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Se descubrió un microbio caníbal “supergigante” que caza y devora miembros de su propia especie

Los hallazgos podrían cambiar nuestra comprensión del desarrollo microbiano

La vida secreta de las nubes: billones de microbios flotan sobre nosotros
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Los científicos documentaron por primera vez un microbio que transforma drásticamente su tamaño, forma y comportamiento en un caníbal “supergigante” que caza y devora a miembros de su propia especie.

Los hallazgos demuestran la capacidad de los organismos unicelulares para exhibir comportamientos complejos y podrían transformar nuestra comprensión del desarrollo en este tipo de formas de vida.

Hasta ahora, el campo de la biología del desarrollo se centró principalmente en el estudio de los animales multicelulares y su comportamiento a lo largo de los años.

Pero una nueva especie de protozoo llamada Euplotes gigatrox parece exhibir un comportamiento complejo nunca antes visto en formas de vida unicelulares.

Los investigadores identificaron por primera vez la especie en el interior de un sistema de filtración de agua de mar en la isla caribeña de Curazao.

Descubrieron que los clones de estos microbios que viven juntos pueden desarrollarse espontáneamente en supergigantes de más del doble de la longitud de las células normales, con una forma corporal más ancha y una boca más grande.

Cuando existen normalmente como células individuales, se alimentan por filtración de bacterias.

Sin embargo, una vez que se transforman en supergigantes, se convierten en depredadores voraces que arrollan a sus parientes clonales para capturarlos y devorarlos enteros a un ritmo de aproximadamente una presa cada 10 minutos, según revela el estudio, publicado en la revista PNAS.

“Se trata de una sola célula que realiza algo que solemos asociar con el desarrollo de los animales”, afirmó el biólogo Ben Larson, de Rensselaer Polytechnic Institute (RPI).

“Amplía nuestra comprensión de lo que son capaces los organismos unicelulares y nos proporciona un nuevo sistema para plantear preguntas sobre cómo las células controlan su forma y función”, dijo el Dr. Larson, coautor del estudio publicado en PNAS.

Célula de ‘Euplotes gigatrox’, captada mediante microscopía electrónica de barrido (SEM)
Célula de ‘Euplotes gigatrox’, captada mediante microscopía electrónica de barrido (SEM) (Rensselaer Polytechnic Institute)

El cambio de comportamiento no se limita únicamente a la alimentación.

Como célula individual, este protozoo se desplaza por las superficies y nada con elegancia siguiendo trayectorias helicoidales en el líquido.

Sin embargo, en su forma supergigante, se mueven en trayectorias circulares adecuadas para cazar presas que se arrastran por la superficie y, según descubrieron los científicos, caen torpemente en lugar de nadar cuando son desplazados de una superficie.

“La formación de supergigantes supone una disyuntiva. Estas células se convierten en mejores cazadoras, pero peores nadadoras, lo que hace que su nicho trófico pase de alimentarse de bacterias a explotar un tipo de presa completamente diferente”, afirmó el Dr. Larson.

En el estudio, los científicos secuenciaron el genoma y las proteínas del protozoo cuando existen como células normales, supergigantes y como células que recientemente habían revertido del estado supergigante.

Descubrieron que los supergigantes constituyen una etapa de desarrollo distinta, con diferencias generalizadas en la actividad genética, incluida la producción de proteínas y la organización de la membrana.

Las células que revierten su estado supergigante también parecen portar un conjunto distinto de moléculas que parecen suprimir temporalmente la transformación de nuevo al estado gigante.

Además, los supergigantes nunca parecieron representar más del 5 % de la población.

“La mayor parte de lo que sabemos sobre el desarrollo proviene de los animales”, dijo el Dr. Larson.

“Ahora contamos con un sistema que nos permite estudiar esas mismas cuestiones fundamentales, a medida que procesos de desarrollo análogos se desarrollan en un organismo unicelular en una rama completamente diferente del árbol de la vida”, dijo el biólogo.

Traducción de Olivia Gorsin

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