Palestinas en la diáspora encuentran conexión, identidad y resiliencia en el bordado tradicional
Décadas después, Samar Kabouli aún recuerda con cariño cómo se reunía con las mujeres de su familia y bebía café aromatizado con cardamomo mientras bordaban patrones tradicionales palestinos con hilos de colores.
Nacida en Líbano en una familia de refugiados palestinos, Kabouli nunca había visto la tierra natal de sus padres. Pero los hilos de su aguja hacían algo más que trazar diseños bonitos, estaban cosiendo una conexión con su herencia.
La técnica se conoce como “tatreez”, y Kabouli, de 48 años, empezó a practicar esta forma tradicional de bordado palestino en la adolescencia para ganar dinero. Además de ser un salvavidas económico, el tatreez le ha brindado un puente hacia la tierra de la que sus padres huyeron durante el desplazamiento masivo de 1948 que los palestinos conocen como su Nakba, o catástrofe.
Cientos de miles de palestinos fueron expulsados o huyeron de sus hogares en lo que hoy es Israel durante la guerra de 1948 en torno a la creación de Israel. Israel se negó a permitir su regreso.
El trabajo de Kabouli le permite enviar un mensaje de resiliencia, de supervivencia.
“Seguimos aquí”, afirmó Kabouli. “Todo lo que ha estado pasando en Gaza… y seguimos en pie y no olvidaremos la causa”.
Desde campamentos de refugiados hasta círculos de costura, y desde salas de museos hasta clases en línea, muchas personas en las comunidades de la diáspora palestina en todo el mundo sienten el tatreez como algo mucho más que una estética decorativa.
En él encuentran una celebración del patrimonio cultural, un puente hacia su tierra natal y hacia comunidades dispersas y —con su miríada de símbolos bordados— un lenguaje visual para contar historias. Para muchos, sean refugiados o no, se ha convertido en un símbolo de identidad y orgullo palestinos, un vehículo para documentar la historia y una forma de resistencia.
Con la guerra entre Israel y Hamás en Gaza, algunas personas también lo han utilizado para recaudar fondos para la gente allí o han bordado diseños para centrar la atención en el sufrimiento palestino en el enclave.
“Tuvimos a mucha gente que vino y decía: ‘Vale, queremos hacer una camiseta con un diseño de Gaza en el pecho o queremos hacer una bufanda con el motivo de Gaza’”, comentó Ali Jaafar, director general de la Asociación Inaash, donde trabaja Kabouli. La organización libanesa proporciona a mujeres palestinas en campamentos de refugiados en Líbano ingresos muy necesarios mediante el tatreez, al tiempo que busca ayudar a preservar y promover la herencia. Vende moda bordada, decoración para el hogar y piezas de arte, y exhibe esta forma artística en exposiciones y museos.
Proteger la herencia y "luchar a través de la cultura"
Los esfuerzos por preservar y crear conciencia sobre el tatreez en comunidades palestinas dentro y fuera del país forman parte de un impulso más amplio para salvaguardar una herencia y los vínculos con una historia y un lugar que muchos temen que corran el riesgo de ser borrados.
Maha Saca, fundadora y directora del Centro del Patrimonio Palestino en Belén, en Cisjordania, ocupada por Israel, manifestó que “el tatreez palestino es una identidad y un documento de nuestra presencia en cada aldea y ciudad palestinas”, y añadió que los thobes, vestido tradicionales bordados, muestran la presencia de palestinos en lugares específicos antes de la dispersión de muchos.
“La mujer palestina ha escrito la historia de su aldea a través de motivos de su entorno y de sus creencias”, exolicó Saca. “Estamos luchando a través de la cultura y diciendo que tenemos raíces”.
La forma artística del bordado palestino fue añadida en 2021 a la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.
En Nueva York, Lina Barkawi, cuya pequeña empresa enseña tatreez, señaló que “la lucha constante por la liberación y por tener una identidad palestina reconocida globalmente es en realidad lo que ha estado impulsando gran parte de esta documentación”.
Una práctica generacional y una ventana a la historia
En árabe, tatreez se refiere al bordado en general, así como a la forma palestina específica, que a menudo es una práctica social enseñada por abuelas y madres de generación en generación. Algunas personas buscan formación formal.
Los tradicionales thobes bordados, adornados con motivos que las mujeres palestinas históricamente adoptaban de su entorno, pueden ofrecer pistas, a través de patrones cosidos, diseño y color, sobre facetas de la historia personal de una mujer, su ambiente y su identidad regional, indicó Saca.
En el contexto palestino, esas conexiones con el tiempo y el lugar, incluidas zonas que ahora están en Israel, adquieren una importancia adicional como testimonio de lo que fue, dijo. “¿Cómo podemos tener un thobe de Jaffa si no hubiéramos estado en Jaffa?”, planteó. “Escribimos historia en nuestros thobes”.
También hay un elemento de continuidad. El thobe de boda bordado de su abuela lleva las señas distintivas de los vestidos de Belén, contó Saca. El vestido de bautizo de su propia nieta incluyó bordados copiados de ese vestido.
El tatreez también puede ser político, tanto por la preservación como por la creación.
“El simple hecho de poder tener algunos de los vestidos de antes de 1948 es un acto político”, sostuvo Barkawi.
También está la confección del llamado “thobe de la intifada”, que incluía símbolos políticos y palestinos bordados, como la bandera. Está vinculado a la “primera intifada”, o levantamiento, que estalló en 1987 contra la ocupación de Israel y fue respondido con una dura reacción israelí.
Bordar, llorar y documentar
Tras la guerra en Gaza, desencadenada por el ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, la diseñadora de moda Hama Hinnawi expresó su dolor mediante trabajos de tatreez. El tatreez suele ser colorido, dijo. Pero ese no era un momento para el color.
¿El resultado? Bordado negro sobre tela negra, una declaración de duelo por las muertes, la destrucción y el desplazamiento en Gaza. También ha experimentado con convertir algunas escenas icónicas de la guerra en nuevos motivos de bordado.
“Tenemos una gran responsabilidad sobre nuestros hombros para contar esta historia, para que no quede enterrada para las próximas generaciones… a través del tatreez, a través del arte, a través de hablar”, expresó Hinnawi.
Nacida en Jordania de padres palestinos, Hinnawi quería crear conciencia sobre la herencia a través de su marca de moda, uniendo el tatreez con la moda contemporánea.
Para ella, el tatreez simplemente significa hogar. Es “identidad, orgullo, narración”, dijo Hinnawi, que viaja con frecuencia entre Chicago y Jordania.
Ha brindado oportunidades de trabajo de bordado a mujeres palestinas en campamentos de refugiados en Jordania y ha hablado en Estados Unidos sobre el tatreez. Antes de la guerra, también trabajó con mujeres en Gaza.
Barkawi dirige una comunidad en línea de bordadoras palestinas y no palestinas, algunas de las cuales han creado diseños que se venden para recaudar fondos para familias de Gaza. Uno incorpora un motivo de “agua y semillas” con un mensaje bordado que dice “Alimenten a Gaza ahora”.
Integrantes en distintos países recrearon un tapiz que una vez colgó en una casa de Gaza bombardeada; cada una bordó una parte y la envió por correo a la siguiente.
Nacida en Estados Unidos de padre palestino y madre panameña, Barkawi dijo que aprender sobre el tatreez profundizó su identidad palestina.
Nuevos vestidos con historias tejidas
Bordar su primer thobe le tomó dos años. Barkawi incorporó motivos con significados personales, como palmeras que aluden a su nombre en árabe. Añadió orquídeas, la flor nacional de Panamá, por su mamá.
Técnicamente imperfecto, fue el vestido perfecto para su ceremonia de matrimonio islámico.
“Incorporé mi historia como palestina en la diáspora en este vestido”, dijo Barkawi.
En Líbano, Kabouli también soñó alguna vez con tener una pieza de tatreez para su ajuar de boda. No podía permitírselo.
Después de que sus padres murieron, una hermana mayor recurrió al tatreez con Inaash para ayudar a mantener a la numerosa familia. Kabouli aprendió de ella.
Ahora, como supervisora de producción en Inaash en Beirut, Kabouli ve una versión más joven de sí misma en las mujeres que trabajan en campamentos de refugiados en Líbano, muchas en el sur, que fue duramente golpeado por la más reciente guerra entre Israel y Hezbollah. Las puntadas vivaces del tatreez a menudo contrasta con las duras condiciones de vida en los campamentos, en medio de restricciones de empleo y otras limitaciones que enfrentan los refugiados. Afectadas por los cortes de electricidad, mujeres ansiosas por terminar una pieza y cobrar pueden trabajar en azoteas para aprovechar el último rayo de sol, dijo Jaafar.
Además de ofrecer ingresos, Kabouli comentó que hacer tatreez puede ser algo que centra, casi meditativo.
Tiene otro anhelo: ver la tierra natal de sus padres. Ellos provenían de una zona de lo que ahora es Israel.
Por ahora, el tatreez le brinda esperanza.
“No siento que esté lejos. Sigo trabajando en el patrimonio palestino, siguiendo la causa”, dijo Kabouli. “Me conecta con mi tierra natal, especialmente porque estamos privados de ella”.
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La cobertura de religión de The Associated Press recibe apoyo a través de la colaboración de AP con The Conversation US, con financiación de Lilly Endowment Inc. AP es la única responsable de este contenido.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.



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