De panaderías a salones de belleza, las empresas rusas sufren por la política fiscal de guerra
La panadería de Denis Maksimov, en las afueras de Moscú, se hizo famosa de la noche a la mañana después de aparecer en diciembre en el programa anual de llamadas del presidente, Vladímir Putin.
De pie frente a la panadería —llamada Mashenka, por su hija mayor—, le rogó a Putin por video que revisara las nuevas reformas fiscales que están aumentando de forma significativa la carga sobre pequeñas empresas como la suya.
“Entendemos muy bien que no es una situación fácil para el país. Entendemos que es necesario subir los impuestos”, manifestó Maksimov. “Miramos hacia adelante sin optimismo, francamente. Muchas (empresas) cerrarán”.
La invasión a gran escala en Ucrania por parte de Putin cumple cuatro años y la presión creciente sobre la economía de Rusia empieza a notarse. Los ingresos petroleros están disminuyendo, el déficit presupuestario aumenta y el gasto militar que impulsó un crecimiento sólido se ha estabilizado.
El Kremlin ahora recurre a los consumidores y a las pequeñas empresas para obtener fondos. El impuesto al valor agregado se ha incrementado en un 2% y los umbrales de ingresos que obligan a las empresas a pagarlo se han reducido drásticamente.
Los rusos de a pie parecen estar acusando el golpe. Propietarios de negocios entrevistados por The Associated Press describieron una caída constante de la demanda de sus bienes y servicios, un aumento repentino de los costos a medida que los proveedores se ajustan a la reforma fiscal, y una carga tributaria que ahora es decenas de veces mayor. Algunos afirmaron que redujeron su tamaño para seguir operando, mientras que otros cerraron.
Un video reciente en redes sociales mostró las consecuencias económicas: locales comerciales vacíos en la calle principal de San Petersburgo, la avenida Nevski, donde negocio tras negocio dejó de operar.
“Nunca me había sentido tan asustada como este año, tan desprotegida, tan angustiada”, dijo Darya Demchenko, dueña de una cadena de salones de belleza en la segunda ciudad más grande de Rusia.
Un ruego fallido
El ruego de Maksimov a Putin no logró revertir la reforma fiscal, que redujo el umbral que obliga a las empresas a pagar un impuesto sobre la venta de 60 millones de rublos, o 783.000 dólares, en ingresos anuales por ventas, a 20 millones de rublos (261.000 dólares) este año y a 10 millones de rublos (130.500 dólares) para 2028.
El umbral de ingresos también se redujo de manera similar para quienes usan el sistema de tributación por patente, en el que las pequeñas empresas hacían pagos anuales fijos —por lo general, apenas decenas de miles de rublos— en lugar de un porcentaje de sus ingresos o ganancias. Este año, quienes superen ingresos de 20 millones de rublos deberán pagar al menos un impuesto del 6% sobre sus ingresos y, como mínimo, un IVA del 5%.
En su intercambio televisado, Maksimov comentó que había usado el sistema de patente durante ocho años, y Putin respondió subrayando la necesidad de la reforma fiscal para combatir las importaciones ilegales “sin control”, pero prometió revisar qué se puede hacer.
La aparición de Maksimov atrajo atención y nuevos clientes a Mashenka, que tiene tres panaderías en la región de Moscú. La empresa envió una canasta de repostería al Kremlin y presume en su sitio web que Putin “probó nuestros pasteles”.
Medios rusos citaron a Maksimov diciendo que las ventas subieron por un tiempo, pero que, sin un cambio en la política fiscal, contemplaba cerrar.
Putin mencionó el caso de Mashenka en una reunión de gobierno el mes pasado, y el ministro de Economía, Maxim Reshetnikov, propuso medidas para permitir que el negocio de Maksimov quedara exento de pagar IVA y reducir otros impuestos. Poco después, el propietario dijo que no estaba considerando cerrar.
“Creo que creceremos, quizá más despacio que antes, pero no con menos confianza, creo”, le dijo Maksimov a AP este mes. Sin embargo, admitió que aún espera que las autoridades adopten las medidas propuestas. No está claro cuándo ocurrirá eso.
Otros siguen el ejemplo
El caso de Maksimov provocó indignación entre otros emprendedores pequeños y medianos. En una campaña en línea, “Somos Mashenka”, iniciada por la Asociación de Empresas de la Industria de la Belleza, dueños de negocios de toda Rusia plantearon casos similares, y señalaron que, a diferencia de Maksimov, que tuvo la suerte de captar la atención de Putin, ellos no tenían a nadie que los rescatara.
Demchenko, quien apoyó la campaña, le contó a AP que, de cuatro salones de belleza orientados a familias en su cadena —tres propios y uno abierto mediante una franquicia—, tuvo que cerrar uno y vender otro para mantenerse a flote debido al aumento drástico de los impuestos y otros costos, además de la baja demanda.
La reforma fiscal supuso que ya no era elegible para el sistema de patente y se enfrentaba a pagar impuestos mucho más altos, además de tener que contratar a un contador de tiempo completo para manejar el papeleo, explicó. Sus costos —como alquiler, insumos, seguridad y servicios bancarios— se dispararon un 30%, añadió, y señaló que los proveedores subieron sus precios muy por encima del aumento del 2% del IVA.
La demanda de servicios de belleza, mientras tanto, ha ido cayendo durante meses.
Las restricciones de Rusia a las redes sociales y a las plataformas de mensajería la privaron de publicidad barata y de formas sencillas de llegar a los clientes, indicó Demchenko.
La industria de la belleza resistió la pandemia de COVID-19, dijo, con apoyo del gobierno como exenciones y aplazamientos fiscales, además de mecanismos para negociar con los propietarios y que se condonara el alquiler por un tiempo.
“Este año, no hemos sentido ningún apoyo en absoluto. Sentimos que quieren cerrarnos”, afirmó.
Negocios cerrados
Lyalya Sadykova, presidenta de la Asociación de Empresas de la Industria de la Belleza, dijo que alrededor del 10% de los negocios del sector en San Petersburgo cerraron y otro 10% vendió sus empresas en diciembre y enero. Anticipa más cierres esta primavera.
“La gente hará las cuentas. El primer plazo para los impuestos es en abril, y la gente verá que no tiene con qué pagar, y ahí es cuando comenzará el colapso”, advirtió. “Creo que habrá quiebras y un éxodo masivo del mercado, porque ahora me parece que no todos han hecho las cuentas y lo han entendido”.
Cuando se adoptaron las reformas fiscales el año pasado, los dueños de una pastelería, Ilsiya Gizatullina y Railya Shayhieva, decidieron cerrar su negocio en Kazán. Al igual que Demchenko, citaron los enormes aumentos de impuestos, el alza de costos y la caída de la demanda.
Fue una decisión increíblemente difícil, “como cortarse una parte del cuerpo. Porque vivíamos allí, era nuestra vida, 24/7”, le dijo Gizatullina a AP.
Abrieron en 2020 y sobrevivieron a la pandemia, que, señaló Gizatullina, fue sólo algo pasajero. El nuevo sistema fiscal llegó para quedarse.
“Entendemos muy bien que no se abolirá pasado mañana, y probablemente habrá una carga tributaria aún mayor en el futuro”, sostuvo Gizatullina.
Como parte de las reformas, más empresas pagarán impuestos más altos en 2027 y 2028, ya que los cambios afectarán a quienes tengan ingresos aún menores.
Presión creciente
Las pequeñas y medianas empresas representan poco más del 20% de la economía de Rusia, pero aun así es significativo, afirma Chris Weafer, director ejecutivo de la consultora Macro-Advisory Ltd. Ampliar la aplicación del IVA a esas empresas significará “una cantidad importante” de dinero para el presupuesto estatal.
Se trata de “una estrategia deliberada del Ministerio de Finanzas para crear fuentes de ingresos más estables y previsibles” en un momento en que los ingresos petroleros bajan y el déficit presupuestario sube, explicó Weafer.
Las pequeñas y medianas empresas han estado bajo presión desde 2014, cuando Rusia enfrentó sanciones por su anexión ilegal de la península de Crimea, y el gobierno dirigió la mayor parte de su apoyo a las grandes compañías. Las nuevas normas fiscales aumentan esa presión, señaló Weafer, y aunque es poco probable que eso destruya la economía, sí obstaculizará el crecimiento cuando termine la guerra.
“El motor de expansión, crecimiento e innovación que se necesita en una economía es el sector que más ha sufrido en los últimos cuatro años y que sigue sufriendo hoy”, concluyó.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.






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