Un capitán iraquí sigue navegando pese a la amenaza de ataque en guerra regional
A bordo de un petrolero que surca las tensas aguas entre el golfo de Omán y el estrecho de Ormuz, el capitán iraquí Rahman Al-Jubouri continúa trabajando en uno de los corredores marítimos más volátiles del mundo, donde la guerra de Estados Unidos e Israel con Irán ha alterado el comercio mundial y ha dejado a algunas tripulaciones varadas y expuestas a ataques.
Las hostilidades no son nuevas para Al-Jubouri, un veterano que trabaja en el mar desde 1984 y ha vivido décadas de convulsiones, como la guerra entre Irán e Irak y la Guerra del Golfo de 1991. Una vez más, se encuentra operando en aguas de alto riesgo, mientras ataques militares esporádicos amenazan a las embarcaciones que buscan navegar por cuellos de botella como Bab el-Mandeb y el golfo Pérsico.
“El trabajo se ha convertido en un riesgo real; no sabemos cuándo podrían bombardearnos. Estamos navegando sobre una bola de fuego”, dijo.
Al-Jubouri lleva cuatro meses a bordo de su petrolero, el Sea Moon, con bandera de Palaos. En estos momentos, él y su tripulación navegan desde el golfo de Adén hacia el golfo de Omán para descargar petróleo en el puerto de Ras Isa, en Yemen. Habló con The Associated Press por teléfono.
La guerra ha colocado a los buques comerciales en medio del fuego cruzado del conflicto regional, en el contexto del prolongado pulso entre Washington y Teherán por el estrecho de Ormuz. Varios petroleros han sido blanco de ataques perpetrados por fuerzas iraníes y grupos aliados. Las interrupciones intermitentes y las amenazas de cerrar el estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento crucial para los flujos mundiales de petróleo, también han dejado embarcaciones demoradas, desviadas o varadas en el golfo.
Las fuerzas militares estadounidenses se apoderaron por la fuerza el domingo de un buque de carga con bandera iraní que intentó eludir un bloqueo naval cerca del estrecho, la primera interceptación de este tipo desde que comenzó la semana pasada el bloqueo de los puertos iraníes.
Los peligros de su trabajo implican que su tripulación realice simulacros de seguridad con regularidad para prepararse ante posibles ataques. “Los hemos entrenado sobre cómo responder si el barco recibe fuego, Dios no lo quiera”, comentó.
El año pasado, cuando estaba atracado en un puerto yemení, su embarcación se vio en un bombardeo. “Corté de inmediato las amarras, preparé los motores y salí del puerto por mi cuenta y riesgo para proteger a la tripulación y al barco”, relató.
La metralla alcanzó el petrolero cuando se alejaba, causando daños menores, pero la tripulación salió ilesa. Pese a la amenaza persistente, la embarcación regresó después para las operaciones portuarias y retomó su ruta prevista.
Sin embargo, no toda la tripulación de Al-Jubouri puede soportar los peligros del trabajo. Su equipo se ha reducido de 27 marineros a 17, indicó. El miedo los hizo marcharse.
El desgaste psicológico se agrava por los largos periodos en el mar. En cuatro meses, Al-Jubouri no ha visto a su familia. Como muchos marineros, lucha contra la nostalgia.
“Sufrimos por estar lejos de nuestras familias y de nuestras patrias”, expresó. Aunque el acceso a internet a bordo permite que los tripulantes se mantengan en contacto, la distancia se siente especialmente marcada en medio de la tensión de una guerra en curso.
Al menos los suministros básicos se mantienen estables. Los alimentos y el agua embotellada se reponen con regularidad en el puerto, sin que se hayan reportado grandes escaseces.
Al-Jubouri afirmó que sus cuatro décadas en el mar le permiten adaptarse en situaciones de presión.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.






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