La justicia francesa trabaja para procesar a los miles de jóvenes detenidos en disturbios

Más de 3.600 personas han sido detenidas en los disturbios en Francia desde la muerte de Nahel Merzouk el 27 de junio, con una edad media de 17 años

Jade Le Deley,Lori Hinnant
Jueves, 06 de julio de 2023 04:10 EDT

Tenía 19 años, y era el mayor del grupo de adolescentes acusados de arrojar bombas incendiarias contra la comisaría de su localidad suburbana.

“¿Por qué?”, le preguntó el juez a Riad, que fue detenido tras ser identificado en videos de seguridad grabados el 29 de junio, la segunda noche de disturbios en toda Francia después de que la policía matara a tiros a otro adolescente de un suburbio a las afueras de París.

“Por justicia para Nahel”, dijo Riad. Sentado de modo informal y algo desaliñado tras cinco noches en prisión, dijo que no sabía que la familia de Nahel Merzouk había organizado una marcha pacífica. Explicó que la imagen de celular en la que se le veía con una bomba incendiaria en la mano era “para redes sociales. Para dar una imagen”.

En total, más de 3.600 personas han sido detenidas en los disturbios en Francia desde la muerte de Nahel el 27 de junio, con una edad media de 17 años, según el Ministerio del Interior. La violencia, que dejó más de 800 agentes de seguridad heridos, ha remitido en su mayor parte en los últimos días.

Las cortes francesas trabajan horas extra para procesar los arrestos, lo que incluye abrir sus puertas durante el fin de semana, con vistas rápidas que duran en torno a una hora y sentencias en el mismo día.

El fiscal señaló que Riad había descubierto dónde conseguir artefactos incendiarios en Snapchat, una red social a la que el gobierno francés ha señalado, junto con TikTok, por fomentar los disturbios. El abogado de Riad apuntó que el joven no tenía antecedentes y no se le acusaba de daños importantes ni lesiones.

Para el martes por la tarde se había fijado la sentencia de Riad: tres años, con un mínimo de 18 meses entre rejas, y el destierro de su localidad natal, Alfortville, mientras durase la condena.

Él se derrumbó en la banca. “No estoy preparado para ir a prisión. De verdad que no estoy preparado”. Lanzó un beso furtivo a su madre mientras se lo llevaban.

Fuera de la sala abarrotada, dos chicas preguntaban a alguien que salía qué sentencia había recibido. “¿Tres años? ¡Eso es una locura!”, exclamó una.

Pero el ánimo en Francia era severo tras unos disturbios que causaron daños por valor de 1.000 millones de euros (más de 1.000 millones de dólares), según estimaciones de las autoridades. Nahel, de 17 años, murió baleado el 27 de junio durante una parada de tráfico. El tiroteo, que fue grabado en video, reavivó de inmediato las viejas tensiones entre la policía y los jóvenes -casi todos de minorías y nacidos en Francia- en viviendas protegidas y suburbios desfavorecidos.

El ministro de Justicia, Eric Dupond-Moretti, emitió una orden el viernes que exigía una respuesta judicial “fuerte, firme y sistemática”. Las vistas comenzaron al día siguiente, mientras los disturbios se reanudaban por las noches.

“Esto es no es justicia apresurada. El mensaje que quiero enviar es que la justicia funciona con normalidad ante una situación excepcional”, dijo Peimane Ghaleh-Marzban, presidente de la corte en Bobigny.

Para el martes por la noche, un total de 990 personas habían pasado por una corte y en torno a un tercio recibió penas de prisión, según el vocero del gobierno Olivier Veran. Un tercio de los detenidos eran menores, dijo.

“Hay muchos primeros infractores, personas que no se han adentrado en la delincuencia, muchos menores en la escuela que no (participan) en la actividad criminal habitual”, explicó Ghaleh-Marzban.

La oficina de derechos de Naciones Unidas dijo que las protestas mostraban que era hora de que Francia abordara su historia de racismo policial, en lugar de limitarse a repartir castigos, y señaló que el gobierno debía asegurarse de que el uso de la fuerza “siempre respeta los principios de legalidad, necesidad, proporcionalidad, no discriminación, precaución y responsabilidad”.

Muchos legisladores franceses reclamaron la máxima respuesta posible, y deprisa.

Olivier Marleix, parlamentario del partido conservador Republicanos, pidió que todos los casos asociados a los disturbios se resolvieran en un plazo de 100 días.

“No castigar esto sería una ofensa a todas nuestras fuerzas de seguridad. No castigar esto sería no comprender la gravedad de la amenaza para Francia”, afirmó el martes en la Asamblea Nacional.

El agente acusado de matar a Nahel, por su parte, está acusado de homicidio voluntario pero aún no ha comparecido ante una corte ni se ha fijado una fecha.

Rayan, un hombre de 18 años detenido con un grupo de unos 30 jóvenes que arrojaban combustible a su comisaría local, fue acusado de grabar un video de 14 segundos sobre cómo se arrojaban bombas incendiarias al edificio en Kremlin-Bicetre. En el video se le oye gritar “¡prendedles!”.

Era su primer arresto. Fue trasladado a la prisión de Fleury-Merogis, la más grande de la Unión Europea, y lloró el martes en la banca. La fiscalía, que le acusaba de poner la zancadilla a un policía que huía, pidió una pena de 30 meses y que se le desterrase de su pueblo.

“Soy una buena persona. Nunca he tenido un problema con la policía. Tengo una familia, trabajo”, dijo cubriéndose el rostro con las manos. “Ni siquiera sé qué hago aquí”.

Su breve vista terminó con una pena en suspenso de 10 meses. sus padres le recogieron esa noche de prisión para llevarle a casa.

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Sylvie Corbet contribuyó a este despacho desde París.

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