Uruapan, un año después del asesinato de Carlos Manzo: miedo, detenciones y fractura política
Tres autos blindados y dos camiones militares repletos de guardaespaldas armados trasladan a la alcaldesa Grecia Quiroz por las calles de Uruapan, la ciudad mexicana donde su pareja fue acribillada durante las celebraciones del Día de Muertos hace casi un año.
Carlos Alberto Manzo se ganó una reputación como un presidente municipal que emprendía una cruzada contra los cárteles, y por ser una piedra en el zapato para criminales y operadores del poder político. Pero un año después, a pesar de que Quiroz lo sucedió y prometió continuar su lucha, el asesinato de Manzo proyecta una sombra sobre una región que, desde hace mucho tiempo, ha estado atormentada por la violencia.
“Nadie va a poder reemplazar esa ausencia”, dijo Quiroz, escoltada las 24 horas por 60 guardaespaldas designados por el gobierno federal. “Hay una gran preocupación de que, si el día de mañana me llega a pasar algo, pues qué va a ser de ellos. Ahora sí, sin papá y sin mamá”
Manzo es uno de los al menos 13 alcaldes asesinados en todo México en los dos años desde que la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum asumió el cargo, según un recuento de The Associated Press basado en reportes oficiales. Eso se compara con 23 alcaldes en funciones asesinados durante los seis años del gobierno anterior, de acuerdo con organizaciones de la sociedad civil.
Los asesinatos representan un desafío para Sheinbaum, mientras el gobierno de Trump presiona a su administración para que endurezca la ofensiva contra los cárteles y erradique la corrupción en los gobiernos locales.
“Limpiar esta porquería que nos está matando a todos”.
Durante mucho tiempo, la violencia política ha sido parte del conflicto de México con los cárteles, pero rara vez alcanza los niveles más altos del gobierno. En cambio, las organizaciones delictivas apuntan a líderes locales, ya sea corrompiéndolos o matando a quienes se interponen en su camino. Esos asesinatos suelen silenciar voces que amenazan o interfieren con las ganancias de los cárteles, explicó Miguel Meza, investigador de la organización de investigación Narcopolíticos.
En Uruapan, a 400 kilómetros (250 millas) al oeste de Ciudad de México, el asesinato de Manzo ha sembrado miedo e incertidumbre dentro de su oposición de base, el Movimiento del Sombrero, donde pasó de ser un líder a convertirse en mártir. Las repercusiones han alimentado una amarga disputa política que divide al estado de Michoacán sobre quién estuvo detrás de su muerte. Al mismo tiempo, la ciudad ha quedado marcada por un reciente repunte de violencia, mientras algunos critican a Quiroz por no haber logrado continuar la lucha de su pareja contra el crimen.
“No solo mataron al alcalde. Mataron a quien encabezaba las operaciones contra los carteles, el líder simbólico”, afirmó Meza.
Durante mucho tiempo, las personas cercanas a Manzo temieron que su campaña contra los grupos criminales terminaría inevitablemente como terminó: con una bala en el pecho.
En Michoacán, donde los cárteles suelen ejercer más influencia que el gobierno, Manzo ganó notoriedad política por tomar en sus manos la lucha contra los grupos criminales y también por desafiar abiertamente a Morena, el partido gobernante de México, hasta la semana de su muerte.
A menudo fue criticado por ejercer tácticas de mano dura que se volvieron tan centrales para su imagen de gobernante como el sombrero blanco que siempre llevaba sobre la cabeza. Eso incluía ordenar públicamente a la policía que usara fuerza letal contra delincuentes que se resistieran al arresto o atacaran a civiles. Él mismo dirigía patrullajes, cateos y detenciones; instaba a los padres a denunciar la actividad delictiva de sus hijos y difundía enfrentamientos con criminales en sus redes sociales.
“Estamos luchando para limpiar esta porquería que nos está matando a todos”, dijo Manzo en un video.
Un asesinato público detona una fractura política
El asesinato público de Manzo en la abarrotada plaza principal de la ciudad, cubierta de flores de cempasúchil, conmocionó al país en un día en que muchos grupos criminales bajan discretamente las armas mientras las familias honran a sus muertos.
También detonó una disputa política marcada por facciones rivales que se acusan mutuamente de aprovecharse de la muerte de Manzo para obtener beneficios políticos de cara a las elecciones locales.
Autoridades federales y estatales han atribuido el asesinato a uno de los grupos delictivos más poderosos de México, el Cártel Jalisco Nueva Generación, o CJNG, uno de los más de 20 grupos criminales designados como organizaciones terroristas extranjeras por el gobierno de Trump. Quiroz acusó a funcionarios estatales del partido de Sheinbaum, que desde hace tiempo se oponían a Manzo y al movimiento político de Quiroz, y a grupos criminales de estar detrás de la muerte.
Esta semana, mientras Quiroz preparaba la ciudad para el Día de Muertos, dijo que el recuerdo de Manzo preparando meticulosamente la celebración del año anterior la perseguía.
“Se me vino como como una cuenta regresiva de lo que sucedió esa última semana”, aseguró. “Se entregó en cuerpo y alma a este evento”.
Las autoridades han detenido a 34 personas en relación con el asesinato de Manzo, mientras que fiscales estatales han descrito una compleja conspiración que, según ellos, se extendía hasta el círculo íntimo del alcalde.
Entre los detenidos están siete de los guardaespaldas que estaban con él cuando fue atacado, integrantes de su gobierno acusados de filtrar sus movimientos, y el propio ahijado de Manzo, acusado de ayudar a planear su asesinato, según los fiscales.
El jueves, los fiscales anunciaron la detención de la actual secretaria de Bienestar de la ciudad, acusada de obstrucción de la justicia. Indicaron que tenía parentesco con dos presuntos integrantes del CJNG arrestados por el asesinato de Manzo.
La propia Quiroz también ha quedado bajo escrutinio, ya que se ha negado a entregar el teléfono celular de Manzo a los fiscales. El hermano del alcalde asesinado, integrante de Morena en el gobierno estatal y ahora enfrentado con Quiroz, la ha acusado de defender a algunos de los detenidos tras el asesinato.
“Yo no puedo inculpar directamente a ella”, declaró Juan Manzo. “Pero la realidad es que ella ha encubierto a muchos de los responsables del homicidio del padre de sus hijos. No ha sido transparente en la investigación”.
Quiroz ha negado las acusaciones y dijo que su familia fue “traicionada” por quienes tenían más cerca.
“Desprestigiando, una guerra sucia, golpes bajos, es algo que no nos ha detenido y no nos va a detener”, dijo a integrantes de su movimiento político.
“No podemos permitir que la violencia se vuelva parte de nuestra normalidad”
En las últimas semanas, a medida que se profundiza la fractura política, Uruapan vive un aumento de la violencia.
Apenas el fin de semana, un hombre enmascarado en motocicleta disparó contra dos mujeres que trabajaban en un puesto de tacos, matando a una. Ese mismo día, medios locales informaron que la policía encontró a dos hombres —uno de ellos muerto— en un campo de aguacates, con quemaduras graves y señales de tortura. Autoridades estatales dijeron que, en octubre, han documentado 17 homicidios, ocho heridos por arma de fuego, cuatro ataques contra negocios y viviendas y una serie de robos.
La violencia llevó a Quiroz a solicitar ayuda al gobierno de Sheinbaum.
“No podemos permitir que la violencia se vuelva parte de nuestra normalidad”, escribió el domingo en X. “Uruapan merece vivir en paz”.
El martes, autoridades estatales enviaron 200 agentes del orden para reforzar la seguridad en la ciudad.
Algunos residentes, como el comerciante David Vázquez, dijeron que las extorsiones de las mafias locales han aumentado desde que mataron a Manzo, lo que obligó a su familia a cerrar temporalmente su negocio.
Manifestó su resentimiento al ver el convoy de guardaespaldas estatales que escoltan a Quiroz, y dijo que “solo protegen a ella y su familia”. Otros señalaron que no se han visto afectados por la violencia y creen que Quiroz hace lo mejor posible frente al trauma.
Mientras tanto, la presencia de Manzo aún se cierne sobre Uruapan. Carteles y bustos en su honor cubren la plaza donde fue asesinado. Su tumba, abierta al público, está cubierta de flores, ofrendas de comida y sombreros blancos.
“Ni un paso atrás”, se lee en la lápida.
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Janetsky informó desde Ciudad de México. El fotoperiodista de The Associated Press Eduardo Verdugo Tucto contribuyó a este reportaje desde Uruapan, México.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.






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