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Comentario

El viaje de negocios de Meghan Markle a Australia revela la desdicha del príncipe Harry

Antes pensaba que el príncipe Harry, como padre dedicado de dos hijos, era un buen ejemplo de paternidad; pero irse de vacaciones durante cuatro días con su esposa, Meghan, es completamente innecesario, dice Samuel Fishwick

Meghan recibe flores de una niña enferma durante un tierno encuentro en un hospital australiano
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Uno se pregunta si el príncipe Harry siquiera tiene idea de lo que está haciendo en Australia.

Como sabemos, Meghan Markle será entrevistada en un escenario durante un retiro de “fin de semana de chicas” en Sídney este fin de semana. El paquete VIP, que cuesta 2.200 dólares, incluye la oportunidad de tomarse una selfie grupal con la duquesa de Sussex. ¿Quién podría resistirse?

A lo que hay que responder: ¿dónde encaja Harry en todo esto?

Está anunciado, por si sirve de algo, como ponente invitado en la cumbre InterEdge que se celebra el jueves en Melbourne, donde explorará el “espacio vital donde convergen el bienestar individual y la responsabilidad organizacional”. Esto resulta un tanto obvio. Si realmente fuera bueno en “responsabilidad organizacional”, su papel como miembro activo de la familia real podría haber sido mucho mejor.

Ojo, ¡Por su puesto que una pareja joven puede disfrutar de una escapada! Pero, ¿qué significa que un apretado calendario de compromisos para recaudar fondos sea la única forma en que Harry y Meghan puedan pasar tiempo de calidad juntos? Quizás le atraiga el paquete VIP para mejores amigas. Podría presentarse en el hotel de cinco estrellas InterContinental Coogee Beach con una entrada en una mano y un palo para selfies en la otra, gritando: “¡Sorpresa!”. Todavía quedan entradas para conocer a Meghan. Imagínense.

Sin embargo, no puedo evitar pensar que la peor pesadilla para cualquier madre de dos hijos en un fin de semana de chicas es que su esposo se les una. El trabajo del marido, por experiencia propia, es quedarse en casa y decir cosas tranquilizadoras sobre recoger a los niños de la guardería y la hora del baño, mientras guarda silencio sobre las misteriosas erupciones y el hecho de que se despertaron ocho veces anoche gritando “¡Mamá!”. Harry lo sabe. Incluso mientras se mueve por ahí en esta gira cuasi real de cuatro días, “en parte de negocios, en parte caritativa”, paseándose por el Real Hospital de Niños en Melbourne y tocando los viejos éxitos, no es la primera vez que se le ve un poco, bueno, sobrante.

No solo eso, sino que ha perdido puntos como padre. Fundamentalmente, conmigo. Hay un sistema de clasificación, aunque no hablaremos de eso. Pero créanme cuando les digo que los padres buscan desesperadamente a otros padres como modelos a seguir. Así es como aprendemos. Generalmente a distancia, sin pedir consejo directamente. Y Harry, a mi parecer, es un excelente modelo a seguir como padre. Su libro autobiográfico, En la sombra, en cualquier caso, fue un ejercicio de curiosidad sobre su propio padre.

Siempre me he sentido identificado con el príncipe Harry. Creo que es algo típico de padres de niñas. Él tiene a Lilibet, de cuatro años, y yo tengo a mi hija, de dos. Tiene una camiseta gris con la inscripción “Girl Dad” (Papá de Niña) que usa para correr. Yo no tengo una, pero sin duda me gustaría tenerla. Tenemos el mismo color de pelo, y cada vez nos queda menos. A sus 41 años, está dando un ejemplo que, a mis 35, me resulta reconfortante y alentador.

Así que, como es lógico, creo sinceramente que parece un muy buen padre. Simplemente se percibe.

Disfrutando al máximo: el príncipe Harry y Meghan Markle en Australia, sin sus hijos
Disfrutando al máximo: el príncipe Harry y Meghan Markle en Australia, sin sus hijos (PA)

Lo que no me convence es que viaje al otro lado del mundo durante cuatro días y deje a los niños atrás. No da buena impresión.

Puede que tenga sus razones. Pero las fotos de él en el mencionado hospital infantil lo muestran abrazando a los niños con esa mirada abatida e inconfundible de alguien que extraña mucho a los suyos. Según el periódico Daily Mail, pasó las 15 horas de vuelo comercial de Qantas —¿nada de jet privado, majestad?— hablando de sus hijos con cualquiera en clase ejecutiva que quisiera escucharlo. Lo cual me encanta.

¿Y qué hace metido en la mayor estafa desde la tercera gira de reencuentro de las Spice Girls? Si yo fuera él, me habría quedado en casa. Seguro que ahí es donde preferiría estar. Definitivamente, ahí es donde debería estar. No haciendo publicidad en la Costa Dorada. Si pudiera elegir, estoy seguro de que preferiría estar en una reunión de “Cerveza y Coletas” en un pub londinense aprendiendo a hacer trenzas. Y posiblemente ni siquiera en Montecito, California, donde la pareja vive actualmente.

Esta es la tragedia del príncipe Harry. Bajo el influjo del Megxit, condenado a vivir una vida a medias, entre la realidad y la ficción, a viajar en clase ejecutiva, a soportar las protestas de 45.000 australianos furiosos por tener que pagar su seguridad, y a participar como orador invitado, supuestamente para “construir la marca”, mientras su esposa CEO se dedica a su propio negocio de celebridad. La independencia no se paga sola. Pero, ¿acaso la mayoría de los padres no se turnan para viajar por negocios?

Traducción de Sara Pignatiello

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