‘Man’s Best Friend’ de Sabrina Carpenter tiene canciones increíbles, pero muchas parecen un borrador
Hay algunos temas sensacionales en la continuación de 'Short n' Sweet' de la cantante, pero gran parte del álbum se siente poco trabajado

A Sabrina Carpenter, la comediante del pop moderno, con sus ganchos ligeros y sus frases repetitivas a lo Dolly Parton, no se le puede acusar de no saber quién es. Sí, su gran éxito de 2024, Short n' Sweet —el sexto álbum de su discografía, pero el primero que la catapultó a la estratósfera—, era una mezcla de R&B, country-pop y disco tan deudora de Abba como de Doja Cat. Pero la pluma de Carpenter sirvió como tejido conectivo: historias de chicos guapos con nada más que aire en la cabeza; hombres decepcionantes que son —para bien o para mal— muy buenos en la cama; el sexo como una diversión tonta.
Man's Best Friend, publicado casi exactamente un año después, no se aleja mucho de este enfoque. Las letras tienen los mismos remates de: “¿Tengo razón, chicas?”; las mismas palabrotas e improperios con aire inocente; y, en general, las mismas florituras de producción: patrones de sintetizador brillantes, tambor de caja suave, ritmos cálidos. Es lógico que, tras años en los escalones más bajos del estrellato pop, Carpenter aprovechara su nuevo éxito y siguiera publicando material nuevo. Pero cabe preguntarse si no se beneficiaría de desarrollar un poco más sus canciones. Hay puntos álgidos increíbles en este disco, pero demasiados temas parecen apenas un primer borrador.
Con Carpenter dando vueltas a muchos de los mismos tópicos en sus letras, la tasa de éxito de Man's Best Friend depende en gran medida de la producción de cada canción, la cual se atribuye a Carpenter, a John Ryan y al omnipresente Jack Antonoff (ambos compositores también trabajaron en Short n' Sweet). 'House Tour' es sensacional, un trozo de power-pop ochentero tan instantáneamente pegadizo que eres capaz de perdonarle que contenga algunas de las mayores chapuzas líricas del álbum (“I just want you to come inside/ But never enter through the back door”). Un cántico al final de la canción (“My house is on Pretty Girl Avenue/ My house was specially built for you”) tiene matices de Prince y Sheila E., e inevitablemente se convertirá en un gran momento para cantar en directo cuando Carpenter vuelva a salir de gira.
Por otra parte, 'Nobody's Son' suena un poco como 'Wonderful Christmastime' de Paul McCartney si fuera una despedida cachonda: una colección de sonidos francamente absurda que, sin embargo, funciona inmaculadamente. 'Don't Worry I'll Make You Worry' es un bonito y lúgubre giro hacia el shoegaze (junto con la celestial 'The Subway' de Chappell Roan, sugiere que el próximo gran sonido del pop es “cosas que suenan como The Cranberries”). También hay algo de felicidad, casi de Hall & Oates, en el blue-eyed soul de 'Sugar Talking', con Carpenter arrullando a un amante irrespetuoso (“A heart only breaks so many times/ Save your money and stop making me cry”). Es la canción que mejor ejemplifica un punto fuerte clave de Carpenter: tiene una manera encantadora de tomar frases que, sobre el papel, parecen difíciles de ejecutar, y convertirlas en bonitas melodías que bailan en el tímpano. En la cancioncita country pastiche 'My Man on Willpower', canta: “Yeah, OK, OK, he’s on his big journey to find”, y continúa: “A little zest of life, a new sense of purpose, but why?”.

Gran parte del resto del álbum, sin embargo, no termina de tomar forma. 'When Did You Get Hot?' —una celebración dolorosamente literal del glow-up masculino, con un gancho de bajo que recuerda a 'Pony' de Ginuwine, pero que se parece demasiado a la época de Thank U, Next de Ariana Grande. Asimismo, escuchar 'Go Go Juice', con sus interrupciones de violín y su estribillo performativo, es más una tarea que un placer. Los sencillos 'Manchild' y 'Tears', por su parte, son un poco demasiado parecidos a los mayores éxitos de Short n' Sweet, aunque rescatados por sus respectivos videos musicales: el primero es un montaje ridículamente recargado de piezas de acción y cambios de vestuario en el que Carpenter se pasea por varias aventuras; el segundo es una parodia de Rocky Horror llena de malvadas drag queens, postes de stripper en campos de maíz y Colman Domingo en mallas.
Carpenter es, ante todo, una esteta brillante: sus videos y las portadas de sus álbumes son igual de creativos. Y, sí, estoy incluyendo el arte de la portada de Man's Best Friend, que sin duda llama la atención, incluso si la imagen de Carpenter de rodillas ante un hombre sin rostro que le agarra el pelo promete un nivel de provocación sónica con el que el álbum en sí no podía cumplir. Aun así, es difícil negar que es una estrella del pop en la que merece la pena invertir.
Traducción de Sara Pignatiello