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Cambio de rumbo de Trump sobre el estrecho de Ormuz plantea dudas sobre preparación bélica de EEUU

TRUMP-ESTRECHO DE ORMUZ
TRUMP-ESTRECHO DE ORMUZ (AP)

En guerra con Irán, el presidente Donald Trump revisa una y otra vez una lista de opciones cada vez más desesperadas mientras busca solución a la crisis en el estrecho de Ormuz. Ha pasado de llamados para garantizar la seguridad de la vía marítima por medios diplomáticos a levantar sanciones y ahora amenazas directas contra la infraestructura civil en la República Islámica.

Trump y sus aliados insisten en que siempre estuvieron preparados para que Irán impusiera un bloqueo del estrecho, pero la errática estrategia del presidente ha alimentado las críticas de que está buscando respuestas a ciegas después de ir a la guerra sin un plan claro de salida. Su más reciente intento se produjo el sábado cuando lanzó un ultimátum a Irán: Abrir el estrecho en un plazo no mayor a 48 horas o Estados Unidos “aniquilará” las centrales eléctricas del país.

Los asesores de Trump defendieron la amenaza como una táctica dura para doblegar a Irán. Sus detractores la presentaron como el reflejo de los fracasos de un presidente que erró en sus cálculos sobre lo que haría falta para salir de un atolladero geopolítico.

“Trump no tiene un plan para reabrir el estrecho de Ormuz, así que está amenazando con atacar las centrales eléctricas civiles de Irán”, aseguró el senador demócrata Ed Markey. “Esto sería un crimen de guerra”.

“Ha perdido el control de la guerra y está entrando en pánico”, declaró el senador demócrata Chris Murphy en respuesta a la publicación de Trump.

A lo largo de más o menos una semana, Trump ha cambiado constantemente su enfoque en torno a una vía marítima crucial para la comercialización de petróleo y gas a nivel mundial. Crece la urgencia para Trump a medida que el alza de los precios del crudo sacude los mercados globales y aprieta a los consumidores estadounidenses a meses de unas decisivas elecciones legislativas.

Trump y la diplomacia

Trump buscó una solución diplomática el fin de semana pasado cuando hizo un llamado a la creación de una nueva coalición internacional para enviar buques de guerra al estrecho.

Los aliados lo rechazaron. Trump entonces dijo que Estados Unidos podría arreglárselas por su cuenta. El viernes insinuó que otras naciones tendrían que hacerse cargo mientras Estados Unidos contempla una salida. Horas después indicó que la vía marítima de algún modo “se abriría sola”.

“No puedes simplemente dar la media vuelta después de que, de cierta manera, creaste este evento, y esperar que otras personas lo resuelvan”, dijo el senador republicano Thom Tillis en el programa “This Week” de ABC.

El Departamento del Tesoro hizo el viernes su más reciente intento por controlar el alza en los precios de la gasolina, retirando sanciones sobre parte del petróleo iraní por primera vez en décadas. Eso alivió parte de la presión que Washington ha usado tradicionalmente contra Teherán.

El objetivo era inyectar al mercado millones de barriles adicionales de petróleo. No está claro, sin embargo, cuánto ayudaría eso a bajar los precios de la gasolina o cómo podría evitar el gobierno que Irán se beneficie de la reanudación de las ventas.

Washington levantó previamente de forma temporal las sanciones sobre parte del petróleo ruso.

Ultimátum a Irán

El ultimátum de Trump conlleva una amenaza de agresividad notable. Sus mensajes previos se han centrado en su mayoría en el éxito de Estados Unidos en sus ataques contra la fuerza aérea, la marina y la producción de misiles de Irán. Esta vez, el objetivo de sus amenazas es la infraestructura energética que suministra electricidad a hospitales, hogares y más.

Su publicación en redes sociales no tenía la apariencia de un mensaje que hubiera pasado por el cuidadoso escrutinio legal necesario para justificar un ataque contra infraestructura civil, dijo Geoffrey Corn, profesor de derecho militar en la Universidad Texas Tech y teniente coronel retirado del Ejército que se desempeñó como abogado militar.

“Sin duda tiene la sensación de ‘preparen, apunten, fuego’”, dijo Corn sobre la cambiante estrategia de Trump.

“Sobreestimó su capacidad para controlar los eventos una vez que desató este torrente de violencia”, puntualizó.

Ese tipo de ataque generalizado probablemente sería un crimen de guerra, explicó Corn. Para los mandos militares, podría ponerlos en una encrucijada entre obedecer una orden para cometer un crimen de guerra o negarse y enfrentar una sanción penal por desobediencia deliberada, señaló.

Las leyes que rigen la guerra no prohíben explícitamente los ataques a centrales eléctricas, pero la táctica es únicamente permitida si un análisis arroja como conclusión que las ventajas militares superan el daño civil, según especialistas en derecho. Se considera un umbral difícil de superar porque las reglas de guerra, en su esencia, están diseñadas para separar objetivos civiles de los militares.

La Casa Blanca ya ha enfrentado una intensa reacción después de que se culpó a Estados Unidos de un ataque con misiles contra una escuela primaria iraní en el que más de 165 personas perdieron la vida.

Los asesores de Trump justifican el más reciente intento

Trump dio pocos detalles sobre qué centrales podrían ser blancos de ataques y de qué manera. Le dio a Irán hasta el lunes para reabrir el estrecho o, de lo contrario, Estados Unidos atacará “varias centrales eléctricas, ¡empezando por la más grande!.

El equipo de Trump salió en su defensa el domingo, ofreciendo justificaciones para atacar la red energética de Irán.

Mike Waltz, embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, afirmó que la Guardia Revolucionaria de Irán controla gran parte de la infraestructura del país y la utiliza para impulsar su maquinaria de guerra. Señaló que los posibles objetivos incluyen “centrales termoeléctricas alimentadas por gas y otros tipos de instalaciones”.

Waltz afirmó a Fox News que quería adelantarse a los “lamentos” de la comunidad global, al calificar a la Guardia Revolucionaria como una organización terrorista. “El presidente no está jugando”, afirmó.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien se ha alineado estrechamente con Trump, intentó calmar las tensiones. Dijo que entendía la ira de Trump y subrayó que más de 20 países “se están uniendo para implementar su visión” de facilitar la navegación por el estrecho lo antes posible.

El embajador de Israel en Washington, Yechiel Leiter, recomendó no llevar a cabo un ataque a gran escala como el que amenazó Trump. “Queremos dejar todo intacto en el país, para que las personas que vengan después de este régimen puedan reconstruir y reconstituir”, declaró al programa “State of the Union” de CNN.

La amenaza de Trump podría resultar contraproducente: si se lleva a cabo, líderes iraníes dijeron que cerrarían por completo el estrecho y tomarían represalias contra infraestructura de Estados Unidos e Israel.

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La periodista de The Associated Press Seung Min Kim en Washington contribuyó con este despacho.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

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