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Con la vida en cuenta regresiva, una activista busca legalizar la eutanasia en México

Samara Martínez le ha escrito varias cartas a la enfermedad que le aplasta el cuerpo. “Querida maldita”, le dijo una vez. “Te odio porque me has quitado muchas cosas, pero también te amo porque has sido mi mejor maestra”.

A sus 31 años Martínez es una de las principales voces a favor de la legalización de la eutanasia en México. El tema ya había sido discutido por algunos activistas, políticos y académicos, pero su caso ha reavivado el debate. Ahora incluso hay un puñado de congresistas que promueve cambios legislativos.

Martínez mostró los primeros signos de enfermedad renal a los 17 años. Desde entonces ha pasado por quimioterapia, dos trasplantes de riñón, hemodiálisis y hospitalizaciones. Y aunque el tiempo podría variar, se estima que su expectativa de vida ronda los cinco años.

Ni el desgaste físico ni las pérdidas personales han roto su espíritu. Martínez ha dicho a su medio millón de seguidores en redes sociales que su experiencia la ha llenado de resiliencia y propósito. Frecuentemente se encuentra con políticos, participa en conversatorios y mantiene su trabajo como académica universitaria en Chihuahua, donde vive, en el norte de México.

“Yo jamás hubiera pensado hacer esta lucha si no me hubiera tocado pasar por todo lo que ya me he pasado. Y entonces le encuentro propósito”, dijo.

El panorama legal

Aunque la Constitución de México no menciona la eutanasia de manera explícita, la Ley General de Salud la define como “homicidio por piedad” y la prohíbe junto con el suicidio asistido.

De acuerdo con la legislación federal, asistir o inducir a alguien a tomar su propia vida se castiga con uno a cinco años de prisión. Si una persona causa la muerte directamente, la pena puede incrementarse hasta a 12 años.

Colombia es el único país latinoamericano donde la eutanasia es legal y está regulada. Ecuador la despenalizó en 2024 para un caso particular y en 2025 Uruguay aprobó una legislación que está a la espera de ser implementada.

La iniciativa impulsada por Martínez se conoce como “Ley Trasciende”, un nombre que habla del legado que espera dejar tras de sí. Su propuesta fue presentada en 2025 por legisladores de diferentes bloques políticos incluyendo Morena, el partido de la presidenta Claudia Sheinbaum.

El documento propone eliminar la prohibición explícita y redefinir la eutanasia como un procedimiento médico, legal y voluntario. La plantea como un derecho vinculado a la dignidad y la autonomía, al sostener que la vida no debe entenderse como una obligación de prolongar el sufrimiento.

De aprobarse, la propuesta permitiría que personas mayores de edad puedan solicitar el procedimiento. Contempla objeción de conciencia para los trabajadores de la salud, pero también requiere que las instituciones de salud pública los reemplacen en un plazo determinado.

Una de las legisladoras que respalda a Martínez es Patricia Mercado, una defensora de larga trayectoria de los derechos laborales, reproductivos y de las mujeres.

“La aparición de Samara —su lucha, su autenticidad— hace que la posibilidad de poder legislar se acerque”, dijo Mercado. “Un testimonio habla más que mil datos”.

Otra versión de sí misma

Martínez vuelve a sus cartas con frecuencia. Dice que escribir es catártico, pero leer cómo su yo del pasado confrontaba su dolor le permite descubrir una fuerza que no sabía que tenía.

“Hoy leo cosas que escribí hace cuatro años y digo ‘qué equivocada estaba’”, dijo Martínez. “Pero es lindo ver cómo hay avance, cómo hay más sabiduría”.

Recuerda una en particular. La escribió en 2021 cuando tenía 25 años. Su doctor le había dicho que sus riñones ya no podrían funcionar por sí mismos y eso le dejaba dos opciones: un trasplante o depender de tratamientos que reemplazan la función de los riñones para eliminar desechos y líquidos del cuerpo.

En aquel entonces Martínez sintió que la segunda alternativa era impensable. “Pensaba que jamás podría vivir conectada a una máquina”, dijo. Pero actualmente se somete a diálisis diariamente, lo que implica que se conecta por horas a un aparato del tamaño de una impresora y que debe acompañarla adonde quiera que viaje.

“Una enfermedad así no es para cualquiera y es difícil abrazar el dolor,” dijo Martínez. “Es difícil quererlo y transformarlo y puedes dejar de vivir para sólo existir, pero yo no quiero eso”.

La Samara del pasado

Hubo un tiempo en que Martínez amaba los deportes, disfrutaba el fútbol y cuidaba su alimentación creyendo que llevaba una vida saludable.

Conoció a su esposo en 2013 en la universidad, donde inició su camino como periodista. La pareja se casó cinco años después a pesar de las advertencias de Martínez.

“¿Estás seguro de que quieres hacer esto?”, le preguntó tras una serie de diagnósticos preocupantes. Él respondió que no habría poder humano que la apartara de su lado.

Para cuando su matrimonio se derrumbó en 2024 Martínez había perdido más que amor. En más de una década de enfermedad la despidieron de su trabajo en una editorial tras notificarle a su jefe que recibiría un trasplante y tendría que ausentarse. El incremento en las deudas la llevó a vender su casa y a que sus padres pidieran préstamos. Muchos amigos se esfumaron.

Vómitos, aumento de peso ocasionado por los medicamentos empleados en su tratamiento y hospitalizaciones constantes se volvieron parte de su rutina. Martínez evita a toda costa presentarse como víctima, pero dice que en ciertos momentos la duda y la ira se han vuelto inevitables.

“Me considero agnóstica pero hay momentos que volteas al cielo y cuestionas a Dios ‘¿por qué a mí?’” dijo. “Ahora practico el estoicismo y he aprendido a vivir todos mis días con gratitud”.

Un debate más allá de la ley

Entre quienes se oponen a su activismo hay quienes inundan a Martínez de mensajes agresivos. “Me han dicho que si Dios quiere que sufra, que sufra”, recordó.

El rechazo a la eutanasia se mantiene fuerte en el sector conservador y religioso de México. Poco después de la presentación pública de la iniciativa de Martínez, la iglesia Católica se hizo eco del llamado del papa León XIV a mantener la santidad de la vida.

Rodrigo Iván Cortés, presidente de Frente Nacional por la Familia en México, dijo que su organización considera que la vida debe protegerse desde el vientre materno hasta la vejez. “Para nosotros la cuestión de la vida importa en todas sus etapas,” dijo.

Entre los pocos líderes religiosos que respaldan la postura de Martínez está el sacerdote Héctor Reyes, quien ha colaborado con la organización Por el Derecho a Morir con Dignidad. El grupo ha defendido la eutanasia y la importancia de los cuidados paliativos por casi dos décadas.

“La trascendencia tiene mucho que ver con el Dios en el que yo creo”, dijo Reyes, quien agregó que nadie debería quedarse atrapado en la idea de un Dios justiciero y vengativo. “La trascendencia está en la esperanza de que la vida no se acaba con la muerte física”.

Una despedida marcada por la elección

Martínez ha dicho que jamás se dará por vencida, pero para cuando su cuerpo ya no resista sueña con despedirse junto al mar.

No es cobardía lo que la impulsa, ha dicho muchas veces, sino la creencia de que elegir cómo morir será la decisión más valiente de su vida.

Sus padres sufrieron el día que les dijo que pasaría el resto de sus días peleando por la eutanasia. “Yo sé que algo se quebró en sus corazones porque eso implicaba comenzar a vivir un duelo en vida”, dijo. “Pero cuando mi papá me preguntó por qué yo tenía que luchar por esto le dije que si yo no lo hacía, no lo haría nadie más”.

Martínez dice que es consciente de que quizá no vivirá para ver el desenlace de su lucha, pero impulsar un cambio habrá valido la pena.

Cuando el final esté cerca sueña con un atardecer lejos de una cama de hospital. Con una reunión para celebrar la vida rodeada de familia y amigos.

“Mi vida merece eso”, dijo. “Tiempo para despedirme de manera buena, para reír y llorar y para irme en paz”.

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La cobertura religiosa de The Associated Press recibe apoyo a través de una colaboración con The Conversation US, con fondos del Lilly Endowment Inc. La AP es la única responsable de todo el contenido.

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