Aliados y rivales de EEUU en Asia evalúan consecuencias de guerra en Oriente Medio
A medida que la guerra se extiende por Oriente Medio, los rivales y aliados de Estados Unidos en Asia se preparan para las consecuencias, que incluyen un posible impacto económico y amenazas a la seguridad a largo plazo.
A continuación se presenta un vistazo al impacto de los combates en Oriente Medio en Corea del Norte, Corea del Sur, Japón y China.
Corea del Norte
En una importante conferencia política el mes pasado, Kim Jong Un, el gobernante norcoreano, insistió en que el intento de su país por desarrollar armas nucleares desde hace décadas fue la decisión “correcta”, a pesar del aislamiento paralizante y la escasez de recursos.
Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán no harán sino reforzar esa creencia.
Los líderes norcoreanos probablemente observaron con inquietud cómo murió el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, a consecuencia de los ataques. La ofensiva se implementó luego de que en enero fuerzas armadas estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Pyongyang ha condenado los ataques contra Irán, calificándolos de ilegales y una violación “verdaderamente despreciable” de la soberanía. Es de resaltar que no mencionó la muerte de Jamenei.
Ataques similares para eliminar al liderazgo de Corea del Norte serían mucho más arriesgados y su probabilidad de éxito sería menor, observó Hong Min, analista del Instituto Coreano para la Unificación Nacional, un grupo de expertos que se centra en la reunificación y fue fundado en Corea del Sur.
A diferencia de Irán, Corea del Norte sí ha cumplido sus ambiciones nucleares. Su amplio arsenal contiene docenas de ojivas, con diversos sistemas de lanzamiento que amenazan a los aliados asiáticos de Washington, y misiles balísticos intercontinentales que, potencialmente, son capaces de alcanzar el territorio continental estadounidense. Sería difícil eliminar las capacidades norcoreanas en una sola oleada de ataques preventivos, y eso dejaría abierta la posibilidad de que los sistemas que sobrevivan sean utilizados para embestir blancos en Corea del Sur, Japón o incluso Estados Unidos.
En su primera aparición pública desde que la guerra empezó, Kim inspeccionó la semana pasada las pruebas en el mar de su preciado nuevo buque de guerra, y pruebas de lo que los medios estatales denominaron misiles de crucero con capacidad nuclear. Algunos analistas manifiestan que el objetivo de la exhibición podría haber sido mostrar sus capacidades militares luego de la muerte de Jamenei y el hundimiento de buques iraníes por parte de Estados Unidos, y mandar la señal de que, a diferencia de los de Irán, sus navíos sí podrían portar ojivas nucleares.
Atacar a Corea del Norte también se complicaría por su proximidad geográfica con China y Rusia —los rivales más importantes de Washington—, con quienes Kim ha estrechado lazos en su intento de tener una presencia más asertiva en la región.
Las acciones militares estadounidenses contra Irán y Venezuela se llevaron a cabo a pesar de negociaciones activas. Los analistas tienen opiniones divergentes sobre cómo eso podría afectar las aspiraciones de Corea del Norte de sostener un diálogo diplomático con Estados Unidos, intento que naufragó en 2019 tras el fracaso de una cumbre entre Kim y el presidente estadounidense Donald Trump.
En el congreso del partido gobernante, en febrero, Kim dejó la puerta abierta al diálogo con la Casa Blanca, y reiteró las exhortaciones previas de Pyongyang para que Washington abandone sus exigencias de desnuclearización de Corea del Norte como condición previa para reanudar las conversaciones.
Hong dijo que, si bien es probable que Kim mantenga esa postura, el ataque a Irán podría haber profundizado su desconfianza hacia Washington, y señaló que el gobernante podría elevar las condiciones para que haya negociaciones.
No obstante, Park Won Gon, profesor de la Universidad Femenina Ewha, de Seúl, dilucidó que Kim podría sentir una mayor urgencia por buscar un acuerdo con Trump tras considerar que el hecho de que no haya establecido un diálogo diplomático es un riesgo.
Funcionarios surcoreanos han planteado que la visita de Trump a China, prevista a finales de marzo o en abril, podría brindar una posible apertura con Pyongyang.
Corea del Sur
Corea del Sur, que depende en gran medida del comercio y la importación de combustible, está alarmada por los ataques de Irán a la infraestructura energética y sus intentos por cerrar el estrecho de Ormuz, por donde fluye aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de petróleo.
La guerra también incrementa la intranquilidad en Seúl respecto a su alianza con Estados Unidos. El gobierno de Trump ha mostrado su disposición a actuar militarmente sin una amplia coordinación con sus aliados.
Durante décadas, Washington ha prometido protección militar total —incluida la nuclear— a sus aliados, y mantiene emplazados a unos 28.000 soldados en Corea del Sur para disuadir a Corea del Norte. Si bien una reducción significativa de ese compromiso es poco probable, Seúl debe tomar en cuenta ahora el riesgo de verse involucrada en posibles conflictos provocados por acciones unilaterales de Estados Unidos, incluso más allá de la península de Corea, agregó Hong.
“Ya sea Taiwán, Corea del Norte o la competencia entre Estados Unidos y China, en Corea del Sur existen, desde hace tiempo, preocupaciones de que el gobierno de Trump pueda tomar decisiones excesivamente agresivas sin tomar en cuenta plenamente las posibles consecuencias graves para sus aliados”, dijo Hong. “Esas preocupaciones son ahora significativas”.
Corea del Sur debe “definir claramente las medidas que podría adoptar” en diferentes escenarios, añadió.
Japón
Japón, otro aliado clave de Estados Unidos en Asia, también se muestra receloso de las agresivas acciones militares de Trump y preocupado por cualquier afectación a los desplazamientos en el estrecho de Ormuz.
Si bien Tokio ha respaldado los esfuerzos de la Casa Blanca por frenar el desarrollo nuclear de Irán, la guerra ha generado cuestionamientos sobre su legitimidad, y escepticismo sobre la credibilidad de Washington como aliado, refirió Mitsuru Fukuda, profesor de la Universidad de Nihon.
Sanae Takaichi, la primera ministra del país, y otros altos funcionarios han expresado su firme apoyo a las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, pero no han llegado al punto de respaldar los ataques por parte de Washington e Israel. Tokio no ha mostrado interés en una participación militar, aunque algunos expertos creen que el conflicto podría impulsar la iniciativa de Takaichi para fortalecer su ejército y ampliar la venta de armas.
La disuasión nuclear por parte de Estados Unidos aún es crucial para la seguridad de Japón, en medio de las preocupaciones por la creciente agresividad de China y Corea del Norte. Si bien la agitación mundial —incluida la guerra en Ucrania— ha reavivado el debate sobre la adquisición de armas atómicas por parte de Japón, el apoyo en el país a ello todavía es bajo debido a restricciones legales y políticas.
China
China podría considerar la guerra con Irán como una oportunidad para forjar un papel más asertivo en Oriente Medio, al presentarse como un agente de poder más confiable que Estados Unidos, dijo Seo Chang-bae, profesor de la Universidad Nacional Pukyung, de Busan.
Beijing podría considerar que el objetivo de las acciones militares estadounidenses en Venezuela e Irán —ambos importantes proveedores de petróleo para China— es, en parte, contrarrestar a este país, según los expertos.
Si bien el gobierno chino ha expandido constantemente sus lazos comerciales y tecnológicos con los países del golfo Pérsico, también ha buscado posicionarse como un contrapeso regional, y destaca al haber mediado un acuerdo de 2023 entre Irán y Arabia Saudí para normalizar las relaciones. Eso forma parte de una iniciativa más amplia para fortalecer su influencia global y desafiar los órdenes financieros basados en el dólar estadounidense.
Si bien Beijing podría buscar “beneficios (geopolíticos) indirectos”, un conflicto prolongado perjudicaría los intereses comerciales de China, agregó Seo. El gobierno chino también podría estudiar las capacidades bélicas de Estados Unidos y acelerar la integración de la inteligencia artificial en su ejército, señaló.
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La periodista de la AP Mari Yamaguchi contribuyó desde Tokio.






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