En las cenizas de Lirquén: cómo un pueblo se reconstruye ante los mortales incendios de Chile
El espeso humo que encubre la ciudad denuncia que las llamas siguen cerca. Los devastadores incendios que azotan el centro y el sur de Chile no dan tregua: ya han devorado más de 40.000 hectáreas y dejado un saldo de al menos 20 muertos, unos 300 heridos, decenas de miles de evacuados y un rastro incalculable de destrucción.
Algunas localidades, como el pequeño pueblo pesquero de Lirquén, apenas empiezan a contabilizar los impactos, mientras otras, a pocos kilómetros de distancia, han visto impotentes cómo los fuegos avanzan y desafían a autoridades, residentes y brigadistas.
“Esto era un infierno”, resume a The Associated Press Pamela Crisostomo, quien logró escapar del incendio solo con la ropa del cuerpo y vio toda una vida de trabajo destruida en pocos segundos.
Zona cero de la tragedia, Lirquén vio un 80% de su terreno ser tragado por el fuego y fue el más impactado, contabilizando 17 de las 20 víctimas fatales registradas hasta el momento.
En los secos cerros que la rodean, pequeños focos siguen activos, aunque las llamas están controladas. Con unos 20.000 habitantes, la localidad ahora comienza a reconstruirse, aupada por la solidaridad de un pueblo que ha vivido algunas de las peores catástrofes mundiales.
“Viene la etapa más difícil... cómo vamos a empezar a reconstruir nuestras casas”, agregó Crisostomo, quien preside además la Asociación de Vecinos de un barrio de Lirquén.
Gracias a las donaciones provenientes de todo Chile, así como equipos las labores de ONGs y otras entidades, la vida vuelve a pulsar lentamente en las polvorientas calles de Lirquén.
VOLUNTARIOS EN ACCIÓN
Centenares de voluntarios se han desplazado para ayudar, ya sea cocinando, distribuyendo alimentos y agua o auxiliando en la retirada de escombros bajo las extenuantes temperaturas.
“Siempre se organiza la gente para traer comida cuando hay catástrofes”, dijo Manuel Vázquez Romero, quien se desplazó desde la capital Santiago para ayudar en la remoción de los escombros. “Por último, de todo lo malo, comerse un platito con algo rico”.
“A pesar de todo las dificultades que tú puedes ver, se organiza la gente, se ayuda... uno puede ir a la calle y ayudar al al vecino que ni siquiera lo conoce y esa es la idea”, agregó Miska Bastias, otra de las afectadas por los fuegos.
Al recorrer las calles destruidas de Lirquén y cruzar sus semáforos apagados, poco a poco en el trayecto van surgiendo carpas, unidades médicas improvisadas o vehículos que se han convertido en verdaderas cocinas.
“Hoy día nuestro menú es arroz con croquetas de pescado. Aquí nosotros estamos preparando todo lo que es caliente, arroz, pescado y luego esto se va a distribuir”, contó la voluntaria Paulina Bermúdez, de la organización humanitaria global ADRA, que prepara cerca de 300 raciones diarias.
Otras organizaciones igualmente han respondido a la emergencia chilena y enviado equipos de diversos países.
“Ya estamos entregando más de 6.000 comidas diarias y vamos a aumentar hasta donde sea necesario”, explicó a la AP Juan Camilo Jiménez, director de respuesta de la ONG World Central Kitchen que, además, colabora con los restaurantes y sectores locales a fin de impulsar también la economía de los sitios afectados. “Los chilenos tienen una energía y una resiliencia increíble”.
Es precisamente la resiliencia que impulsa la reconstrucción, sostienen los lugareños, al denunciar la lentitud del poder público en ofrecer apoyo.
“No hemos tenido mucha presencia del municipio acá”, sostuvo Crisostomo. “Solamente han llegado seis colchones y seis fresadas”.
En la zona cero de la catástrofe, hay voluntarios, como el enfermero Mauricio Morales, que ofrecen servicios básicos de salud para tratar a los que resultan heridos en los trabajos de remoción de materiales o que aún se recuperan del trauma vivido hace tan solo tres días.
“Solo hoy hemos atendido cerca de 30 personas ya con lesiones cortantes, lesiones oculares y también descompensaciones”, relató.
Otros han montado unidades móviles de atención veterinaria para ofrecer asistencia a las mascotas y animales heridos por los fuegos.
Mientras tanto, las condiciones más favorables del terreno han permitido a la policía desplegar operativos en búsqueda de más víctimas que potencialmente quedaron atrapadas bajo los escombros. Entre el martes y miércoles ha encontrado “restos óseos” en diferentes partes de Lirquén, aunque todavía no se sabe si son restos humanos.
EL SUR SIGUE QUEMANDO
Aunque en ciertas localidades los incendios están más controlados, las llamas siguen ardiendo y devorando con rapidez gran parte del centro y sur de Chile.
Según las últimas cifras actualizadas, una veintena de incendios de gran magnitud permanecen activos y ya han arrasado con más de 45.000 hectáreas, una de las peores tragedias de la historia reciente del país.
Muchos de ellos han sido reactivados debido a las condiciones climáticas que combinan fuertes vientos y altas temperaturas, dificultando el trabajo de brigadistas y amenazando decenas de pueblos como Lirquén.
En Florida, situada a unos 50 minutos de Lirquén, las llamas del mortal incendio Trinitarias han obligado nuevas evacuaciones a lo largo del día. No tardó para que largas colas se formaran en las carreteras, mientras que un estricto control policial restringía el acceso a las zonas más afectadas.
Los brigadistas alertan de que la situación podría arrastrarse durante varios días.
Desde el domingo más 750 viviendas han sido completamente destruidas y medio centenar de personas permanecían alojadas en albergues, entre ellas la estudiante María Paz.
“Yo y mi familia pudimos escapar entre las llamas, se quemó nuestro vehículo”, aseguró a la AP. “Lo perdimos todo”.






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