¿Te quejas en redes por viajes calurosos en el metro? No eres el único, según un estudio

Los viajeros, residentes y turistas que recurren a las redes sociales durante los meses cálidos para quejarse de los sofocantes viajes en el metro de Nueva York, Boston y Londres deberían sentirse reivindicados: una nueva investigación afirma que no están solos.
El número de usuarios del metro que reportan un calor incómodo bajo tierra aumenta a medida que suben las temperaturas en la superficie, según un nuevo estudio publicado el martes en la revista Nature Cities. Esto podría empeorar a medida que el cambio climático, impulsado por la quema de combustibles fósiles, haga que el planeta sea más caluroso.
Investigadores de la Universidad Northwestern analizaron más de 85.000 publicaciones aportadas por usuarios en X y reseñas de Google Maps de 2008 a 2024 en los sistemas de metro de esas tres grandes ciudades. Buscaron palabras clave relacionadas con la sensación de intenso calor —o lo que denominaron “incomodidad térmica”— en esas metrópolis, que figuran entre las más antiguas y concurridas del mundo. Los expertos rastrearon términos en inglés como “hot” y “warm” (“caliente” y “cálido”, respectivamente), mientras filtraban resultados que no parecían estar relacionados con la temperatura, como “hot dog” (“perrito caliente”).
Los autores del estudio indicaron que los usuarios del metro pueden esperar que las temperaturas sean naturalmente más frescas bajo tierra. Determinaron que un aumento de 0,56 grados Celsius (1 grado Fahrenheit) en la temperatura exterior se tradujo en un incremento del 10% en las quejas en Boston, del 12% en Nueva York y del 27% en Londres. La temperatura media de la Tierra aumentó 0,56 °C (1 °F) de 2008 a 2024, según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.
Los investigadores analizaron publicaciones en distintas estaciones del año, según la hora del día y el día de la semana.
“Curiosamente, durante el fin de semana la gente se quejó menos”, señaló Giorgia Chinazzo, profesora asistente del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de Northwestern, quien coescribió el estudio con el profesor adjunto Alessandro Rotta Loria. Chinazzo planteó que una razón podría ser que las personas se vestían de manera distinta que en los días laborables.
Algunas limitaciones
Flavio Lehner, profesor auxiliar de ciencias de la Tierra y de la atmósfera de la Universidad Cornell, quien no participó en el trabajo, señaló que la investigación “sigue el modelo de estudios previos que vinculan las condiciones ambientales con el comportamiento humano usando datos de redes sociales”. Lehner también ha estudiado cómo las condiciones cálidas desencadenan una reacción más intensa en internet.
El académico indicó que, entre las limitaciones de la investigación, están que solo se monitorearon tres sistemas de transporte urbano y que resulta difícil controlar otros factores que influyen en el comportamiento en redes sociales.
Kris Ebi, profesora de salud pública y clima en la Universidad de Washington, quien tampoco participó en el estudio, afirmó que el impacto real del calor en el metro probablemente sea mayor de lo que hallaron los investigadores porque los grupos vulnerables están subrepresentados en las redes sociales.
Ebi sostuvo que el tamaño del estudio “aporta pruebas convincentes de que las ciudades deberían planificar medidas para mantener a la gente a salvo durante el clima caluroso”.
El potencial de ahorro energético
Trabajos como este sin duda podrían influir en la forma en que los responsables de políticas públicas y los operadores del metro se ajustan al calor extremo.
“Todos experimentamos el aumento de las temperaturas. Así que lo que ocurre arriba se reflejará bajo tierra, y eso se reflejará en que la gente se queje cada vez más”, manifestó Chinazzo. “Las estrategias de mitigación y adaptación son cosas que se implementarán mucho más en el futuro”.
Esto podría significar la instalación de ventiladores u operar sistemas de enfriamiento en horarios más específicos del día. También podría implicar ofrecer agua potable en determinados momentos.
“Necesitamos nuevas tecnologías y herramientas, nuevas metodologías que la gente pueda usar para afrontar estos cambios de temperatura de los que todos son conscientes y que están viviendo hoy en día”, añadió. “Y será peor en el futuro”.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.






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