En campamento de desplazados en Congo, combaten el ébola con arena y avena, sin agua
En un campamento para 10.000 desplazados en Bunia, una ciudad en el epicentro del brote de ébola en el este de República Democrática del Congo, hay un único punto de lavado de manos y un termómetro infrarrojo para combatir la epidemia.
Los responsables del complejo dicen que aconsejan a los residentes que se laven las manos antes de comer —con jabón, para los afortunados que lo tienen. Para el resto, el consejo es usar avena o arena.
“Mi miedo es que estamos aquí sin nada para protegernos. No tenemos protección, ni agua ni jabón, y vivimos cerca de la basura”, dijo Francine Leve Janguzi, residente del llamado campamento ISP, a The Associated Press mientras abría un grifo vacío en un mar de techos de lonas.
Se envían suministros a toda prisa a la provincia de Ituri mientras los grupos de ayuda y el personal sanitario intentan frenar un brote de la enfermedad infecciosa declarado emergencia sanitaria mundial.
Pero quienes trabajan en primera línea temen que la enfermedad pueda propagarse a los grandes campos de desplazados ubicados cerca de Bunia, donde miles de personas están hacinadas en un espacio limitado, sin acceso a la higiene básica.
“Años de conflicto y desplazamiento en el este de República Democrática del Congo han doblegado a los sistemas de salud, y eso hace que contener este brote sea aún más difícil”, apuntó Heather Kerr, directora para Congo del Comité Internacional de Rescate.
Casi un millón de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares debido al conflicto en Ituri, de acuerdo con Naciones Unidas.
Eso significa que este brote de ébola se está “desarrollando en comunidades que ya enfrentan inseguridad, desplazamiento y sistemas de salud frágiles”, señaló Gabriela Arenas, coordinadora regional de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja.
La mayoría de los residentes del campamento ISP —que debe su nombre a su proximidad al Instituto Superior Pedagógico, o Institut Superieur Pedagogique en francés— se vieron forzados a dejar sus aldeas en el territorio de Djugu tras ataques de CODECO, uno de los múltiples grupos armados que operan en la región.
“Llevo aquí ocho años y medio. Ahora estamos oyendo hablar del ébola", contó Janguzi, residente del campamento. "Miren el estado del lugar donde dormimos. No tenemos ninguna ayuda. No tenemos jabón ni agua, y aun así nos dicen que nos lavemos las manos con regularidad y que estemos limpios”.
No hay vacuna ni tratamiento para el raro tipo de ébola Bundibugyo, que se ha estado propagando sin ser detectado durante semanas en el este del país. Las pruebas estándar tienen dificultades para detectar este virus.
Hasta el martes se registraron más de 1.000 casos sospechosos y al menos 220 muertes, incluyendo siete casos confirmados en Uganda. Pero la Organización Mundial de la Salud y los grupos de ayuda sobre el terreno sostienen que el alcance del brote es mucho mayor.
El ébola es muy contagioso y puede contraerse a través de fluidos corporales como el vómito, la sangre o el semen. La enfermedad que provoca es rara, pero grave y a menudo mortal. Los síntomas incluyen fiebre, dolor de cabeza, dolor muscular, debilidad, diarrea, vómitos, dolor de estómago y sangrado o moretones inexplicables.
El este del Congo ha registrado durante años ataques de decenas de grupos rebeldes e insurgentes distintos, algunos de ellos con vínculos con países extranjeros o con el grupo extremista Estado Islámico.
Los rebeldes del M23, respaldados por Ruanda, controlan parte de la región. Aunque el gobierno congoleño todavía controla en gran medida la provincia nororiental de Ituri, el epicentro del brote, ese control es precario. Las Fuerzas Democráticas Aliadas, un grupo islamista ugandés vinculado a EI, es una de las milicias dominantes en la zona y es responsable de ataques violentos contra objetivos civiles.
Antes del brote, Médicos Sin Fronteras indicó en un reporte que la inseguridad en Ituri había empeorado recientemente, lo que provocó la huida de médicos y enfermeras y dejó a los centros de salud desbordados y, en algunas zonas, en “condiciones catastróficas”.
Gérard Maki, un líder comunitario del campamento, contó a la AP que la enfermedad es muy aterradora. “He aprendido que no hay cura, por eso me asusta. ... Nuestro gobierno también debería hacer todo lo posible para encontrar una solución a esta enfermedad”.
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Pronczuk informó desde Dakar, Senegal. El periodista de The Associated Press Jean-Yves Kamale en Kinshasa contribuyó a este despacho.
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Para más información sobre África y desarrollo: https://apnews.com/hub/africa-pulse
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.






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