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Reseña de ‘El experimento de la cárcel de Stanford’: menos tortura psicológica y más reality show

La decisión de Netflix de recrear el polémico experimento de 1971 sobre las relaciones de poder provocó una ola de indignación, pero el resultado terminó siendo mucho más conmovedor de lo esperado

El experimento de la cárcel de Stanford: Un nuevo enfoque
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El experimento de la cárcel de Stanford es uno de los más polémicos de la historia de la psicología. En 1971, el profesor universitario Philip Zimbardo reclutó a 24 voluntarios y les asignó al azar los roles de guardias y prisioneros. Después, encerró a la mitad de los participantes en un pasillo del sótano del Departamento de Psicología de la Universidad de Stanford.

Aunque estaba previsto que durara dos semanas, el experimento se suspendió después de solo seis días, cuando quedó claro que los guardias estaban dispuestos a someter a los prisioneros a abusos psicológicos. El caso provocó una fuerte polémica y llevó a las universidades estadounidenses a endurecer las normas éticas para proteger a quienes participan en investigaciones de situaciones de estrés excesivo. Sin embargo, si al leer esta historia pensaste: “¡Oye, esto daría para una buena serie de televisión!”, ¡felicidades! Quizás tengas futuro como ejecutivo de Netflix.

Cuando Netflix anunció que recrearía el controvertido experimento en un reality show, la noticia desató una ola de indignación. Sin embargo, la miniserie de seis episodios, titulada El experimento de la cárcel de Stanford: un nuevo enfoque, resultó bastante menos perturbadora de lo que muchos esperaban. En una época dominada por los desafíos extremos al estilo de MrBeast y los programas de supervivencia en los que los participantes deben arreglárselas desnudos, una recreación de la vida en prisión ya no tiene el mismo poder para escandalizar al público.

Participantes de la serie de Netflix ‘El experimento de la cárcel de Stanford: un nuevo enfoque’ participan en un simulacro de disturbios
Participantes de la serie de Netflix ‘El experimento de la cárcel de Stanford: un nuevo enfoque’ participan en un simulacro de disturbios (Netflix)

Los productores también tomaron numerosas precauciones para proteger el bienestar de los participantes y evitar que el experimento derivara en situaciones de abuso psicológico. Todos pueden abandonar el programa en cualquier momento con solo pronunciar una palabra clave: “Piña”. Varios recurren a esta opción a lo largo de la serie, lo que, si bien representa un avance desde el punto de vista ético, también permite frenar los conflictos antes de que la tensión llegue demasiado lejos.

El resultado es un reality show bastante convencional, algo así como Gran Hermano, pero con esposas, o Love Island, aunque con menos bronceados artificiales y más uniformes amarillos. La psicóloga conductual Alison Wood Brooks, profesora de la Escuela de Negocios de Harvard, supervisa el experimento, pero la serie aporta pocos conocimientos científicos. Desde el principio, se plantea una pregunta central: ¿el poder corrompe? Lamento decepcionar a los productores, pero la humanidad lleva miles de años poniendo a prueba esa teoría en la vida real, y los resultados parecen bastante claros.

Sin embargo, eso no significa que El experimento de la cárcel de Stanford: un nuevo enfoque no resulte entretenido. Los 30 participantes permanecen encerrados en una cárcel real de un condado de Georgia que todavía está en funcionamiento, lo que le da mayor realismo a la experiencia. Desde su llegada, los nuevos reclusos escuchan gritos provenientes de otra sección del establecimiento, un detalle que ayuda a crear el ambiente. Cuando uno pregunta si los sonidos forman parte del espectáculo, otro participante, que ya estuvo en prisión, le responde: “Así es siempre la cárcel, amigo. Van a ser dos semanas muy largas”.

La serie de Netflix ‘El experimento de la cárcel de Stanford: un nuevo enfoque’ se filmó en una cárcel real del condado de Georgia, que todavía está en funcionamiento
La serie de Netflix ‘El experimento de la cárcel de Stanford: un nuevo enfoque’ se filmó en una cárcel real del condado de Georgia, que todavía está en funcionamiento (Netflix)

Como ocurre en cualquier reality show, lo que vemos depende en gran medida de la edición. Aunque los 30 participantes aparecen en algún momento, solo unos pocos tienen verdadero protagonismo y muchos ni siquiera llegan a ser identificados por su nombre. Para mantener el interés, los productores intervienen a medida que avanza el experimento: cambian los roles y alteran las jerarquías a su antojo. El resultado tiene poco rigor científico, pero funciona como un espectáculo entretenido.

Buena parte de lo que revela la serie tampoco sorprenderá a los espectadores. Aunque las personas suelen defender su libertad, muchas prefieren la seguridad y el orden cuando se sienten presionadas. Los propios reclusos contribuyen a controlar a sus compañeros tanto como los guardias, mientras que algunos de los oficiales que parecen más amables son los primeros en recurrir a castigos severos cuando alguien desafía su autoridad.

Entre los prisioneros también surgen grupos con actitudes distintas. Algunos ponen a prueba los límites, mientras que otros prefieren seguir las reglas para evitar problemas. Estas divisiones parecen responder, en gran medida, a cuestiones raciales, algo que Anthony Terry, uno de los participantes, explica desde su propia experiencia.

“Como hombre negro en Estados Unidos, aprendí que, si te niegas a obedecer o desafías a la autoridad, puedes terminar siendo víctima de un tiroteo ‘accidental’. No digo que eso vaya a pasarme aquí, pero así es como reacciono ante estos guardias… No quiero tener problemas con ellos”.

Sin embargo, justo cuando parece que El experimento de la cárcel de Stanford: un nuevo enfoque no tiene nada nuevo que aportar, la historia da un giro inesperado. A medida que se acerca el final y el caos amenaza con desatarse, ocurre algo mucho más conmovedor de lo previsto. Quizás todavía haya esperanza para la humanidad, ya sea entre los guardias, los reclusos o incluso los ejecutivos de Netflix.

Traducción de Leticia Zampedri

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