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Boinas verdes mexicanos: un día de entrenamiento de la unidad élite que abatió a “El Mencho”

Hasta el abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación no era mucho lo que se sabía de la unidad de élite del ejército mexicano que ejecutó la operación. Pero su exitosa misión ha puesto al cuerpo de fuerzas especiales, integrado por unos 2.000 efectivos, en el centro de la atención de un país acosado por la violencia narco.

A pocas semanas de la operación en la que fue capturado y muerto Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, The Associated Press tuvo acceso a una de las agrupaciones de los “murciélagos” —como son llamados popularmente— durante un exigente entrenamiento a más de 4.000 metros de altitud y con temperaturas bajo cero en el Parque Nacional Iztaccíhuatl Popocatépetl del Estado de México, a unos 100 kilómetros al sureste de la capital mexicana.

“El Mencho”, de 59 años, fue abatido el 22 de febrero en una operación de las fuerzas especiales que lograron ubicarlo en un exclusivo condominio de la localidad de Tapalpa, al sur del estado de Jalisco, gracias a información de inteligencia estadounidense.

Con esa operación los militares y el gobierno de Claudia Sheinbaum se anotaron una victoria en el combate a las organizaciones criminales en medio de las recurrentes críticas de Washington a las políticas de México para enfrentar a los cárteles.

Entre 2018 y 2024 se estima que al menos 300 efectivos del ejército y la Armada murieron en enfrentamientos con integrantes del crimen organizado. En la operación de captura de “El Mencho” fallecieron tres militares y posteriormente otros 25 guardias nacionales durante los ataques que se desataron en Jalisco por la muerte del capo.

Entrenamiento en las alturas

Cuando el sol comenzaba a despuntar entre las escarpadas montañas del Iztaccíhuatl Popocatépetl, en un improvisado campamento militar decenas de uniformados caminaban de un lado a otro organizando los sacos de dormir, las tiendas, el agua y los alimentos que llevarían dentro de sus mochilas de hasta 25 kilos.

Para evitar que la carga resulte en lesiones para las rodillas y la espalda, especialmente cuando se escalan montañas cubiertas de nieve, uno de los instructores de la unidad —que habló en condición de anonimato y cubriendo su rostro por seguridad—, explicó que el entrenamiento físico incluye caminatas progresivas que se inician con 12 kilómetros al día y se van incrementando hasta más de 30 kilómetros diarios.

Sin guardar mucho protocolo los soldados y oficiales se formaron en una fila con sus platos de aluminio para recibir raciones de frijoles, cerdo y tortillas y una taza café instantáneo.

Mientras los militares comían, uno ellos mantenía permanentemente en alto un banderín de la agrupación y el cráneo de una cabra. Según explicó el instructor, el asta debe permanecer siempre en alto porque simbolizaba la moral de la unidad mientras el banderín representa “la mística y el espíritu de cuerpo”.

El secreto, su seguro de vida

A diferencia de otros militares que suelen llevar sus insignias, rango y apellido a la vista, para esta unidad de boinas verdes la norma es mantenerse en secreto. Desde que ingresan a “los murciélagos” la secrecía se convierte en su razón de vida y garantía de seguridad para ellos y para sus familiares. Por ello asumen como identificación un nombre secreto —que ellos mismos eligen— y un número que los acompaña durante todo el tiempo que permanecen en la agrupación.

Otra de las insignias que siempre va con ellos es un escudo, que se remonta a los orígenes de la unidad en los años noventa, que incluye unas alas de murciélago sobre un mapa de México y que dio origen a su apodo.

“Para nosotros el entorno perfecto para las operaciones son las noches”, dijo el instructor.

Entre lo sagrado y las armas

Antes de comenzar la caminata hacia la cima del volcán inactivo Iztaccíhuatl —la tercera montaña más alta de México con una altura de unos 5.200 metros sobre el nivel del mar— la agrupación se aglomeró en un nicho de rocas de un lugar conocido como “La joya” para rendir tributo a “La mujer Dormida”, como se le llama también a la montaña.

“Señora Iztaccíhuatl, gracias por aceptarnos. Gracias por lo bondadosa que ha sido. Espero pronto regreso”, proclamó uno de los sargentos en una suerte de oración que replicaron en un potente coro sus 48 compañeros y cuyo eco se esparció entre las cumbres.

Cuando se retiraban del lugar uno de los uniformados se acercó hasta el nicho y colocó una piedra en la que estaban escritos los nombres de los 35 oficiales que participarían en la escalada, el dibujo de su escudo, la frase “Todo por México” y el número de la unidad del Curso de Oficiales de Fuerzas Especiales.

Un ritual similar realizó otro soldado que colocó en el nicho una pequeña tabla que tenía tallada la oración “las boinas verdes aman a Dios porque Dios ama a las boinas verdes”.

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