Christa Pike rompe su silencio tras la ejecución fallida: “Busco un sentido a lo que me sucedió”
“Y el dolor no es solo físico. Hay dolor en mi mente y en mi alma”, dijo Christa Pike en su declaración
Christa Pike, la reclusa condenada a muerte en Tennessee que sobrevivió a una ejecución fallida, rompió su silencio tras el intento fallido de describir el dolor físico y emocional que sintió en las semanas posteriores.
La mujer de 50 años, condenada por asesinato, recibió dos dosis de pentobarbital, el fármaco utilizado para la inyección letal, en la Institución de Máxima Seguridad de Riverbend el 30 de septiembre, antes de que las autoridades detuvieran la ejecución. Fue trasladada de urgencia al hospital y se está recuperando tras el intento, aunque su estado de salud futuro y si el Estado intentará ejecutarla de nuevo siguen siendo inciertos.
“Estoy buscando un sentido a lo que me sucedió”, dijo Pike en un extenso comunicado difundido el viernes a la estación de noticias WBIR de Knoxville.
También describió las consecuencias físicas y emocionales duraderas del procedimiento.
“Desde aquella noche, no hubo un solo momento en que no haya sentido dolor. Me duele el cuerpo. Me duelen los brazos. Me duelen las manos. Me duele la garganta. Todavía me cuesta hablar”, dijo Pike. “Y el dolor no es solo físico. Hay dolor en mi mente y en mi alma”.
Pike afirmó que había aceptado su muerte inminente antes de entrar en la cámara de ejecución y que no había contemplado la posibilidad de sobrevivir. Días después, despertó en un hospital, confundida y con dolor.
“No había pensado en la vida más allá de aquella noche, y me duele profundamente la incompetencia que puso a tantas personas en esta situación terrible”, dijo.
Aunque Pike afirma que se está recuperando y fortaleciendo, todavía lidia con dificultades emocionales.
“Pero sanar no es lo mismo que estar bien”, dijo.
Pike fue condenada a muerte en marzo de 1996 por el asesinato en 1995 de Colleen Slemmer, de 19 años, compañera de estudios en un centro Job Corps en Knoxville, Tennessee. Pike tenía 18 años cuando ella y su novio, Tadaryl Shipp, de 17 años, atrajeron a Slemmer a una zona boscosa, la torturaron y la asesinaron.
“Sigo pensando en la familia de mi víctima y en el terrible dolor y la pérdida que sufrieron”, escribió Pike en su declaración.
Shipp permanece tras las rejas. Se le negó la libertad condicional en octubre y no podrá optar a otra revisión hasta octubre de 2031. Lleva bajo custodia desde enero de 1995.
Pike se iba a convertir en la primera mujer ejecutada en Tennessee en más de 200 años. Sin embargo, la ejecución se detuvo al comprobar que Pike seguía con vida. Los testigos de los medios informaron haberla oído roncar tras la segunda dosis, mientras sus abogados solicitaban asistencia médica de emergencia. Finalmente, fue trasladada en ambulancia a un hospital.
La ejecución fallida suscitó interrogantes sobre los procedimientos de inyección letal en Tennessee y la atención médica que recibió Pike. Sus abogados afirman que el personal tuvo dificultades para insertar la vía intravenosa necesaria para administrar los fármacos, y uno de ellos asegura que le pincharon a Pike con unas diez agujas intentando encontrar una vena.
Pike estuvo hospitalizada durante varios días antes de ser dada de alta el 10 de octubre y regresó al Centro de Rehabilitación Debra K. Johnson en Nashville, donde había estado recluida antes del intento de ejecución. Continúa recibiendo atención médica en la enfermería de la prisión.
El viernes declaró que el aislamiento fue particularmente difícil, especialmente después de haber pasado 28 años en confinamiento solitario antes de la ejecución fallida.
“Gran parte de lo que estoy experimentando hoy es una repetición de esa situación”, dijo Pike, citando la falta de conexión humana como otra fuente de dolor.
A pesar de su situación, Pike afirmó que el apoyo recibido de personas de todo el mundo la ayudó a encontrar la fuerza necesaria. Agradeció a quienes le enviaron oraciones y mensajes, así como a los servicios de emergencia, al personal del hospital y a los abogados que la ayudaron.
“Saber que a tanta gente le importo, que me ven como un ser humano cuya vida importa, es algo que no puedo expresar completamente con palabras”, dijo.
El gobernador de Tennessee, Bill Lee, suspendió las ejecuciones programadas en el estado para lo que resta de 2026 tras el fallido intento de ejecución de Pike y ordenó una revisión del incidente. Los abogados de Pike también solicitaron que su sentencia de muerte sea conmutada por cadena perpetua.
Pike dijo que no sabe por qué sobrevivió ni qué sucederá después, pero está tratando de concentrarse en su recuperación.
“Algunos días, encontrar esperanza es más difícil que otros”, dijo. “Por ahora, estoy tratando de sanar, un día a la vez”.
Lea la declaración completa de Pike:
Hace un mes, el 30 de septiembre, entré en la cámara de ejecución de la prisión masculina de Riverbend preparada para morir. Había hecho las paces conmigo misma. Les había expresado mi gratitud a quienes me amaron, me apoyaron y estuvieron a mi lado durante todos estos años. También les dije a quienes estaban presentes en la sala y a quienes presenciaron mi ejecución que los dejaba con amor y compasión.
Varios días después, desperté sola en un hospital, confundida y con dolor. Desde aquella noche, no ha habido un solo momento en que no haya sentido dolor. Me duele el cuerpo. Me duelen los brazos. Me duelen las manos. Me duele la garganta. Todavía me cuesta hablar. Y el dolor no es solo físico. Hay dolor en mi mente y en mi alma.
No había pensado en la vida más allá de aquella noche, y me duele profundamente la incompetencia que puso a tantas personas en esta terrible situación. Sigo pensando en la familia de mi víctima y en el terrible dolor y la pérdida que sufrieron.
Me estoy recuperando y sé que me estoy fortaleciendo. Pero sanar no es lo mismo que estar bien.
Desde aquella noche, permanecí prácticamente aislada en la enfermería de la prisión, lejos de otras personas y de las relaciones humanas que tanto significan para mí. Ese aislamiento conlleva su propio tipo de dolor. Pasé 28 años en régimen de aislamiento y gran parte de lo que experimento hoy es una repetición de aquella situación.
Estoy buscando un sentido a lo que me sucedió. Algo que me dio fuerza es el extraordinario amor y apoyo que recibí de personas de todo el mundo. Me siento abrumada por la bondad y las oraciones de personas que conozco desde hace años y de completos desconocidos que nunca me vieron. Saber que tanta gente se preocupa por mí, que me ven como un ser humano cuya vida importa, es algo que no puedo expresar con palabras. Es conmovedor y me afectó profundamente.
También quiero agradecer a los socorristas, médicos, enfermeras y a todo el personal del hospital que me atendió. Me trataron con compasión, dignidad y respeto. Jamás olvidaré su amabilidad. Asimismo, quiero agradecer a mis abogados y a todos los que lucharon por mí, me apoyaron y nunca me abandonaron.
No sé cómo sobreviví a esa noche. No sé qué me depara el futuro. Algunos días, encontrar esperanza es más difícil que otros. Por ahora, intento sanar, un día a la vez. Y me aferro al amor y la bondad de tantas personas que me recordaron que no estoy sola.
Traducción de Olivia Gorsin


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