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Análisis

Los aliados de Putin finalmente le dicen una incómoda verdad: debe retirarse de Ucrania para salvarse

Al presidente ruso no le gustó lo que Narendra Modi tenía para decirle, pero el primer ministro de India intenta mantener unido al bloque de aliados internacionales, explica Sam Kiley, editor de Asuntos Internacionales

Modi insta a un Putin visiblemente incómodo a poner fin a la guerra en Ucrania
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Los populistas autoritarios como Vladimir Putin saben que, cuando otros líderes con tendencias antidemocráticas empiezan a llamarlos “amigo mío”, quizá sea señal de que las cosas empiezan a complicarse.

No sorprende, entonces, que el presidente ruso se removiera incómodo en su asiento y golpeara el suelo con los pies mientras uno de sus aliados de larga data, el veterano populista y nacionalista hindú Narendra Modi, le daba en público una pequeña lección sobre la necesidad de poner fin a la guerra en Ucrania.

La escena resulta aún más significativa porque se produjo apenas una semana después de una inesperada misión a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe, y en medio de versiones de que la Casa Blanca podría enviar pronto a Jared Kushner y Steve Witkoff a Kyiv como enviados especiales, en lo que sería la primera visita de ambos. Todo apunta a que algunos de los aliados de Putin empiezan a cerrar filas para aumentar la presión sobre él.

A juzgar por lo ocurrido hasta ahora, es poco probable que lo hagan por Ucrania, por la democracia o siquiera por la “humanidad”. Más bien, parecen interesados en proteger su propio círculo de poder.

Y motivos para preocuparse no faltan. Putin atraviesa un momento complicado: aunque cerca del 40 % de la economía rusa está volcada al esfuerzo bélico, los resultados en el campo de batalla siguen siendo escasos. El costo, en cambio, es enorme: más de 30.000 soldados rusos mueren cada mes a cambio de pequeños avances territoriales que cambian de manos en una guerra cada vez más sangrienta.

La presión tampoco se limita al frente. Miles de millones de dólares en capital ruso están saliendo de los bancos ante el temor de que el Kremlin recurra a los depósitos para financiar la guerra. A esto se suman los ataques ucranianos de largo alcance contra la infraestructura energética de Rusia, que han provocado largas filas en las gasolineras. Mientras tanto, el Kremlin continúa enviando al frente del Donbás a soldados de distintas minorías étnicas de las regiones orientales del país, que soportan una parte desproporcionada del costo humano del conflicto.

Con Putin cada vez más presionado, tampoco sorprende que haya endurecido sus amenazas contra Europa y el Reino Unido. Esa retórica desafiante puede servirle para proyectar fortaleza en un momento de vulnerabilidad, aunque sería un error reducir sus amenazas a simples gestos. De hecho, se cree que Ratcliffe pidió a sus homólogos de inteligencia en Moscú que abandonaran cualquier plan de poner a prueba a la OTAN mediante incursiones militares o ataques híbridos destinados a aliviar la presión que Rusia enfrenta en Ucrania.

El primer ministro de India, Narendra Modi; el presidente de Rusia, Vladimir Putin; y el presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyoyev, conversan a su llegada a una recepción en honor a los participantes de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS)
El primer ministro de India, Narendra Modi; el presidente de Rusia, Vladimir Putin; y el presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyoyev, conversan a su llegada a una recepción en honor a los participantes de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) (AFP/Getty)

“Cada día que esta guerra continúa, la humanidad da un paso atrás. En cambio, cada paso hacia la paz nos devuelve la esperanza. Tenemos que dejar atrás esta guerra interminable, ponerle fin y lograr que cesen las hostilidades”, dijo Modi a Putin.

El primer ministro de India ha mantenido una postura cautelosa frente a la guerra de Rusia en Ucrania: insiste en la “necesidad de alcanzar la paz”, pero evita criticar de forma directa al Kremlin.

Esa prudencia diplomática también responde a importantes intereses económicos. Desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, India ha estrechado sus vínculos energéticos con Moscú y ahora obtiene de Rusia cerca de un tercio del petróleo crudo que importa. Nueva Delhi, además, refina parte de ese combustible y lo revende en los mercados occidentales, una operación que le ha generado importantes ganancias.

Las cifras muestran la magnitud de ese negocio. Entre 2022 y 2025, Rusia exportó a India alrededor de 172.000 millones de dólares en petróleo crudo, frente a apenas 2.300 millones en 2021, un salto extraordinario desde el inicio de la invasión de Ucrania. India también sacó provecho de esa relación: sus refinerías compraron crudo ruso con descuento y generaron entre 15.000 y 20.000 millones de dólares mediante la exportación de productos derivados, con ganancias adicionales estimadas de entre 2.000 y 4.000 millones de dólares al año.

El presidente ruso, Vladimir Putin, conversa con el primer ministro de India, Narendra Modi, durante una reunión al margen de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en Biskek, Kirguistán, el lunes 31 de agosto de 2026
El presidente ruso, Vladimir Putin, conversa con el primer ministro de India, Narendra Modi, durante una reunión al margen de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en Biskek, Kirguistán, el lunes 31 de agosto de 2026 (AP)

La cercanía entre ambos líderes viene de lejos. Hace dos años, Modi recibió la Orden de San Andrés, la máxima condecoración de Rusia, mientras que el Ministerio de Asuntos Exteriores de India ha definido la relación entre ambos países como una “asociación estratégica especial y privilegiada”.

Entonces, ¿por qué Modi decidió ahora reprender en público al presidente ruso?

La respuesta puede estar en la propia naturaleza de este grupo de líderes populistas: la cercanía entre ellos nunca implicó una lealtad incondicional. Putin, Xi Jinping en China, Modi y Donald Trump cultivaron una relación peculiarmente cordial, pese a que sus países compiten por poder e influencia en el escenario mundial.

Trump, por ejemplo, mostró en repetidas ocasiones su admiración por Modi, quien aprovechó el nacionalismo hindú para consolidar su poder y encadenar victorias electorales, mientras sus críticos lo acusan de erosionar las instituciones democráticas de India.

El presidente estadounidense llegó a describir a Modi como una “gran persona” y “un gran amigo mío desde hace años”, aunque eso no le impidió criticar los estrechos vínculos económicos de Nueva Delhi con Moscú.

Esas críticas, sin embargo, tienen mucho de impostura. Trump no cumplió su amenaza de imponer sanciones a India por sus compras de petróleo ruso, que en julio alcanzaron un récord y representaron el 50,8 % de las importaciones de crudo del país.

Su fascinación por Putin resulta aún más evidente. En ocasiones, Trump actuó de una forma tan favorable a los intereses del Kremlin que podría confundirse con uno de sus propios aliados.

Respaldó las exigencias de Putin de quedarse con una extensa porción del territorio ucraniano, redujo la ayuda militar a Ucrania y presionó a Kyiv para conseguir acuerdos sobre la explotación de minerales en condiciones que, según el autor, recuerdan a las prácticas de un mafioso. Además, amenazó en reiteradas ocasiones con apoderarse de Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, y anexar Canadá.

Para un jefe de inteligencia ruso, concluye la columna, habría sido difícil imaginar a una figura tan poderosa dentro del gobierno estadounidense actuando de una manera tan favorable a los intereses de Moscú.

Cumbre entre Estados Unidos, Ucrania y Rusia
Cumbre entre Estados Unidos, Ucrania y Rusia (AFP/Getty)

En la práctica, Trump les hizo el juego tanto a Moscú como a India.

Pero eso no significa que carezca de poder. Al contrario, ahora necesita a ambos países para salir de un problema que podría marcar el resto de su presidencia: las elecciones de mitad de mandato. En noviembre, los republicanos podrían perder el control de la Cámara de Representantes e incluso del Senado, lo que dejaría a Trump debilitado durante la recta final de su mandato y expuesto a nuevas investigaciones y procesos judiciales.

A ese panorama se suma la guerra contra Irán, un conflicto que el autor califica de ilegal, impopular y sin perspectivas claras de victoria, y en el que Trump involucró a Estados Unidos. En el escenario internacional, además, prometió llevar la paz a Ucrania, pero terminó proyectando justo lo contrario de su propia consigna política: un Estados Unidos más débil, no más grande.

Putin también atraviesa un momento de debilidad, aunque eso no lo hace menos peligroso. Mientras amenaza a Europa, figuras de su entorno agitan el fantasma de las armas nucleares. Sin embargo, enfrentarse a la OTAN podría provocar el colapso de su ejército en Ucrania y terminar de hundir lo que queda de la economía rusa. Incluso sin llegar a ese extremo, una ruptura repentina de la cadena de mando en el frente occidental ya no parece un escenario imposible. Y eso podría significar el fin de Putin.

Una caída del líder ruso, sin embargo, tampoco les convendría a Trump ni a Modi. Ambos quieren —y necesitan— mantener unido este peculiar grupo, aunque sus intereses no siempre coincidan.

Traducción de Leticia Zampedri

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