Las librerías independientes de Hong Kong, refugio para lectores chinos, están amenazadas

El estudiante universitario chino Fleming Cheng encontró el año pasado en una librería de Hong Kong los libros políticos que solo había alcanzado a ver en internet.
Antes de visitar la librería Greenfield, Cheng solo había logrado ver las portadas de los libros en línea tras eludir la censura de internet de Beijing mediante una VPN. En la tienda, tomó un título que ofrecía un relato crítico sobre China. Allí se quedó devorando decenas de páginas de otro, sobre un dirigente chino partidario de las reformas que cayó en desgracia por simpatizar con los manifestantes durante el movimiento prodemocracia de la plaza de Tiananmen en 1989.
Cheng comentó que vio perspectivas que se apartaban de la narrativa oficial del continente.
“Un espacio de libertad”, manifestó.
Las librerías independientes de Hong Kong, muchas dentro de edificios y lejos de calles concurridas, han ofrecido durante mucho tiempo un refugio y una ventana a un mundo más libre para algunos lectores de China continental que buscan ideas reprimidas en casa.
Pero esos espacios ahora están amenazados tras una oleada de arrestos de libreros por presunta sedición bajo una ley de seguridad nacional de 2024. Los críticos sostienen que su situación refleja la represión más amplia contra la disidencia en la ciudad, que comenzó después de que Beijing impusiera una ley de seguridad aparte en 2020. Las autoridades afirman que ambas leyes son vitales para la estabilidad.
Greenfield fue una de cuatro librerías allanadas por la policía en apenas cuatro meses. Aunque se concedió la libertad bajo fianza, la tienda, con 50 años de antigüedad, anunció en julio que cerraría al finalizar su contrato de arrendamiento. Otra librería, Have A Nice Stay, creada por experiodistas, anunció planes para cerrar citando “normas confusas” y dificultades financieras, incluso antes de que sus libreros fueran arrestados el mismo día que los de Greenfield.
“Si el gobierno de Hong Kong intenta desesperadamente alinear cada aspecto de la ciudad con el continente, o incluso hasta el punto de que ambos se vuelvan indistinguibles, eso sería una pérdida tremenda también para nosotros, los del continente”, expresó Cheng.
Libreros bajo presión
Hong Kong, una excolonia británica que regresó a China en 1997, fue conocida en otro tiempo por sus libertades de publicación y expresión.
Pero en 2015, el librero Lam Wing-kee y otras cuatro personas vinculadas a Causeway Bay Books desaparecieron. La tienda era conocida por vender títulos políticamente sensibles. Lam contó después a periodistas que estuvo retenido por autoridades chinas y aportó detalles explosivos que contradecían las versiones oficiales chinas. Los libros de chismes sobre la política china pronto disminuyeron en los estantes de Hong Kong.
Tras la ley de seguridad de 2020, activistas destacados fueron arrestados y grupos de la sociedad civil se disolvieron. Títulos sobre la represión de Tiananmen y obras de políticos prodemocracia fueron retirados de las bibliotecas públicas. En la feria anual del libro de la ciudad, a algunas pequeñas empresas del sector se les prohibió exponer, y un periódico pro-Beijing calificó una feria del libro independiente como una forma de “resistencia blanda”.
Pese a la presión y al aumento de las inspecciones oficiales, muchos siguieron adelante, y algunos continuaron organizando actividades además de vender libros.
Pero los arrestos alcanzaron a Book Punch en marzo, a Hunter Bookstore en junio, y a Greenfield y Have A Nice Stay en julio. Las autoridades acusaron a los libreros de vender publicaciones sediciosas, según comunicados del gobierno e informes de prensa.
Libreros cautelosos dicen que les cuesta interpretar las normas
Las autoridades afirman que están prohibidas las declaraciones con “intención sediciosa” para incitar al odio contra los gobiernos de China y Hong Kong o para derrocarlos. Pero no han especificado qué libros consideran “sediciosos”, lo que deja a los observadores buscando pistas en reportes periodísticos que citan fuentes anónimas.
El secretario de Seguridad, Chris Tang, afirmó que la ley es clara sobre lo que constituye intención sediciosa y reiteró que no habrá una lista de libros prohibidos. Señaló que los libreros deben asegurarse de que los títulos que venden no atenten contra la seguridad nacional del mismo modo que los supermercados no deben vender comida que provoque enfermedades digestivas.
Un librero, que habló bajo condición de anonimato por temor a represalias del gobierno, indicó que les resultaba difícil determinar qué era sedicioso. Aun así, se volvió más cauteloso respecto a si vender ciertos libros sobre la política moderna de China. Su arrendador también estaba revisando si seguiría alquilándoles el espacio después de haber sido hostigado.
En una respuesta por correo electrónico, el gobierno condenó cualquier “difamación” y comentarios falsos sobre el trabajo de salvaguardar la seguridad nacional. Afirmó que las leyes de seguridad establecen claramente que deben protegerse los derechos humanos y las libertades de expresión y publicación.
Según el gobierno, las normas sobre intención sediciosa protegen expresamente la expresión de opiniones o incluso las críticas contra las políticas gubernamentales.
Espacios de refugio y compañía
La estudiante universitaria Iris Wang, de la vecina Guangdong, percibió un control más estricto sobre Hong Kong. Para ella, Hunter animaba a la gente a pensar, en lugar de limitarse a vender libros como sus pares del continente. Allí compró una postal sobre ser valiente y un manga.
Algunos lectores del continente también visitan las tiendas por razones no políticas, como sus libros de temas específicos o simplemente por la calma que ofrecen.
El hongkonés Brian Leung encontró compañía en las librerías independientes y dijo que cada una tenía su propio carácter. Cuando se produjeron arrestos en las tiendas que visitaba, sintió que se perdía algo que apreciaba.
“Parte de aquello a lo que me había acostumbrado en Hong Kong se pierde otra vez”, manifestó, y añadió que las librerías no lo han “incitado” porque los lectores pueden juzgar por sí mismos.
Preocupaciones por el acceso de Hong Kong a libros taiwaneses
En Taiwán, considerado ampliamente el centro editorial más libre para libros en chino, algunas editoriales han llenado el vacío a medida que se profundizaban las restricciones en Hong Kong. Algunos lectores temen que algún día Taiwán no pueda enviar libros a Hong Kong con la misma libertad que antes.
Las editoriales taiwanesas publicaron seis veces más libros sobre Hong Kong entre 2020 y 2024 que en los cinco años anteriores, según Cheng Tsu-Bang, profesor de sociología de la Universidad Tunghai en Taiwán.
“La publicación de libros parece haberse convertido en un medio de comunicación muy importante entre Taiwán y Hong Kong, o en un medio de apoyo mutuo”, explicó.
En julio, la emisora taiwanesa FTV informó que una empresa de logística dejó de aceptar pedidos para enviar libros desde Taiwán a librerías de Hong Kong bajo investigación. También exigió una lista completa de libros antes de entregar a otros locales de Hong Kong, añadió el reporte.
Un autor de Hong Kong que se mudó a Taiwán y ha publicado libros allí es Lee, quien habló con la condición de no usar su nombre completo por temor a represalias del gobierno.
Lee ha escrito sobre el movimiento prodemocracia de Hong Kong y afirmó que las librerías independientes servían como un puente para llevar a la ciudad obras sobre Hong Kong y conectar a escritores de la diáspora con su hogar.
El escritor comparó el colapso de la sociedad civil con una roca que rueda cuesta abajo, aplastando lo que encuentra a su paso. Las librerías, declaró, eran un pequeño campo de flores donde la gente podía respirar e intentar salvaguardar lo que quedaba.
“Ahora es como si te dijeran de manera muy directa y cruel que quizá este tiempo prestado está llegando a su fin”, expresó Lee.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.





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