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Se apresuran en Carolina del Norte a restaurar turberas antes de que se sequen o sean devastadas

Las aves se activan al amanecer: pájaros percheros, gorriones y mosqueros pían y cantan en las copas de los árboles. Los ciervos pacen los brotes tiernos que emergen de los densos arbustos. Los osos negros buscan raíces, insectos y otros alimentos.

Es un entorno idílico en la región de Inner Banks, en Carolina del Norte, donde los campos de algodón, soya y maíz se extienden por kilómetros, los caminos rurales serpentean entre pinares, y miles de observadores de aves acuden para presenciar la migración primaveral.

Pero es lo que se encuentra bajo tierra lo que ha atraído a científicos e inversores a esta extensión de 60 kilómetros cuadrados (23 millas cuadradas): una turba densa y esponjosa de hasta 5 metros (15 pies) de profundidad.

Y ellos están aquí para salvarla.

Ochenta kilómetros (50 millas) de zanjas, excavadas hace décadas para un proyecto agrícola abandonado, drenaron gran parte del agua de una turba acumulada durante miles de años, lo que dejó al sitio vulnerable a las sequías y los incendios forestales, alteró sus hábitats nativos y causó que emita 130.000 toneladas anuales de dióxido de carbono, un gas que contribuye al calentamiento global.

“Nuestro objetivo es conservar estas tierras a perpetuidad para que no se conviertan en campos de extracción de petróleo y gas, para que no sean explotadas con el fin de obtener fósforo, o transformadas en estacionamientos y centros comerciales”, declaró Tripp Wall, director general de la empresa Pantheon Regeneration, que tiene su sede en Colorado. “Son sistemas sencillamente increíbles que yo creo que no se valoran lo suficiente aquí en Estados Unidos, (y que) durante (un periodo de entre) 10.000 a 15.000 años han sido resistentes climatológicamente, hasta que nosotros los arruinamos”.

Las turberas son una paradoja climática. Aunque ocupan apenas el 3% de la superficie terrestre mundial, almacenan un tercio del dióxido de carbono de la Tierra, más que todos los bosques del planeta combinados. Pero al degradarse —lo cual ocurre principalmente cuando los agricultores reducen el nivel freático para cultivar—, o cuando se destruyen o queman, se convierten en parte del problema porque liberan enormes volúmenes de gases de efecto invernadero, actualmente cerca del 6% del total anual global proveniente de todas las fuentes.

Además, el tipo de turberas que existen en Carolina del Norte, y a lo largo de cientos de kilómetros de la costa este de Estados Unidos, figura entre los más amenazados del mundo.

Pantheon planea revertir el daño al bloquear zanjas con el fin de controlar el nivel freático y reducir significativamente las emisiones de dióxido de carbono. Posteriormente eliminará especies invasoras y replantará pastos, flores y otras plantas nativas.

La restauración se basa en otros proyectos llevados a cabo por organizaciones sin fines de lucro y agencias gubernamentales, incluido el adyacente Refugio Nacional de Vida Silvestre Pocosin Lakes —que abarca 453 kilómetros cuadrados (175 millas cuadradas) y constituye uno de los proyectos de restauración de turberas más extensos en Estados Unidos—, el cual es hábitat de especies amenazadas y en peligro de extinción, tales como el lobo rojo, la planta carnívora amarilla y el cedro blanco del Atlántico. Además, se ha convertido en una importante escala para aves migratorias como el cisne de la tundra.

Pero lo que distingue al proyecto de Pantheon es su plan de vender créditos de carbono a empresas tecnológicas y otras corporaciones que deseen compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero, y utilizar el dinero para restaurar y preservar 4.047 kilómetros cuadrados (1.562 millas cuadradas, o 1 millón de acres) de turberas, desde Virginia hasta el norte de Florida, durante la próxima década.

Cada propiedad será conservada de forma permanente y sometida a un proceso de renaturalización. “Grandes corredores, grandes hábitats para aves y grandes puntos críticos de biodiversidad que tienen un impacto enorme en el clima”, expuso Wall.

Ecosistemas ancestrales bajo amenaza

Neal Flanagan empuja un tubo metálico a través de las raíces y esquiva troncos enterrados hasta que se hunde cerca de un metro (3 pies). Cuando lo extrae, el tubo está lleno de tierra negra.

Cerca de la superficie, la tierra está seca y repleta de fibras muertas de plantas como helechos Dryopteris, arándano y Lyonia. La parte central es quebradiza, húmeda e inodora, con fragmentos de carbón vegetal procedentes de incendios ocurridos hace mucho tiempo. Pero la saturada capa inferior —que contiene un 50% de carbono— tiene una consistencia similar a la grasa espesa para ejes.

“Esto es el oro negro”, expresó Curtis Richardson, colega de Flanagan y ecólogo de la Universidad de Duke, mientras la turba milenaria rezumaba de su puño cerrado. Su “magnitud e importancia no pueden ser subestimadas”, añadió.

Cuando las turberas están intactas, los gases generados por la descomposición de las plantas quedan atrapados en un entorno anegado y sin oxígeno, al tiempo que la vegetación de la superficie absorbe dióxido de carbono de la atmósfera, explican los científicos.

Eso convierte a las turberas antiguas e intactas en enormes depósitos de carbono que, en algunas partes del mundo, alcanzan hasta 15 metros (50 pies) de profundidad. Además, almacenan cerca del 10% del agua dulce del planeta, ayudan a controlar las inundaciones y pueden contribuir a frenar los incendios forestales.

No obstante, dos tercios de las turberas de zonas templadas —localizadas principalmente en Europa y Estados Unidos— han sido drenadas, y aproximadamente el 45% de las turberas tropicales han sufrido alteraciones similares, según un estudio de 2025 publicado por The Society for Conservation Biology, un organismo sin fines de lucro dedicado a la conservación.

Las turberas boreales —las que se sitúan en climas más fríos, como en Canadá y Rusia— se conservan intactas en un 90% aproximadamente, pero enfrentan una presión creciente debido al deshielo del permafrost y a los incendios intensos, ambos fenómenos vinculados al cambio climático, así como a la minería y a la exploración para detectar minerales cruciales.

A la vez, sólo el 17% de las turberas del mundo cuenta con protección oficial, según el estudio.

En Estados Unidos también hay cantidades significativas de turba en Alaska, Florida, partes del noreste y la región norte de los Grandes Lagos, aunque el tipo de turberas abovedadas presentes en Carolina del Norte sólo existe a lo largo de la costa estadounidense en el Atlántico. Llamadas “turberas pocosin”, se formaron a partir de bosques de pinos costeros y arbustos de hoja perenne que se descompusieron a lo largo de milenios.

Tan sólo en Carolina del Norte existen 17.702 kilómetros (11.000 millas) de canales que drenan las turberas antes de que el agua desemboque en los estuarios costeros, apuntó Richardson.

Esto, sumado al cambio climático, las hace vulnerables a la mayor amenaza que enfrentan las turberas a nivel mundial: los incendios catastróficos.

Los incendios en turberas pueden arder durante meses

Troncos de árboles ennegrecidos se elevan por encima de arbustos y hierbas secas, el único vestigio de un incendio que arrasó casi 809 hectáreas (2.000 acres) en este lugar hace cuatro años y causó que el suelo se hundiera casi 0,5 metros (1,5 pies) en algunas zonas.

Podría haber sido peor, pero el Servicio Forestal de Carolina del Norte y otros organismos lograron extinguirlo con relativa rapidez —en aproximadamente tres semanas— al bombear agua de los lagos cercanos con el fin de evitar que se propagara hacia el refugio de vida silvestre que limita la propiedad de Pantheon por tres lados.

Un incendio ocurrido en 2008, que comenzó durante una sequía, ardió en la superficie durante tres meses y continuó bajo tierra durante otros cuatro años, lo que dañó más de una cuarta parte del refugio y hundió el nivel del suelo algunos metros en ciertas áreas, explicó Sarah Toner, guardabosques y gerente de atención al visitante del Complejo de Refugios Nacionales de Vida Silvestre de la Costa de Carolina del Norte. Pero en las zonas donde ya se había iniciado la restauración del nivel del agua, el incendio penetró con menos profundidad.

Las turberas saturadas de agua son prácticamente a prueba de fuego: sólo se queman la vegetación superficial y unos pocos centímetros de turba, lo cual libera nutrientes, regenera los bancos de semillas y genera carbón vegetal beneficioso. Pero cuando están secas, el fuego puede arder bajo tierra durante semanas o meses —y seca y devasta incluso las capas saturadas—, lo que emite enormes volúmenes de dióxido de carbono y destruye miles de años de acumulación.

“Perderemos entre 5 y 6 pies (1,5 y 1,8 metros) de turba en cuestión de semanas, lo cual equivale a la pérdida de millones de toneladas de carbono... carbono antiguo que simplemente no podremos recuperar en el transcurso de varias vidas humanas", explicó Richardson.

Es por eso que Pantheon actúa con rapidez para restaurar el sitio en Carolina del Norte, destacó Wall. Aunque la empresa espera adquirir también turberas intactas, su prioridad inmediata son los terrenos drenados.

“Existe esta urgencia de empezar por lo que está degradado ahora”, agregó Wall, “antes de que desaparezca”.

El proyecto procura restaurar la biodiversidad nativa

Steve Apfelbaum conduce su camioneta deportiva por caminos cubiertos de hierba y llenos de baches, y de pronto baja del vehículo para escuchar con atención y mira ocasionalmente a través de sus binoculares. Sonríe al oír a la reinita galana, un ave cuya población está disminuyendo.

“Escuchamos a cientos de ellas hoy”, destacó Apfelbaum, ecólogo especializado en flora y fauna, quien realiza censos de aves reproductoras y migratorias en el lugar. “Lo que eso me dice es que este ecosistema es verdaderamente importante” para la migración de la especie.

Y también oye a las reinitas de Nashville que cantan en las copas de los árboles, pero que anidan en cavidades en la turba.

Las turberas son clave para ayudar a preservar las poblaciones de aves, que disminuyen en todos los hábitats, agregó Apfelbaum. “Todo tipo de aves geniales volverán”, manifestó.

A su vez regresarán los reptiles, las plantas, los peces y los insectos nativos, señaló Vlad Roosevelt, director de operaciones de Pantheon y responsable de supervisar la restauración. La empresa liberó a una pareja de lobos rojos hace un par de años y ya tuvieron crías.

Los créditos de carbono, a veces controversiales, son fundamentales para el proyecto

Los créditos de carbono funcionan así: las empresas, los gobiernos o los particulares que desean compensar sus emisiones de carbono invierten en proyectos —tales como la restauración de turberas— que capturan carbono. No obstante, su eficacia ha sido cuestionada, ya que a lo largo de los años se ha descubierto que algunos programas han exagerado la cantidad de carbono que capturan o simplemente eran fraudulentos.

Pantheon dice que es consciente de esas preocupaciones y garantiza créditos de alta calidad y verificados científicamente, con base en décadas de datos de Richardson sobre la pérdida de carbono en el lugar, mediciones continuas de los niveles de agua subterránea y el uso de equipos de monitoreo sofisticados —incluida una torre que mide la cantidad de gas que se absorbe y se libera del sitio—, así como en modelos informáticos y el análisis de muestras de suelo. Dichos resultados serán verificados por un tercero independiente.

Inversores —incluido Microsoft— proporcionan a Pantheon el capital inicial para adquirir turberas, narró Wall. Los ingresos derivados de los créditos de carbono —cada crédito equivale a una tonelada métrica— ayudarán a financiar futuras compras de terrenos.

Los cambios serán apasionantes, expresó Apfelbaum. Pero todo se reduce, en primer lugar, a rehumedecer y restaurar la turba, una solución climática natural que a menudo queda eclipsada por otras iniciativas, incluida la reforestación... la cual es importante, añadió, pero no tan eficaz.

“Todos nos hemos dejado cautivar y distraer por los árboles”, dijo Apfelbaum, “cuando en realidad son el suelo y la turba los que almacenan la mayor cantidad de carbono”.

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La cobertura climática y ambiental de The Associated Press recibe el apoyo económico de varias fundaciones privadas. La AP es la única responsable de todo el contenido. Encuentre los estándares de la AP para trabajar con organizaciones filantrópicas, una lista de patrocinadores y las áreas de cobertura financiadas en AP.org.

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