A 240.000 kilómetros de casa, Artemis II vuelve a la Tierra tras un viaje “surrealista y profundo”

Cada vez más cerca de la Tierra, los astronautas de la misión Artemis II ordenaron su vehículo lunar para su próximo regreso “en bola de fuego” y reflexionaron sobre su histórico viaje alrededor de la Luna, describiéndolo como surrealista y profundo.
Al amanecer del jueves, el penúltimo día de su vuelo, los primeros exploradores lunares de la humanidad en más de medio siglo estaban a menos de 240.000 kilómetros (150.000 millas) de casa, con el odómetro en cuenta regresiva.
“Tenemos que volver. Hay muchos datos que ya han visto, pero todo lo bueno viene de regreso con nosotros. Hay muchas más fotos, muchas más historias”, dijo el piloto Victor Glover, y añadió que “atravesar la atmósfera en una bola de fuego también es algo profundo”.
Estar incomunicados de toda la humanidad durante casi una hora mientras estaban detrás de la luna fue especialmente “surrealista”, según el comandante Reid Wiseman.
“Hay mucho que nuestros cerebros tienen que procesar... y es un verdadero regalo”, comentó Wiseman el miércoles por la noche, durante la primera conferencia de prensa de la tripulación desde antes del despegue.
El lunes, mientras estuvieron sin contacto detrás de la Luna, Wiseman, Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen se convirtieron en los seres humanos más distantes de la historia, al alcanzar un récord de 406.771 kilómetros (252.756 millas) de la Tierra antes de emprender el regreso. Al salir de detrás de la Luna, vivieron un maravilloso eclipse solar total, ya que el astro bloqueó el Sol desde su perspectiva.
El lanzamiento desde Florida el 1 de abril redujo la cantidad de iluminación en la cara oculta de la luna, señaló Glover, pero el eclipse fue el premio de consolación “y fue uno de los mayores regalos”.
El reingreso del viernes y el amerizaje en el Pacífico frente a la costa de San Diego —procesos tan dinámicos y peligrosos como el despegue— ocupaban ahora la mente de todos. El buque de recuperación, el USS John P. Murtha, ya estaba en el mar, con un escuadrón de aviones y helicópteros militares listos para sumarse a la operación.
Es la primera vez que la NASA y el Departamento de Defensa se asocian para el reingreso de una tripulación lunar desde el Apolo 17 en 1972. Su cápsula Orion regresará a toda velocidad, al entrar en la atmósfera a una velocidad prevista de 10.657 metros (34.965 pies) por segundo —o 38.367 km/h (23.840 mph)—, no un récord, pero aun así vertiginosamente rápida.
El Control de Misión prestará mucha atención a cómo resiste el escudo térmico de la cápsula. Durante el único vuelo de prueba de Orion a la Luna, realizado en 2022 sin tripulación, dicho escudo sufrió bastante más daño del esperado por los 2.760 grados Celsius (5.000 grados Fahrenheit) del reingreso.
En lugar de reemplazar el escudo térmico de Artemis II, lo que habría obligado a otro largo retraso, la NASA ajustó el descenso de la cápsula a través de la atmósfera para reducir la exposición al calor extremo. La misión Artemis III del próximo año y las posteriores volarán con escudos térmicos rediseñados.
Artemis III hará que los astronautas practiquen el acoplamiento de su cápsula con uno o dos módulos de alunizaje en órbita alrededor de la Tierra. Artemis IV en 2028 intentará alunizar a dos astronautas cerca del polo sur de la Luna, preparando el terreno para lo que la NASA espera que sea una base lunar sostenible.
Los funcionarios de la NASA se han mostrado reacios a proporcionar sus cifras de evaluación de riesgos para la misión de casi 10 días, al reconocer que el lanzamiento y la entrada son las mayores amenazas.
“Ya estamos en la recta final”, dijo Lakiesha Hawkins, de la NASA. “Estamos llegando al final de la misión y, obviamente, traer a la tripulación de vuelta a casa y lograr que aterrice de manera segura es una parte importante del riesgo que aún tenemos por delante”.
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El Departamento de Salud y Ciencia de The Associated Press recibe apoyo del Departamento de Educación Científica del Instituto Médico Howard Hughes y de la Fundación Robert Wood Johnson. La AP es la única responsable de todo el contenido.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.






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