‘El final de la Calle Oak’: Anne Hathaway sorprende con una película de dinosaurios mejor que ‘Jurassic World’
Con homenajes a clásicos como ‘Jurassic Park’ y ‘E.T., el extraterrestre’, la superproducción de David Robert Mitchell se convierte en una de esas raras propuestas que apelan a la nostalgia y dan en el blanco
La nostalgia por la cultura popular no tiene por qué sentirse como un cadáver al que intentan devolverle la vida a la fuerza. El final de la Calle Oak de David Robert Mitchell, lo demuestra con una dosis de caos prehistórico que remite al cine de Steven Spielberg. Es tremendamente entretenida y sabe cuándo entregarse al disparate, pero sin abandonar del todo ese aire de desencanto juvenil que caracterizó los trabajos anteriores y más adultos del director, en especial Está detrás de ti (2014), su inquietante retrato de terror y decadencia suburbana.
El resultado no solo supera a las películas de Jurassic World, sino que se siente mucho más espontáneo que la interminable sucesión de homenajes a los años ochenta impulsados por figuras como Shawn Levy, de Stranger Things. La película también prolonga el gran momento de Anne Hathaway en 2026, un año en el que apareció en Mother Mary, El diablo viste a la moda 2 y La Odisea. Aquí se entrega con tal intensidad que uno casi espera que los propios dinosaurios huyan de ella.
La premisa de Mitchell parte de una idea sencilla y disparatada. En 1982, un vecindario suburbano de Estados Unidos termina transportado, mediante una improbable explicación pseudocientífica, a la era prehistórica. Entre sus habitantes están Denise (Hathaway), su esposo Greg (Ewan McGregor), sus hijos Audrey (Maisy Stella) y Brian (Christian Convery), y Starbuck, el perro de la familia.
El matrimonio está al borde del divorcio: Greg esconde una botella de whisky en el garaje, mientras Denise escribe a escondidas una novela sobre una mujer que abandona a su familia para comenzar una nueva vida. Pero sus problemas conyugales pasan pronto a segundo plano cuando una manada de Coelophysis comienza a revolver la basura y a lanzar por los aires a los gatos del vecindario como si fueran frisbees.
El conflicto parte de una de las fórmulas más clásicas del cine estadounidense: la tranquilidad de los suburbios se rompe ante una amenaza inexplicable y, con ella, se desmorona la idea de una inocencia casi mítica. Mitchell, sin embargo, encuentra formas ingeniosas de renovar ese esquema y actualizar algunos de sus elementos más envejecidos.
Entre dinosaurios y destrucción, la película reserva espacio para momentos inesperados de sensibilidad. Hay adolescentes que lloran y buscan consuelo en la música pop —“Valerie”, de Steve Winwood, sigue funcionando incluso después de ver cómo unos pterosaurios despedazan a tu vecino— y una trama queer escrita con especial acierto.

El final de la Calle Oak funciona como un homenaje al cine asociado con Amblin, la productora de Steven Spielberg detrás de títulos como Jurassic Park, E.T., el extraterrestre y Poltergeist. Y no lo consigue solo mediante referencias visuales al pasado o gracias a la música de Michael Giacchino, diseñada para despertar una sensación casi constante de asombro. Su mayor acierto está en recuperar la imaginación y la libertad creativa de aquellas películas, algo que suele perderse cuando la nostalgia se limita a imitar.
Mitchell pasa con soltura de lo absurdo a lo sentimental y a una violencia que lleva al límite su clasificación para mayores de 12 años, sin descuidar la puesta en escena: incluso los momentos más expositivos cobran vida con elegantes planos de enfoque dividido, mientras el montaje de John Axelrad aporta ritmo y fluidez a las secuencias de acción.
La película tampoco teme abrazar el disparate: algunos personajes mueren de formas humillantes, los dinosaurios tienen sexo y hasta comen helado. En medio de todo ese caos, Hathaway dota de una inesperada carga emocional a un personaje que podría haberse quedado en el estereotipo de la ama de casa desencantada. Con una interpretación cargada de sinceridad, Denise adquiere nuevas dimensiones a medida que avanza la historia.

Mitchell también deja entrar algo más crudo y propio del presente, y no solo porque los dinosaurios aparezcan, de acuerdo con el conocimiento actual, cubiertos de plumas. El final de la Calle Oak es una película algo más sombría, acorde con tiempos también más oscuros. En una escena, por ejemplo, la cámara permanece unos segundos de más sobre el cuerpo de un vecino tendido boca abajo en la cocina, mientras unas huellas de dinosaurio de color rojo intenso conducen hacia la puerta trasera.
Ese tipo de decisiones evita que la película se convierta en un simple ejercicio de nostalgia. Incluso cuando muestra a un grupo de personas intentando escapar de un vehículo aplastado por un reptil extinto de más de 400 kilos, El final de la Calle Oak conserva una energía propia y consigue resultar fresca y emocionante, en lugar de sentirse como una versión recalentada de Jurassic Park.
El resultado es una de las mejores películas del verano. Y ni siquiera necesitó a Tom Holland y Zendaya para conseguirlo.
Dirección: David Robert Mitchell. Reparto: Anne Hathaway, Ewan McGregor, Maisy Stella y Christian Convery. Clasificación: 12A. Duración: 99 minutos.
Traducción de Leticia Zampedri





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