Cantan, zapatean, bailan y gastan mucho: aficionados de Argentina y España en final del Mundial

Tom Cruise intentó valientemente pronunciar un discurso en el Mundial sobre cómo el fútbol era una especie de elemento unificador global y cómo los grandes jugadores habían cruzado océanos y fronteras y... bueno, ¿qué más?

Era una misión imposible escuchar al actor por encima de la cacofonía de campanas, silbatos y tambores que acompañaban todo el canto y las palmadas jubilosas entre los aficionados argentinos y españoles que viajaron muchos kilómetros —y gastaron miles y miles de dólares en entradas, cervezas y, sí, pelucas— para ver la final mundialista.

Ningún precio exorbitante de entrada era demasiado alto para,despedirse de Lionel Messi, que jugaba probablemente su último partido en un Mundial.

“El dinero vuelve”, comentó el aficionado argentino Manuel López Maccotta. “Esto es una vez en la vida. Estás viendo al mejor jugador del mundo en su último Mundial. El dinero no vale nada comparado con esto”.

Maccotta y uno de sus amigos viajaron desde Buenos Aires a Nueva Jersey para ver la final.

¿El precio de la entrada?

“Casi 10.000 en dinero estadounidense”, señaló Maccotta.

La cerveza de 18 dólares que estaba por comprar de pronto parecía una ganga en comparación con el codiciado boleto para el partido.

Su amigo Santiago Burcaco la sacó barata: 5.000 dólares por su boleto.

“Compré la entrada antes de la final del Mundial”, explicó.

En la sección 200 del estadio de los Giants de la NFL, Guadalupe Villar contó que ella y su esposo llegaron a la final casi por casualidad.

La pareja de Buenos Aires, que llevó a su hija de casi 2 años, ganó un concurso de entradas para el partido de semifinales de Argentina contra Inglaterra en Atlanta. Después de que su país ganó, decidieron que no estaban listos para volver a casa y se dieron el gusto de comprar entradas para la final. Les costaron 7.000 dólares cada una (su hija entró gratis).

“Los dos trabajamos y tenemos algunos ahorros, y fue como: ‘bueno, quizás estas vacaciones se alarguen un poco’. Ya estamos aquí, ¿no?”, manifestó Villar.

¿El único contratiempo? Su vuelo de Atlanta a Nueva York fue cancelado por el mal tiempo.

Villar, que es arquitecta, dijo que la familia se subió a un auto con compatriotas que conocieron en el viaje y condujeron 15 horas hacia el norte, llegando a las 5 de la mañana el día del partido.

“Estamos cansados y acalorados”, dijo mientras descansaba en una zona con sombra entre las gradas y el área de tiendas, con su hija somnolienta.

Los aficionados del Mundial querían festejar

A los aficionados del Mundial se les entregó un cartel de “Join The Celebration” (“Únete a la celebración”) que los animaba y les indicaba cómo participar mejor en el partido.

“¡Cuando empiece la música, aplaude al ritmo usando tu palmoteador!”

Fue casi tan útil como inscribir a Messi en clases de fútbol.

Tal como lo han hecho durante todo el torneo, aficionados de ambos países estaban eufóricos desde el momento en que sortearon las largas esperas para entrar al estadio y cantaron y corearon en sus idiomas; sin duda, poniendo una vara muy alta para los artistas del entretiempo, como Madonna y Shakira. No hubo indicios de que las filas de seguridad para los aficionados se lentificaran por la presencia del presidente Donald Trump.

Aficionados de España salpicaban las filas con sus vistosas pelucas afro rojas y amarillas, los colores de la bandera de su país. Se las quitaban sólo para echarse agua en la cabeza y el cuello, intentando mantenerse frescos en un día soleado.

Los precios de las entradas para la final se dispararon como un tiro libre de Messi antes de finalmente bajar apenas un poquito —según los estándares de los aficionados adinerados. La actriz colombiana de “Modern Family” Sofía Vergara detuvo el tránsito de quienes la contemplaban en un pasillo interior unos 45 minutos antes del saque inicial.

Las entradas para la final, que se vendían por decenas de miles de dólares, bajaron hasta 2.334,50 dólares en las horas previas al partido en el sitio de reventa de la FIFA. El organismo rector del fútbol mundial todavía tenía entradas a precio de lista a la venta la mañana del partido por 10.990 dólares.

Los aficionados del Mundial se las ingeniaron para asistir a los partidos

Sí, quizá algunos aficionados recortaron gastos y ahorraron para comprar entradas.

Messi y el partido de una vez en la vida despertaron un tipo de obsesión singular en la apasionada y leal hinchada argentina.

Entre ellos había tres amigos que recorrieron en bicicleta más de 16.000 kilómetros desde su hogar en Argentina hasta Kansas City, Missouri, para ver a su selección competir en el torneo; una niñera que vivió en un Honda Civic para ahorrar y viajar a los partidos y otra aficionada que dijo que se hizo un tatuaje de una celebridad argentina a cambio de una entrada.

Parece que los ciclistas consiguieron llegar a Nueva Jersey.

Los aficionados acérrimos, enloquecidos por el fútbol, que estaban dentro del estadio, en su mayoría habían ahorrado y tenían los medios para hacer el viaje.

Maccotta, de 28 años, dirige una empresa de software, y su amigo Burcaco trabaja en bienes raíces.

Maccotta calculó que gastó alrededor de 35.000 dólares en total para seguir a Argentina durante el Mundial. El punto más alto antes del domingo: una victoria contra Inglaterra. Llegó a Nueva York a las 4:50 de la mañana del domingo tras un retraso de casi 14 horas en Miami por tormentas eléctricas.

“Es el último Mundial de Messi”, afirmó. “Mi país. Ojalá ganemos dos seguidos. Tenemos que compartir la sensación. Es una vez en la vida”.

Para Argentina, era una oportunidad de convertirse en el primer equipo en ganar títulos consecutivos del Mundial desde que Pelé y Brasil lo lograron en 1958 y 1962. Y para Messi, es la posibilidad de escribir el final perfecto de lo que ha indicado que será su última etapa con la selección. Su camiseta número 10 estaba por todas partes.

Miles de aficionados de Argentina y España inundaron Times Square durante el fin de semana y estallaron en canciones y ese tipo de jolgorio que ha sido un sello festivo en las ciudades anfitrionas del Mundial en toda Norteamérica.

España hubiera querido declarar un empate en la afición. Al menos obtuvo una victoria en la cancha.

Curro Sanchez, de Madrid, gastó 8.000 dólares en una entrada. Llegó un día antes y se queda en Manhattan hasta el jueves.

“Tuve una pelea muy, muy, muy grande con mi esposa”, contó Sanchez. “Al final del día, lo entendió”.

Para España, era una oportunidad de conseguir un segundo título mundial, además del de 2010, y de consolidarse como la fuerza dominante indiscutible del fútbol en este momento.

Sanchez, de 42 años, solo logró que lo acompañara un amigo después de que su discurso para convencer a otros no prosperó

“Intentamos convencer a 10 amigos y familiares; todos dijeron: no, de ninguna manera”, relató. “Ya reservé mis vacaciones. Es demasiado dinero”.

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El periodista de The Associated Press Philip Marcelo contribuyó a esta historia.

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Vea más cobertura de la AP en el Mundial aquí.

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