Más que mantenerse en forma: el sorprendente papel del ejercicio contra el cáncer
Tan solo 150 minutos de ejercicio a la semana pueden ayudar a reducir los efectos de la quimioterapia en el cerebro y mejorar la calidad de vida de los pacientes

Cada vez más estudios indican que mantenerse en buena forma física puede reducir el riesgo de cáncer e incluso ayudar a prevenir su reaparición.
Un estudio publicado el año pasado reveló que los pacientes con cáncer de colon que participaron en un programa de ejercicio durante tres años tenían menos probabilidades de sufrir una recaída y presentaban una mayor tasa de supervivencia. Una posible explicación es que la actividad física aumenta la acción de las células inmunitarias que combaten el cáncer.
“Si tuviéramos un medicamento que ofreciera este nivel de beneficio, se convertiría de inmediato en el tratamiento estándar y las aseguradoras cubrirían su costo”, declaró el martes al New York Times el Dr. Christopher Booth, oncólogo y profesor de la Universidad Queen’s en Kingston, Ontario.
Además, el ejercicio puede reducir la inflamación y los niveles de insulina, dos factores relacionados con algunos tipos de cáncer, según el Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas.
Aunque todavía se necesitan más investigaciones para comprender con precisión qué ocurre en el organismo cuando los pacientes con cáncer hacen ejercicio, los expertos señalan que el conjunto de la evidencia respalda los beneficios de la actividad física para quienes atraviesan la enfermedad.

“La ciencia demuestra que hacer ejercicio durante el tratamiento contra el cáncer ayuda a aliviar la fatiga, la ansiedad y la depresión, además de mejorar la calidad de vida y la capacidad física”, explicó Karen Basen-Engquist, directora del Centro para el Equilibrio Energético en la Prevención y Supervivencia del Cáncer de MD Anderson.
Pero ¿cuánto ejercicio se necesita para obtener estos beneficios? La mayoría de las recomendaciones aconsejan que los pacientes con cáncer de todas las edades realicen unos 30 minutos de actividad física al día, combinando ejercicios aeróbicos y de resistencia, una pauta similar a la indicada para quienes no padecen la enfermedad. Además, no es necesario que la actividad sea de alta intensidad.
De hecho, un estudio con más de 1.700 pacientes con cáncer colorrectal reveló que una actividad tan sencilla como caminar puede mejorar la calidad de vida y reducir la fatiga.
El ejercicio de bajo impacto también puede aportar beneficios. Según la Facultad de Medicina de la Universidad de Rochester, practicar yoga puede ayudar a dormir mejor, reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo.

El ejercicio también puede ayudar a combatir la llamada “niebla mental” asociada a la quimioterapia, ya que favorece el flujo sanguíneo, reduce la inflamación y produce cambios en el cerebro relacionados con el aprendizaje y la memoria.
Un estudio de 2021 con pacientes con cáncer de mama reveló que realizar hasta 150 minutos de actividad física a la semana antes de recibir quimioterapia podía ayudar a prevenir el deterioro cognitivo asociado al tratamiento.
En las pacientes con cáncer de mama, la actividad física también puede reducir el riesgo de linfedema, una acumulación de líquido que provoca hinchazón, así como otras complicaciones relacionadas con el tratamiento, según la Clínica Mayo.
“Existen muchos programas de entrenamiento que han demostrado aportar una amplia variedad de beneficios a las pacientes con cáncer de mama”, afirmó en febrero la Dra. Andrea L. Cheville, especialista en medicina física y rehabilitación de la Clínica Mayo.
Estos hallazgos cobran especial relevancia ante la incidencia de la enfermedad: según la Sociedad Americana contra el Cáncer, se prevé que más de dos millones de personas sean diagnosticadas con cáncer este año en Estados Unidos.
Traducción de Leticia Zampedri






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