Johnny Unitas para formar una de las mejores combinaciones de pase de la NFL y ayudó a conducir a los Colts de Baltimore a la victoria sobre los Giants de Nueva York en el célebre juego de campeonato de 1958, ha fallecido. Tenía 93 años.
Berry, quien más tarde entrenó a los Patriots de Nueva Inglaterra en el Super Bowl XX, murió el 25 de mayo, informó el lunes el Salón de la Fama del Fútbol Americano Profesional.
Su familia señaló en un comunicado que Berry murió en paz en su casa en Murfreesboro, Tennessee, rodeado de familiares, incluida su esposa desde hace 65 años, Sally.
“En la historia de la NFL, solo hay un puñado de jugadores de los que podemos decir que realmente cambiaron el deporte. Raymond Berry es uno de los pocos nombres en esa lista”, afirmó la propietaria de los Indianapolis Colts, Carlie Irsay-Gordon. “Como jugador durante una era histórica del fútbol de los Colts, Raymond redefinió el estándar de lo que un receptor abierto podía y debía ser. ... En pocas palabras, Raymond Berry no solo fue uno de los mejores jugadores en la historia de los Colts, sino que fue uno de los jugadores más influyentes y fundamentales de la NFL moderna”.
Elegido en la 20ma ronda del draft procedente de SMU en 1954, el texano se convirtió en un modelo de las virtudes del trabajo duro y la determinación. Tenía una velocidad promedio, piernas de distinta longitud, una mala espalda, vista imperfecta y pies demasiado grandes que en la secundaria le valieron el apodo de “Skis”. Pero se forjó a sí mismo como superestrella mediante una preparación y un estudio exhaustivos, ya fuera usando Silly Putty para fortalecer los dedos o simulando partidos completos en el campo de práctica.
Fue uno de los receptores más confiables en la historia de la liga: rara vez soltaba un pase y solo perdió el balón dos veces, según el sitio Pro Football Reference. Según su propio recuento, desarrolló 88 rutas distintas para desmarcarse, con una disciplina tan inflexible que incluso su entrenador, Weeb Ewbank, intentó intervenir.
“Uno de sus ejercicios consistía en lanzarle únicamente balones malos”, contó Ewbank al Los Angeles Times en 1986. “Yo solía tener que sacar a John (Unitas) — ‘John, ya has lanzado suficiente hoy’ — y él decía: ‘Sí, ve a hablar con ese tipo allá afuera’”.
A lo largo de 13 temporadas, Berry atrapó 631 pases, un récord en ese momento (Jerry Rice es ahora el líder histórico, con 1.549), para 68 touchdowns. Lideró la NFL en recepciones tres veces y jugó en seis Pro Bowls. Pilar de una de las mejores ofensivas de la liga, con Unitas, el corredor Lenny Moore y el lineman ofensivo Jim Parker, Berry integró equipos campeones en 1958 y 1959 y un subcampeón en 1964.
Berry ingresó al Salón de la Fama de la NFL en 1973 y fue elegido para los equipos del 50 y 75 aniversario de la liga. Los Colts retiraron su número de uniforme, el 82. SMU retiró su número universitario, el 87.
Una actuación para la historia
Berry alcanzó su punto máximo durante un día emblemático en la historia de la NFL: la final de 1958 contra los Giants en el Yankee Stadium, un clásico en tiempo extra conocido por muchos como “El mejor partido jamás jugado”. Fue televisado a nivel nacional y a menudo se cita como el punto de partida del ascenso de la liga en las décadas siguientes.
Ante la defensa más dura de la NFL, Berry atrapó 12 pases para 178 yardas y un touchdown, incluidas tres recepciones consecutivas durante la serie de 86 yardas que empató el juego 17-17 en el tiempo reglamentario, y dos atrapadas cruciales durante la serie de 80 yardas que dio a los Colts una victoria 23-17. El primer campeonato de la liga que terminó en tiempo extra ayudó a convertir a Unitas en un héroe y a Berry en su objetivo ideal.
“Trabajamos, nos fuimos conociendo y desarrollamos una sincronización que simplemente no se consigue de otra manera”, dijo Berry más tarde al programa de radio Sports & Torts. “Él (Unitas) sabía que yo iba a estar ahí cuando debía estar ahí y sabía que yo iba a atraparlo”.
Una lucha por las pruebas antidopaje
Tras retirarse en 1967, Berry fue entrenador de receptores abiertos de los Cowboys de Dallas, los Browns de Cleveland y los Patriots de Nueva Inglaterra, y entrenador en jefe de los Pats de 1984 a 1989. Terminó con marca de 48-39 con Nueva Inglaterra, incluida una temporada de 11-5 en 1985 y el pase al Super Bowl XX. Los Patriots fueron aplastados 46-10 por los Bears de Chicago en ese partido.
“Raymond Berry ocupa un lugar especial en la historia de los Patriots”, expresó el propietario del equipo, Robert Kraft. “Llevó a nuestra franquicia a su primera aparición en un Super Bowl tras una notable racha en los playoffs, un hito que en ese momento fue el mayor logro en la historia del equipo”.
Kraft sostuvo que Raymond dejó un impacto duradero en los Patriots y en la NFL.
Poco después del Super Bowl contra los Bears, el Boston Globe reveló que varios jugadores de Nueva Inglaterra tenían problemas de drogas. Berry había sido una fuente para el reportaje del Globe y su impulso para que el equipo aceptara pruebas antidopaje fue rechazado con firmeza por el sindicato de jugadores de la NFL.
Berry, un hombre profundamente religioso que no bebía ni fumaba, tenía motivos personales para apoyar el tratamiento contra las drogas. Su excompañero en los Colts, el tackle defensivo All-Pro Gene “Big Daddy” Lipscomb, había luchado contra la adicción.
Sus raíces texanas
Berry se casó con la también texana Sally Crook en 1960. Tuvieron tres hijos.
Nació en Corpus Christi en 1933 y atribuía parte de su éxito a su entrenador de secundaria, su padre, Mark Raymond Berry, quien le enseñó a su hijo los fundamentos del fútbol americano aunque no lo hacía jugar mucho. Asistió un año a Schreiner College en Kerrville antes de transferirse a SMU, donde en un partido crucial perdió el balón dos veces, errores que juró no repetir en el profesionalismo.
Con los Colts, atrapó solo 13 pases en su temporada de novato, pero al año siguiente el equipo firmó a un quarterback agente libre que había sido dado de baja por los Steelers de Pittsburgh: Unitas. Pronto ambos comenzaron a practicar juntos.
“No sabía ni lo más básico sobre cómo correr rutas de pase”, contó Berry a Sports & Torts. “Si hubieras visto a los dos en el campamento de entrenamiento en 1956, quizá te habrías ido llorando. Éramos dos jugadores de fútbol americano lamentables, por Dios”.
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Deportes AP: https://apnews.com/hub/deportes






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