Una mirada al panorama religioso de Chile y cómo la fe de Kast resuena en el país
La toma de poder de José Antonio Kast en Chile sumó otro líder de derecha a una creciente lista de mandatarios conservadores en América Latina.
Pero a diferencia de otros presidentes como Nayib Bukele en El Salvador o Javier Milei en Argentina —cuyas expresiones de fe han variado con los años— Kast siempre ha sido un político abiertamente religioso.
Kast, de 60 años, es católico y forma parte del movimiento Schoenstatt, un grupo devoto a la Virgen María. Como legislador ultraconservador se opuso en 2009 a la libre venta de la píldora del día siguiente. Además ha mostrado una postura crítica ante las infancias trans, el matrimonio igualitario y el aborto.
Tras su victoria electoral en diciembre de 2025 llamó a recuperar valores que consideró esenciales para una vida “adecuada y saludable” y dijo que ello requiere el compromiso de todos.
Algunos analistas piensan que esos valores no necesariamente se traducirían en afectaciones para los derechos sexuales y reproductivos o de la comunidad LGBTQ+, pero el progreso en esos temas podría estancarse.
Kast ganó con más del 58% de los votos tras prometer que combatiría el crimen y deportaría a migrantes sin estatus legal. Su posicionamiento se alinea con el del presidente Donald Trump, cuya administración celebró su victoria electoral.
Aquí una mirada a la religiosidad de Kast y cómo su fe podría resonar en un país que suele ser descrito como cada vez más secular.
Un panorama religioso cambiante
Chile ha visto un declive en la afiliación católica en las últimas dos décadas, pero no es un fenómeno aislado. De acuerdo con el reporte de 2024 de Latinobarómetro, toda la región ha experimentado una baja similar, pues el número de católicos descendió de 80% en 1995 a 54% en 2024.
En Chile, 45% de la población se identificó como católica, 37% dijo no tener afiliación religiosa y alrededor de 12% se dijo evangélica.
De acuerdo con Luis Bahamondes, experto en religión de la Universidad de Chile, la Iglesia católica fue una de las instituciones más confiables para los chilenos durante los años 90. Sin embargo, una serie de transformaciones sociales y escándalos de abuso sexual clerical erosionaron esa percepción.
“Pasó a ser una de instituciones más cuestionadas, de las cuales la gente más desconfía”, dijo Bahamondes.
Aun así, añadió, ciertas tendencias conservadoras en el país se han mantenido a lo largo de los años. Bahamondes recordó que Chile fue el último país de América Latina en aprobar el divorcio en 2004.
“Y yendo a cuestiones más contemporáneas, hay un rechazo a la enseñanza de educación sexual en la escuela pública porque se considera que aquello es algo donde la prerrogativa la debe tener la familia y no el Estado”, agregó.
Las clases de religión no son obligatorias para los estudiantes chilenos, son opcionales tanto en instituciones públicas como privadas.
“Todavía hay conceptos que a la sociedad chilena le hacen mucho sentido: el concepto de familia, de matrimonio, que tienen una fuerte carga religiosa”, dijo Bahamondes. “Muchas veces se habla de la crisis del catolicismo, pero lo que está en crisis es la institución, no la creencia”.
La comunidad de fe de Kast
Kast y su esposa María Pía Adriasola son parte de Schoenstatt, un movimiento apostólico y católico fundado en Alemania en 1914 en los inicios de la Primera Guerra Mundial.
Schoenstatt llegó a Chile en 1947 a la ciudad de Valparaíso, donde se construyó su primer templo. Después se extendió a otras ciudades como Santiago, Temuco y Concepción y se estima que actualmente reúne a más de 10.000 fieles y unos 20 santuarios.
De acuerdo con el padre Gonzalo Illanes, el corazón de Schoenstatt descansa en tres pilares: la formación de individuos, la conexión entre la fe y la vida cotidiana y el rol central de la Virgen. Añadió que Kast ha sido miembro de la comunidad durante un largo tiempo, y que el grupo motiva a todos sus seguidores a construir un mundo mejor.
“Schoenstatt, como la Iglesia católica, no es un movimiento político, sino que somos un espacio de formación, de fe, de trascendencia”, dijo.
Al igual que Kast, su movimiento defiende la protección de la vida desde la concepción y hasta la muerte natural. Sin embargo, Illanes dice que el grupo se mantiene abierto al diálogo.
“El desafío, entonces, es la manera de avanzar”, dijo. “No dejar de conversar”.
Cómo resuena la fe de Kast
“Es un presidente que me da mucha confianza”, dijo Jorge Herrera, un católico que forma parte de Schoenstatt y votó por Kast. “Es una persona que se mueve dentro de la cancha en que yo me siento cómodo”.
Refirió que uno de los principios rectores de Schoenstatt es la idea de que cada persona tiene una misión única en la vida. “Dios no nos trajo por casualidad, sino que existimos porque hay algo especial que estamos llamados a hacer”, explicó.
La postura de Kast con respecto al aborto se alinea con su manera de pensar. Pero más allá de esto, su visión política antes de las elecciones llamó su atención. “Es alguien muy capaz y que tiene un plan”, dijo. “Yo creo que Chile necesitaba un plan”.
Esa confianza que Kast inspira traspasa las fronteras de Sudamérica. En México, donde el gobierno se inclina más a la izquierda y el aborto ha sido despenalizado en más de la mitad del país, algunos desearían un presidente como él.
“Me genera confianza que reconozca públicamente que le inspira una fe cristiana”, dijo Rodrigo Iván Cortés, presidente del Frente Nacional por la Familia. “Eso no quiere decir que quiera imponerle su fe a los demás, sino que simplemente la profesa”.
Riesgos y expectativas
Kast estuvo cerca de obtener la presidencia en 2021, pero perdió contra Gabriel Boric. Su oposición al aborto, al matrimonio igualitario y su defensa de la dictadura de Augusto Pinochet no cayó bien a un sinnúmero de chilenos.
La campaña de 2025 estuvo enfocada principalmente en temas de seguridad, pero algunos analistas coinciden en que su visión de cualquier modo podría impactar los derechos reproductivos y de la diversidad sexual.
“Hay razones fundadas para preocuparse, aunque no necesariamente por un retroceso inmediato tipo Milei”, dijo Cristian González Cabrera, investigador del programa de derechos LGBTQ+ de Human Rights Watch en referencia a la prohibición del presidente argentino de tratamientos y cirugías de cambio de género en menores de edad. “El riesgo con Kast podría ser más gradual: frenar avances, debilitar políticas públicas y legitimar discursos anti-LGBT+”.
Con respecto a los derechos reproductivos y de la mujer, Catalina Calderón, directora de asuntos políticos del Women’s Equality Center, destacó que una de las primeras medidas de Kast como presidente fue pedir una reducción del 3% del presupuesto.
“Hemos visto en la región que cuando líderes del ala política a la cual pertenece Kast han venido asumiendo mandos presidenciales, de las primeras cosas que pasan son retrocesos en los derechos individuales y en los derechos de las mujeres”, señaló.
Como ejemplo puso el caso de Argentina, donde Milei pidió recortar el financiamiento a un programa que implementaba educación sexual integral y políticas de prevención de embarazo adolescente.
Adicionalmente, explicó, es notable que las nuevas ministras de la Mujer y de Salud de Chile sean abiertamente religiosas.
“Eso pertenece a la esfera privada”, dijo. “Pero cómo su visión atraviesa de manera transversal la administración es algo ante lo que hay que tener los ojos muy abiertos”.
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Hernández informó desde Ciudad de México.
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La cobertura religiosa de The Associated Press recibe apoyo a través de una colaboración con The Conversation US, con fondos del Lilly Endowment Inc. La AP es la única responsable de todo el contenido.






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