‘Stranger Things’ ha perdido de vista lo que la hizo especial
La exitosa serie de ciencia ficción de Netflix regresa con un nuevo spin-off, ‘Stranger Things: Relatos del 85’. Nadie parece capaz de frenar la expansión de las franquicias modernas, escribe Louis Chilton, pero ¿con qué fin?
¿Qué ocurrió entre la segunda y la tercera temporada de Stranger Things? Si hablamos de misterios, no se trata precisamente de los años perdidos de Jesús ni de los dieciocho minutos y medio que faltan de las grabaciones de Richard Nixon. Muchos espectadores podrían pensar, con razón, que ese salto de medio año en la cronología de la serie fue apenas un relleno, un puente sin demasiado peso entre dos momentos clave. Sin embargo, Netflix busca responder a esa duda con su nueva serie animada derivada, Stranger Things: Relatos del 85.
Ambientada en ese vacío narrativo entre el final de la temporada de 2017 y el inicio de la de 2019, la serie propone una versión más ágil y ligera del universo creado por Matt Duffer y Ross Duffer. Regresan los personajes principales, aunque con nuevas voces: en lugar de Millie Bobby Brown y Finn Wolfhard, participan Brooklyn Davey Norstedt y Luca Diaz; en lugar de David Harbour, está Brett Gipson. A su vez, se suman voces conocidas para nuevos personajes, como Odessa A'Zion, quien interpreta a una chica punk, y Janeane Garofalo, que da voz a su madre.
La serie, la primera de varias derivadas en desarrollo, forma parte de un intento más amplio por expandir la franquicia más allá de sus nueve años y cinco temporadas. Así, Relatos del 85 se integra a un universo que ya incluye novelas, videojuegos y el espectáculo del West End Stranger Things: The First Shadow, en cartel desde 2023.
En el fondo, ese parece ser el destino de una franquicia moderna: estar en todas partes. Algo así como un Starbucks en cada esquina. No es un caso aislado; un paralelo claro es Game of Thrones, que terminó en 2019 y ya generó varias series derivadas, con más en camino. En comparación, Relatos del 85 no es un desastre: el guion es irregular, aunque los diálogos nunca fueron el fuerte de la serie original; la animación fluctúa, pero el diseño de personajes funciona y los detalles tienen calidad. El problema, en todo caso, es otro: cuesta encontrar una razón clara para que esta serie exista.

Hasta cierto punto, Stranger Things: Relatos del 85 deja ver que los creadores de la serie interpretaron mal qué la hacía tan atractiva. La lectura más común apunta a la nostalgia como su mayor valor. Ambientada en los años 80, la serie se apoyó con fuerza en ese clima: tomó elementos de las novelas de Stephen King, del cine de John Carpenter y de los primeros trabajos de Steven Spielberg, además de la estética synth de la época. En esa línea, sumó figuras como Robert Englund —conocido por Freddy Krueger— y Linda Hamilton —la icónica Sarah Connor—. La nostalgia parecía ser el eje.
Sin embargo, con el paso de las temporadas quedó claro que había algo más. En gran medida, la serie funcionaba por el carisma de su elenco. En la primera temporada, el peso recayó en actores consolidados como Winona Ryder, entonces en pleno regreso, y David Harbour, que alcanzó gran popularidad gracias a la serie. Luego, las temporadas siguientes impulsaron a nuevas figuras como Sadie Sink, Joe Keery y Maya Hawke, que conectaron rápido con el público.
En ese contexto, al dejar de lado al elenco principal, Relatos del 85 pierde uno de los pilares de su atractivo. La mitología de la serie sigue ahí, pero nunca fue lo que realmente hacía que la gente volviera.
La insistencia de Netflix en volver una y otra vez al universo de Stranger Things también corre el riesgo de debilitar su propio poder nostálgico. Quizás la clave de la nostalgia sea, justamente, la ausencia: el deseo por algo que ya no está. Hoy, en cambio, la serie ofrece algo que no solo sigue existiendo, sino que permanece muy presente. Ya no remite tanto a John Carpenter o Steven Spielberg, sino a sí misma, a un recuerdo todavía cercano.
En esa línea, el showrunner Eric Robles explicó que la “estrella guía” de Relatos del 85 fue The Real Ghostbusters, la serie animada derivada de la película de 1984 protagonizada por Bill Murray y Dan Aykroyd. En su momento, ese tipo de proyectos era común: en los años 80 y 90, películas como Beetlejuice y Back to the Future también tuvieron versiones animadas para televisión.

Puede que esas series fueran tan cínicas en su planteamiento como Relatos del 85, pero su ejecución iba por otro lado. Jugaban con la mitología de sus universos y tenían un aire más desprolijo, casi improvisado. En cambio, esta nueva serie animada de Stranger Things es más pulida y directa. Y ahí está el problema.
Relatos del 85 se parece a la serie original, se siente como ella y encaja sin fricción en su cronología para no alterar el canon. Sin embargo, eso solo deja en evidencia lo que falta: la gente. Las particularidades del elenco original, ese grupo de personajes que el público llegó a querer. Dicho de forma simple, la esencia de Stranger Things estaba en esos vínculos. Si la franquicia sigue adelante, tendrá que asumir que esos elementos ya no están.
Stranger Things: Relatos del 85 ya está disponible en Netflix.
Traducción de Leticia Zampedri







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